LA IZQUIERDA AL DIVÁN

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La figura de Hugo Chávez interpela a la izquierda. El trotskismo argentino exhibe marcados matices en sus diferentes vertientes y, en general, no se siente representado por el fallecido mandatario, como se observa en los textos aquí reproducidos. Para el Partido Comunista Argentino (PCA), en cambio, “en cada trabajador, campesino, mujer, joven e indígena, en todos los que luchamos por la segunda independencia, sigue estando el Comandante”. El PCA es coherente con la postura de su par venezolano y con el aval a Chávez de Raúl y Fidel Castro y de otros regímenes, como el chino. El dilema que representa el expresidente se agiganta en el arco del centroizquierda. Para los referentes de ese sector y populistas del kirchnerismo, no hay dudas. Muchos de ellos viven hoy el luto en Caracas, pero poco tienen que ver con otros referentes que, se supone, son oficialistas y gobiernan provincias o son candidateables. En el Frente que lidera Hermes Binnner y en el solanismo, las diferencias abismales sobre Chávez han quedado expuestas esta semana. Veamos algunas de las consideraciones vertidas por políticos y analistas de izquierda.

NO FUE UN REVOLUCIONARIO

Desde la LTS (Liga de los Trabajadores por el Socialismo) comprendemos y respetamos la tristeza de muchos trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, y del pueblo pobre, por la muerte de Chávez. Repudiamos todo festejo de la derecha local y del imperialismo. Sin embargo, (....) como socialistas revolucionarios no compartimos el balance que se hace desde el Gobierno nacional venezolano y simpatizantes del chavismo a nivel internacional, pues, como hemos sostenido en estos años, no fue Chávez expresión de un liderazgo revolucionario ni anticapitalista.

El dolor se explica porque, comparado con los partidos neoliberales del régimen del punto fijo, Chávez hizo una redistribución aunque muy limitada de la renta petrolera que creció bajo su Gobierno de manera exponencial, ya que el barril de petróleo pasó de 20 a más de 100 dólares. De esta manera dio ciertas concesiones al movimiento de masas, sobre todo a los sectores más pobres como en el campo de la salud y de la educación, teniendo en cuenta que la pobreza había alcanzado al 80% de la población a fines de los 90. En su etapa más de izquierda, luego de que la movilización popular derrotara al golpe de Estado de abril de 2002 llevado adelante por la derecha y el empresariado, con el aval de la embajada norteamericana y gobiernos conservadores como el de Aznar del Estado español, Chávez tomó algunas medidas como la reversión parcial de las privatizaciones de los 90 (recomprando algunas empresas a precios de mercado), o el rechazo al ALCA, la política de libre comercio impulsada por Estados Unidos, que le permitieron ganar un amplio apoyo.

Pero a pesar de ciertas concesiones al movimiento de masas y de sus roces con la Casa Blanca, sobre todo bajo la presidencia de Bush, Chávez no fue un revolucionario o un antiimperialista, muy lejos estuvo de eso. En realidad, su llegada al poder permitió una salida a la crisis de dominio de la burguesía tras el Caracazo de 1989.

(...) Para cumplir este papel, Chávez, basándose en las Fuerzas Armadas y apoyándose fundamentalmente en los pobres urbanos, construyó un régimen con rasgos de lo que los marxistas llamamos bonapartismo sui generis de izquierda en sus momentos más de izquierda, es decir, regímenes que otorgan ciertas concesiones al movimiento de masas para ganar su apoyo y maniobrar frente a la presión imperialista y el capital extranjero, sin llegar nunca a superar la dependencia y el atraso en los marcos de la propiedad privada capitalista.

A la vez, se generó una gran burocracia estatal que vive y hace sus negocios a partir de la administración de empresas clave que pertenecen a la nación como las petroleras, las industrias básicas, las de telecomunicaciones y de otras áreas económicas.

