La reforma tributaria que se viene y la que merecemos

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En los últimos tiempos se castigó mas al que está dentro del sistema para poder recaudar lo que no aportan los que están fuera del mismo. Así se llegó a tener la presión fiscal más alta del mundo.

Según el último informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, dentro de 138 economías estudiadas, Argentina es el país con mayor presión tributaria del mundo.

La presión tributaria del país se ubica en el 32,10% del PBI. Mientras que, por ejemplo, el nivel promedio de América Latina se ubica en el 22,80%.

En otro orden de ideas, a nivel Nación, el 70% de los impuestos son de carácter regresivo (en términos simples: quienes menos tienen, proporcionalmente, más lo sufren). A nivel provincial (con el Impuesto sobre los Ingresos Brutos a la cabeza) es aún mucho peor: el 88% de los impuestos son regresivos.

Recapitulando: somos el país con mayor presión tributaria del mundo y tenemos uno de los sistemas tributarios más regresivos del mundo.

No es ninguna sorpresa: "Los impuestos nos están matando" (Mauricio Macri). Lo novedoso es que hayamos sobrevivido.

Para entender cómo sobrevivimos, tenemos que estudiar necesariamente el nivel de evasión fiscal que existe en el país. Según un informe publicado por la organización "Tax Justice Network", en 2016 la Argentina se ubica en el quinto puesto de evasión mundial, dentro de 102 países analizados.

"Nadie evade porque quiere", evaden para sobrevivir. Nunca mejor utilizada esta frase.

A la hora de encarar una reforma tributaria, debemos enfocarnos en un sistema que desincentive la evasión. Evadir no solo repercute en el dinero que el Estado deja de recaudar, sino que, también, la propia evasión genera efectos muy negativos para el mercado: los contribuyentes que están dentro del sistema, deben competir con los que están fuera del sistema.

Es así que, con el correr del tiempo, se genera la bola de nieve que nosotros mismos hemos fabricado: se castiga cada vez más a los que están dentro del sistema, para poder recaudar lo que no aportan los que están fuera del sistema. De esa forma, podemos entender por qué somos el país con mayor presión tributaria del mundo. De alguna manera, los gastos públicos se deben solventar.

El viceministro de Hacienda, Sebastián Galiani, le expresó a la "Comisión Bicameral para la Reforma Tributaria" que los lineamientos básicos de la misma serán "...ampliar la base imponible, implementando impuestos más eficientes y no distorsivos y combatiendo la evasión.".

Mucho se puede inferir de esa corta oración, a pesar de que el Gobierno mantenga tanto misterio sobre el proyecto final. Por ejemplo:

1. En el IVA (impuesto de mayor recaudación en nuestro país): (i) se eliminarán exenciones y desgravaciones, buscando ampliar la base imponible lo máximo posible; (ii) se eliminarán alícuotas diferenciales (10,5% y 27%); y (iii) se reducirá la alícuota general (21%).

Con este acotado conjunto de medidas se buscará: reducir la complejidad, reducir la propensión a la evasión (una alícuota tan elevada constituye naturalmente un incentivo a la evasión), mantener el nivel de recaudación sin desfinanciar al Estado y aumentar el nivel de neutralidad del impuesto.

Adicionalmente, creemos que el Gobierno debería: (i) generalizar el diferimiento del pago (actualmente solo aplicable a "Micros" y "Pequeñas" empresas); y (ii) eliminar los regímenes de retención y percepción existentes.

2. Impuesto al débito y crédito: versiones periodísticas hacen suponer que el Presidente anunciará su derogación antes de las elecciones (sin duda, aprovechando el momento político).

Sin embargo, a pesar de todas las críticas que le caben (altamente distorsivo, anti-exportador, pro-importador, "impuesto sobre impuesto", incentiva la evasión, etc.), debe tenerse en cuenta que se trata de un gravamen sumamente eficiente (en 2016 representó casi el 6% de la recaudación) y de bajísima complejidad (tanto para el contribuyente, como para la AFIP).

En virtud de lo cual, no necesariamente debería dejar de existir, sino que bien podría mejorarse (en términos de equidad y justicia tributaria), aumentando el porcentaje del pago a cuenta para todos los contribuyentes, permitiendo su cómputo contra otros impuestos (el IVA) y modificando la coparticipación (actualmente se coparticipa en un porcentaje sustancialmente menor al de otros impuestos).

La ley del "Blanqueo" (art. 77 de la ley 27.260) obliga al Gobierno a enviar un proyecto de reforma en el corto plazo. Esperamos una reforma integral y profunda del sistema. No solo más parches. Lo merecemos.

(*)Asociado de SCI Group

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