5 de diciembre 2014 - 00:00

Laberinto gourmet

Hay un sitio llamado La Criolla que se destaca en Miramar. Se trata de un antiguo emprendimiento agronómico que comenzó como vivero y que hoy es un espacio perfecto para pasar una tarde de verano. La historia del lugar tiene como protagonistas a inmigrantes europeos. El primero de ellos fue René Erize, un vasco-francés que compró las tierras cuando eran un páramo hace casi cuatro décadas. A partir de entonces comenzó la tarea de plantar más de 50 especies de árboles, labor que luego continuaron su hija y su yerno, Julio Kloster, descendiente de alemanes del Volga. El resultado está a la vista para los que paseen por este vergel que incluye 1.200 plantas, con frutales y hasta un alcornoque. Este oasis tiene en su interior un laberinto hecho de mioporo, siempreverde y laurel -cuyo recorrido conviene afrontar sin exceso de confianza-, una casa de té y un restorán de muy alta calidad conducido por Bernard, hijo de René.

A su vez, en la ciudad también existe un circuito llamado Saborea Miramar, que incluye una veintena de restoranes , entre los que se destaca un sitio como La Peña de Rola, que ofrece espectáculos en vivo y hasta noches de tango.

Otros de los sabores destacados de Miramar son los alfajores artesanales de Mama Norma, que en muy pocos años lograron convertirse en un clásico del balneario.

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