Los autos impulsaron el derecho a vacacionar

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Entre 1920 y 1930, la Argentina llegó a ser el primer país latinoamericano con mayor cantidad de autos, el cuarto en todo el mundo. Esa modernización impactó en la vida social, cultural, económica. Comienza a crecer el turismo, y en los años 50 se convierte en un derecho que articula expectativas, deseos e imágenes. La doctora en Historia Melina Piglia, en su libro "Autos, rutas y turismo", que publicó Siglo Veintiuno, muestra cómo los autos y las rutas expandieron el turismo.

Periodista: ¿En qué medida el auto hizo crecer el turismo interno?

Melina Piglia: Generó nuevos espacios. Permitió construir nuevos lugares de turismo a los que se llega en auto, como es el caso de los balnearios del sur del Cabo San Antonio, el Partido de la Costa. San Clemente, Mar de Ajó y todos los balnearios que se van armando entre Mar del Plata y el Cabo San Antonio. Están muy ligados al auto porque la estación de trenes de Juancho queda lejos de la costa. Esos lugares se forman a mediados de los años 30. Se desarrolla un negocio inmobiliario. Permite dar un nuevo uso a los fondos de las estancias, los que lindaban con la costa, que eran improductivos. Por ejemplo, Carlos Francisco Guerrero, en lo que ahora es Cariló, produce manzanas. Manuel Guerrero se queda con lo que hoy es Valeria del Mar, Ostende y Pinamar. Se reciclan esos espacios para balnearios. Se hacen loteos basados en la idea de la segunda residencia, que la gente tenga un lugar para hacerse su casita de veraneo. Son espacios para sectores medios y están muy ligados al auto.

P.: ¿Se empieza a ir a Bariloche?

M.P.:
Aún no en forma amplia, porque en la ruta hay a veces abastecimiento y otras no. El Automóvil Club Argentino construye servicios sobre esa ruta en los años 40. Los autos no tienen una autonomía muy amplia. Los bidones con combustible en el asiento de atrás eran la única manera de estar seguro de que se iba a llegar. Los caminos son de tierra y muy difíciles, más si están anegados.

P.: La construcción de caminos es otro elemento clave.

M.P.:
El auto colabora en la difusión de nuevos hábitos turísticos, en el turismo de circuito. La construcción de caminos en los años 30, no sólo con la red de caminos nacionales sino la red provincial que se amplifica durante el Gobierno de Fresco, y más durante el peronismo que termina de construir esos caminos, permite un turismo de circuito, salir a pasear con el auto. Ir con el auto, o llevar el auto en el tren, y dedicarse a recorrer la zona. Pasa en Córdoba, en Mar del Plata saliendo a conocer otros lugares. En el noroeste se viaja recorriendo localidades. El viaje no es quedarse en un lugar, sino ir enlazando diversos lugares. El auto impone esta nueva forma de hacer turismo. Surgen las guías turísticas que indican lo que hay que ver en cada lugar y dónde aprovisionarse.

P.: Su investigación comienza en los años 20 y concluye en 1955, ¿qué pasa hoy?

M.P.:
En los años 40 el Estado comienza a estar presente de forma decidida en el turismo. Uno de los fenómenos que arranca ahí es la democratización. El turismo incorpora otras capas sociales, más personas salen de vacaciones. El turismo se constituye en un derecho. Penetra en el imaginario al punto que las personas se pueden sentir hondamente privadas si no pueden vacacionar. La mirada sobre el propio país, y el prestigio que tiene viajar por la Argentina, ha tenido períodos sinuosos. En algunos resultaba muy prestigioso, en los 90 no, ahora algunos lugares han vuelto a ser deseables y han vuelto a convocar. En Mar del Plata esto es claro. Pero hay otros que han logrado instalarse como lugares turísticos como la Patagonia. La gente va a Humahuaca. Y donde no había hoteles, hoy los hay y de alta gama.

P.: Pensando en el Dakar, ¿qué efectos turísticos provocan las carreras de autos?

M.P.:
Con las carreras de autos que se inician a fines de los años 30 hasta ahora con el Dakar se construye y se difunde una imagen del país, más allá de lo meramente deportivo. Amplifica el atractivo a nivel global. Provoca expectativas, deseos,imágenes turísticas.

P.: ¿Por qué investigó sobre "Autos, rutas y turismo"?

M.P.:
Lo comencé para mi tesis doctoral, me licencié y doctoré en Historia en la UBA, y ahora soy profesora en la Universidad de Mar del Plata, que es mi patria chica. Investigué el turismo nacional, las prácticas, las ideas, las políticas. Revisé los archivos del Automóvil Club Argentino y el Touring Club Argentino, donde tenía mucho que ver la relación entre el Estado y las organizaciones civiles. Es apasionante cómo la política pública se arma en este vínculo entre Estado y sociedad civil, que no son dos cosas aisladas. ACA e YPF tienen un convenio desde 1936 que dura hasta hoy, y que resulta muy provechoso para ambos. Es muy interesante cómo la sociedad interpela al Estado organizándose en asociaciones que pueden ser corporaciones económicas, como la Unión Industrial Argentina, o en asociaciones de fomento como los clubes o las asociaciones civiles en busca de derechos. Y cómo en esa densa trama de la sociedad civil se juega la cultura democrática.

P.: ¿Qué investiga ahora?

M.P.:
Las aerolíneas comerciales. Estoy fascinada con el mundo de la movilidad y del transporte, y de lo que implican las políticas públicas, en términos simbólicos y materiales de construcción de territorio. Estoy investigando aeropostas, los primeros vuelos a la Patagonia. Los que hace Saint-Exupéry, y luego cuando la compañía se vuelve ciento por ciento argentina. Permite ver lo que implica la modernización infraestructural, lo que modifican las prácticas, lo que pasa en el siglo XX con la computación.

Entrevista de Máximo Soto

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