Nueva York y un viaje subterráneo al pasado

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 La ciudad de Nueva York es uno de los destinos más elegidos por el turismo internacional y merece ser visitada muchas veces, ya que uno de sus grandes atractivos es la cultura, un valor que nunca deja de modificarse y de producir nuevas expresiones. Pero lo que tal vez muchos amantes de la Gran Manzana no sepan es que ahora tienen otra bella excusa para seguir explorando territorio neoyorquino, a partir de las huellas del pasado que se abren a la vista del turismo.

De lo que se trata es de descubrir la apariencia y la vida que se desarrollaba en esta zona poblada de islas mucho antes de que la inmigración europea y el progreso estamparan su sello definitivo. La experiencia de entender el pasado neoyorquino surge a partir del Archivo Arqueológico de Nueva York, ubicado en el 114 West de la calle 47, donde se almacenan miles de objetos cotidianos, curiosos y también banales que se utilizaron siglos atrás.

Lo interesante de la cuestión es que desde hace algún tiempo este espacio está abierto a visitas, las cuales pueden acceder solicitando una cita en el sitio digital del Archivo (www.nyc.gov/html/lpc/html/home/home.shtml), según señaló el sitio web Diario del Viajero.

En su gran mayoría los objetos que exhibe el Archivo fueron aportados por la Universidad de Columbia, pero muchos otros han sido donaciones de vecinos de Nueva York que los encontraron debajo del jardín de sus casas o de obreros que trabajaban en las obras de ampliación de antiguos edificios.

La apertura de una nueva calle o los trabajos en el Metro suelen arrojar interesantes resultados.

ANTES DE LOS EUROPEOS

La inspiración que genera este tipo de mirada apunta también a imaginar una Nueva York previa a la llegada de los europeos, en la cual había colinas tapizadas de bosques y valles que hoy son una suerte de lecho de las anchas avenidas.

El recorrido invita a tener presente que en ese mismo sitio vivió libremente el pueblo Lenape, entre castores y nutrias, hasta principios del siglo XVII. Estos habitantes originarios comenzaron entonces a negociar en la costa del río Hudson, vendiendo pieles a los primeros europeos que llegaron a la zona, hasta que en 1626 colonos holandeses terminaron por ocupar por completo la isla de Manhattan, previa "compra" de los terrenos.En ese entonces bautizaron el sitio como Nueva Amsterdam.

La historia indica que el 24 de mayo de 1626, Peter Minuit compró la isla de Manhattan a 60 florines neerlandés, lo que equivaldría a 24 dólares estadounidenses de la época.

Cuatro décadas después llegaron ingleses, y tras ocupar el territorio por la fuerza establecieron el nombre definitivo de Nueva York.

Muchos de los objetos que hoy surgen en el subsuelo neoyorquino son previos a la conquista y pertenecen justamente a los pueblos originarios de la zona. Muchos otros, claro, son de épocas posteriores, correspondiendo a las generaciones de europeos que allí se instalaron. Uno de los objetos más curiosos apareció durante excavaciones arqueológicas debajo del City Hall neoyorquino y se trató de una prenda interior femenina hecha con piel de nutria.



UN BOSQUE SUBTERRÁNEO

El avance sobre el subsuelo de Nueva York también tiene la mirada puesta en el futuro. Tal es el caso del proyecto LowLine, por el cual se aspira a convertir una vieja estación subterránea de trolebuses en un espacio verde público. El sitio será alimentado con energía solar, mediante una tecnología de lentes y espejos que permitirá que el mundo vegetal subterráneo pueda realizar la fotosíntesis.

El espacio se iría inaugurando progresivamente desde este año y hasta 2018 sobre un kilómetro y medio de antiguas vías. El sitio se ubica en el subsuelo de Lower East Side de Manhattan, en la estación Williamsburg Bridge Trolley, debajo de Delancey Street. Dicha estación fue inaugurada en 1908, pero se encuentra en desuso desde 1948 cuando se discontinuó el funcionamiento del trolebús.

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