En el momento en que Chávez dejó el Gobierno, de cada 100 dólares que ingresaban al país por exportaciones, apenas 4 dólares no provenían del petróleo. Esto implica que ante la eventualidad de una caída abrupta de los precios internacionales del petróleo, los imperialistas intentarán cobrarse su deuda -a la que Chávez pagó puntualmente- con los activos o llevando al país a una crisis de cesación de pagos. Fue por eso que, dejando una economía en tales circunstancias, desde el punto de vista burgués, sólo les queda iniciar un camino de ajustes para hacer recaer sobre las masas trabajadoras y pobres el peso del endeudamiento estatal.

(Fragmento de un documento de la Liga de los Trabajadores por el Socialismo del Partido de los Trabajadores Socialistas.)



HIZO RETROCEDER A LOS SECTORES PARASITARIOS



El movimiento nacional -civil o militar- es una expresión del cepo que la dependencia del capital financiero internacional pone al desarrollo de las fuerzas productivas en los países de la periferia capitalista. Es la expresión de una lucha por defender la parte del ingreso nacional en los recursos que genera el conjunto de la economía mundial. El chavismo no se limitó a utilizar la renta petrolera de Venezuela para el desarrollo de programas sociales de gran alcance; antes de esto, chocó en forma abierta con el capital internacional y sus agentes internos para evitar la internacionalización de PDVSA, la empresa estatal de petróleo, a manos de las Bolsas extranjeras. Esta crisis fue la razón que impulsó el golpe militar que volteó a Chávez, en abril de 2002, y el sabotaje petrolero a finales de ese año. En esas fechas, el precio del barril de petróleo todavía se encontraba apenas por encima de los diez dólares, de modo que no es cierto que en la crisis jugara un papel determinante la captura de la renta minera extraordinaria que surgiría luego, debido al alza internacional de precios. La movilización popular que derrotó al golpe de abril y luego al sabotaje petrolero fueron los 17 de Octubre del chavismo, el cual ya se esbozó con el levantamiento de 1992. Una ironía: Hugo Chávez despidió a las masas que se habían movilizado para liberarlo del golpe fascistoide con una llamada a volver a casa.

(...) Otra cosa importante es que, incluso en el momento más recio del sabotaje petrolero, la banca internacional no interrumpió el financiamiento a Venezuela, ni Chávez dejó de pagar la deuda externa. Por eso, la nacionalización de algunos bancos -una medida fundamental para cualquier transformación social y para la industrialización- no se produciría hasta muy recientemente, cuando -irónicamente- el Banco Santander consiguió ser comprado por el Estado para hacer frente a la crisis bancaria internacional con el dinero de la jugosa indemnización. En los momentos más duros de sus enfrentamientos recíprocos, el capital financiero internacional tuvo muy claro que el chavismo no tenía interés en romper con las Bolsas, ni era -mucho menos- enemigo de la propiedad privada. Las nacionalizaciones generosamente indemnizadas pierden su contenido anticapitalista, donde el Estado canjea dinero fiscal por capital, y el capital se canjea en dinero privado.

La propaganda antichavista, en especial la del sionismo, imputa a Chávez intereses siniestros a su alianza con Irán. Se trata de otra cosa: el eje Venezuela-Irán es fundamental para contrarrestar la presión de Arabia Saudita y los emiratos del Golfo, instigados por las petroleras anglo-franco-yanquis para que la OPEP reduzca los precios del petróleo.

El chavismo proclama un socialismo de siglo XXI, pero es un socialismo de reparto parcial de la riqueza social, no de la transformación del capital en propiedad pública, ni del Estado en dirección colectiva de las masas (...). Chávez ha procedido a numerosas nacionalizaciones, las principales a cambio de indemnizaciones generosas para los grandes capitales: Verizon, la norteamericana de telecomunicaciones; Sidor, la siderúrgica de Techint, pagada con extrema generosidad; lo mismo las cementeras del mexicano Slim.

Al igual que las experiencias nacionalistas del pasado, la de Venezuela ha fracasado en el objetivo de asegurar un desarrollo nacional autónomo. Esto no es posible en el estadio de declinación del capitalismo mundial. Pero del mismo modo, Venezuela emerge de esta experiencia con un Estado más centralizado, con el retroceso relativo de los sectores más parasitarios del capital nacional y, por sobre todo, con una presencia más activa de las masas. Cualquier cambio de frente del proceso económico contará con estos factores como herramientas de trabajo.

