Los supermercados van a la máquina

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La planta de Montaje está unida a la de carrocería. Con lo cual, el vehículo vuelve por ese pasadizo superior que lo hace aparecer por un rincón del techo. Aquí ocurre un fenómeno central: el Punto M100.

¿Qué es esto? Antes de ingresar a la línea de montaje, se dispara información que estalla hacia dentro de la planta y hacia los proveedores. Es una fase superior del "just in time", que se llama "just in sequence".Significa que los proveedores no sólo tienen que llevar las piezas justas, sino en el orden de producción de cada vehículo.

Así, vía supermercados inteligentes, surgen carritos con las piezas necesarias para cada vehículo en secuencia de aparición por la cinta. Por ejemplo: Suran full, Amarok diésel cabina doble automática volante a la izquierda, Amarok cabina simple volante a la izquierda manual naftera, etcétera. Tiene que coincidir todo en el momento exacto.

En ese instante, se produce una sorpresa. Al auto, que parecía más o menos enterito, se le sacan las puertas, las cuales van hacia otra punta del área de montaje. Esto les permite a los operarios colocar con mayor facilidad los interiores de los vehículos, las ruedas y el resto de los elementos.

El panel de instrumentos, completo, viaja por el techo y debe llegar en el momento preciso en que pasa el vehículo correspondiente, con una coordinación casi mágica. Es difícil comprender tal grado de sincronización. Pero así sucede. De golpe, aparece otro robot, más simpático, que se desplaza llevando elementos. Se guía en el camino con unos sensores que leen las líneas del suelo. Los operarios ponen burletes, butacas, ajustan bulones, toman herramientas desconocidas para los advenedizos.

Al final de la línea, se separan Amarok y Suran. La primera lleva un chasis, que también llega de un proveedor. A esta estructura de hierro en forma de escalera acostada se van agregando los ejes, la suspensión, el diferencial, entre otros. La caja de transmisión y el motor surgen como un bloque desde el techo y se acoplan al chasis, que sirve para que la pick-up soporte las cargas típicas de los vehículos comerciales.

Los chasis (como también antes las carrocerías) vienen con una hoja de ruta, con varios códigos de barra. Los operarios los pasan por un lector que indica en pantalla qué tornillos deben apretar (cada versión tiene diferencias) y escanea los datos. Los puntos críticos los valida la máquina antes de ir al siguiente paso de la línea. Esa información se guarda: ante un problema futuro se puede saber a qué hora se apretó cada tornillo, con qué máquina, qué operario. Los registros conforman el equivalente a una revista de 20 páginas por vehículo. A 120.000 unidades por año, Volkswagen registra una biblioteca colosal.

Luego, se une la carrocería al chasis. A los ojos nuevos, este ensamble de la pick-up se muestra como una de las operaciones más impactantes del proceso. Así, completa, la camioneta vuelve a la línea de montaje donde se le pondrán las puertas para ir luego a los puestos de chequeo y control.

En ese punto ya no se hacen esfuerzos para volver inteligible esa compleja ingeniería que hace que coincidan en el momento exacto, con tantas cintas simultáneas con sus propias velocidades, carrocerías, tipos de motores, tipos de puerta, con paneles de configuraciones tan disímiles de acuerdo a modelos, versiones, mercados y opcionales.

La única diferencia de Amarok respecto de Suran es que este último modelo es con carrocería autoportante. Se pone el motor y las puertas directamente sobre la carrocería. Es decir, no lleva chasis

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