“La vida es un baile entre la belleza y el miedo”

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En su último disco, Paulinho Moska expone “la síntesis de la vida de todos”. Un retrato interior que también muestra la desesperanza de Brasil. El vínculo con Fito y Drexler.

"Antes que intentar destruirme, debes amarme", canta Paulinho Moska en "Bem na mira" (En la mira), quinta canción de "Beleza e medo", su último disco. Y en esa frase, la ecuación parece simple. "Por qué voy a querer lastimar a alguien si ni siquiera lo conozco. Si nos interesáramos por la formación de nuestro supuesto enemigo, podríamos tener un diálogo más honesto", dice el músico en diálogo con ESTILO A.

Próximo a presentarse en La Trastienda (miércoles 3/10), el artista referente de la música popular brasilera explica cómo el miedo terminó formando parte de un trabajo que sólo iba a desandar la belleza. "A diferencia de otros discos, acá entró la muerte. Pero no de manera física, sino de la idea de que el mundo está mejorando. Nos invade el miedo, la desesperanza y la incredulidad de que el mundo pueda mejorar". Y agrega que "no soy de escribir letras muy directas, soy muy metafórico. Pero estaba componiendo canciones de filosofía y amor cuando empezó este movimiento que se dio en Brasil a partir del impeachment contra Dilma y me sentí muy incómodo en no decir nada de lo que estaba pasando. Entonces, llamé a Carlos Rennó para lograr "Nenhum direito a menos" (Ningún derecho a menos) un tema humanista que abarque a todas las minorías y hablar de todas las mierdas que están pasando".

Periodista: ¿Y con qué se encontró?

Paulinho Moska:
Con que no se puede tener empatía si no se tiene autoestima y conocimiento de uno mismo. La empatía es la actividad comportamental más importante del mundo contemporáneo. Ponernos en el lugar del otro es nuestro mayor desafío. Las diferencias están en nuestra ventana por la velocidad de los cambios. Pero la belleza del mundo está en esa diferencia. La naturaleza nos ofrece una infinita variedad de colores y hay que saber aprovecharlos.

P.: ¿En qué momento se unen la belleza y el miedo?

P.M.:
La belleza y el miedo son una síntesis de la vida de todos que, a la vez, es un baile entre la belleza y el miedo. Cuando nacemos tenemos miedo de oscuridad y a los monstruos, pero también contemplamos la belleza de la madre, de la leche. Convivimos todos los días con miedo y belleza. Si no habría belleza, no habría miedo de perderla. Y al revés. Si no sintiésemos miedo, no podríamos producir belleza. Creo en esa retroalimentación. En la idea de que el miedo y la belleza son como hermanas siamesas. Interdependientes.

P.: ¿De qué manera lo potencia el miedo?

P.M.:
Cuando no nos derrumba por completo, el miedo nos pone atentos. Cuando logramos cambiar el miedo en energía, obtenemos una nueva belleza. Hay mucha filosofía que viene del miedo. Que nace de la tristeza y de la falta de esperanza. El miedo es una fuerza que debemos utilizar para construir un nuevo mundo.

P.: "Megahit" y "Pela milesima vez" son canciones que muestran el lado beatle de la vida y una cuota de humor que parece necesaria pese a que se trata de un disco con canciones de contenido.

P.M.: Es muy importante tener humor y un poco de ironía. Nunca fui un poeta militante, y tampoco me vi muy en serio. Empecé con una banda de humor hacíamos bromas en el escenario. Creo que todos mis discos tienen un momento de humor para poder relajarse y disfrutar. Cuando sonreís descansás de lo trágico de la vida.



P.: En 2015 editaste el disco "Hermanos" junto a Fito Páez quien siempre fue un gran difusor de la música popular brasileña. ¿Qué te provoca la música latinoamericana?

P.M.:
Fito es un ídolo latino que trascendió el rock. Es un excelente músico, productor, cantautor. Un artista que se inventó a sí mismo como personaje. Hacer un álbum con él fue un privilegio. Nos encontramos los dos en la mitad del camino. Es muy interesado en nuestra música, como Drexler, quien fue el músico que me introdujo a Uruguay, a Lisandro Aristimuño, a Juana Molina, a Kevin Johansen, a Andrea Echeverri, a Javiera Mena, a Natalia Lafourcade y Julieta Venegas.

P.: Te abrió el mundo.

P.M.: ¡
Claro¡ El mundo latino. Me quedé rabioso por no haberlo hecho antes. Desde ahí lucho mucho para que la música latina llegue a Brasil. Esta lucha me regaló la oportunidad de poder tocar con alguien como Fito. Me encanta ese álbum y lamento mucho no haber podido hacer una gira con él.

P.: Viene a Buenos Aires a presentarse como solista y en banda. ¿Qué gana y qué pierde en cada proyecto?

P.M.:
La historia siempre fue la misma. Ganaba plata como cantautor y perdía como banda. Es una combinación ideal para sobrevivir. La ventaja del cantautor es llevar la guitarra en la mano. Caetano Veloso, Chico Buarque, Djavan y Milton Nascimento son ídolos que forman parte de una tradición de guitarristas populares. Roberto Gil toca completamente diferente a Caetano y los dos son mágicos. Pero el formato de banda es una fiesta. Producir un sonido en conjunto, como si fuéramos indígenas, es una celebración porque se siente el espíritu del otro. El colectivo siempre es superior. Cuando girás en solitario podés volverte loco.

P.: ¿El coleccionismo es parte de esa locura?

P.M.:
Es algo que me acompaña desde siempre. De chico, coleccionaba todo sin poder elegir. Fui un acumulador de esos que salen en la televisión. Pero un día, luego de irme de la casa de mi infancia, mi madre me tiró todo a la basura.

P.: ¿Qué le enseñó el coleccionismo?

P.M.
: A percibir los detalles de cada persona. Su singularidad. Tengo una pasión muy grande por la vida.

P.: ¿Colecciona algo en la actualidad?

P.M.:
Amistades. Bueno... no quiero sonar loco, pero tengo varias que son extrañas. Un día estaba dentro de un avión y vi una nota en una revista que contaba de un tipo que estaba en el Guinness porque tenía 3.800 paquetes diferentes de bolsas de vómito. Me reí mucho y cuando el avión aterrizó, miré el paquete y me lo llevé. Hoy colecciono bolsas de vómito y ya tengo cerca de 200. Está claro que se encuentra belleza en todos lados.
Bruno Lazzaro

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