(Fragmento de un artículo de Jorge Altamira, excandidato presidencial del Partido Obrero.)



LA SENDA DE SAN MARTÍN, MARTÍ, BOLÍVAR Y PERÓN

La revolución bolivariana representa la ilusión concreta de que es posible lograr cambios sustanciales y de carácter emancipatorio dentro de los marcos de la democracia; una democracia con protagonismo popular, profundamente participativa.

Esta vocación de transformación, protagonismo y liberación que empapó la conciencia del pueblo venezolano también se extendió por todo el continente latinoamericano y lo erigió como líder latinoamericano, como una representación activa de la voluntad de que otra Latinoamérica es posible.

Chávez fue un hombre de paz, que supo armar a los venezolanos para defender sus ideas pero no recurrió a la violencia política para defender la salud de los intereses populares. La señal más clara fue en abril de 2002, cuando el pueblo venezolano impidió un golpe de Estado de fuerte protagonismo mediático. Dijo Chávez en ese momento: Este pueblo que hizo posible la derrota de un golpe de los Estados Unidos, con una Constitución en la mano, es algo nunca visto, es amor por su patria, por su dignidad, por su voluntad y me acompañará para siempre, aquí en la tierra como en el cielo.

(...) Hay en él un antes y un después. No hay duda de que Hugo Chávez -y los millones que en él se expresan- han contribuido el desarrollo de un pensamiento latinoamericano independentista, que actualiza las históricas gestas patrióticas de San Martín, José Martí y Simón Bolívar. A muchísimos argentinos nos activa la memoria histórica y nos trae la inmensa figura histórica de Juan Perón, que también construyó un liderazgo continental latinoamericano. Para el propio Chávez, según sus propias palabras, Perón fue una referencia fundamental.

Hoy podemos decir que por nuestro continente circulan con mucha fuerza discursos que expresan ideas claramente comprometidas con el protagonismo popular y la emancipación nacional y social. Su acción, su liderazgo y su pensamiento pasan a formar parte del patrimonio político de los pueblos latinoamericanos en su larga lucha por la definitiva independencia. Chávez será eterno.

(Por Fernando Pino Solanas, Alcira Argumedo y Jorge Cardelli -maoísta-, diputados de Proyecto Sur.)



LOS MISMOS SUEÑOS QUE NÉSTOR KIRCHNER

Armo mi respuesta asociando con lo que me sucede en el momento. Cuando me llamaron estaba escribiendo sobre los 40 años de la elección que ganó Cámpora el 11 de marzo de 1973. Y, durante todo el día, tuve presente el comienzo del juicio contra los criminales del siniestro Plan Cóndor, aquel operativo conjunto de las dictaduras latinoamericanas de los 70.

Entonces respondo. Digo que hay muchos sueños en común entre aquella época y el presente. Pero, en aquel momento, las dictaduras estaban más sincronizadas entre sí que los movimientos populares. Un ejemplo de eso: en septiembre de 1973, mientras los trabajadores argentinos elegían por tercera vez a Perón, caía en Chile el Gobierno de los trabajadores. Las experiencias populares no estaban suficientemente acompasadas. Y nos pasó lo que nos pasó.

Hoy, más allá de las lógicas y saludables improntas de cada país, tenemos gobiernos con una enorme sensibilidad social en común, que proponen un rol protagónico del Estado, buscan soluciones económicas por fuera del FMI, y políticas por fuera de la OEA y los EE.UU. Y son plebiscitados por sus pueblos. Hoy nos sentimos más hermanados.

Si gana Correa ganamos nosotros, si expropia Evo nos alegramos nosotros. Por eso, por estar más unidos, no nos van a poder doblegar. A Hugo Chávez, como a los otros compañeros y compañeras presidentes, les debemos mucho en ese sentido. Si los argentinos hemos honrado una muerte inesperada y terrible como la de Néstor Kirchner, los venezolanos lo harán con Hugo Chávez, se repondrán y seguirán su camino.

(Por Carlos Raimundi, diputado de Nuevo Encuentro, bloque de Martín Sabbatella. Opinión publicada en el diario Tiempo Argentino.)

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