Paseo por los rincones más bellos de Europa

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Uno de los grandes placeres que ofrecen las principales ciudades europeas se genera al recorrerlas a pie. La primavera y el verano son las estaciones perfectas para perderse por las calles de Praga o Florencia, o para pasar el tiempo en los bares de París. Madrid invita a ser conocida en cálidas noches y es el momento ideal para disfrutar de la cultura londinense.

París

Ni el intenso calor del verano puede volver agobiante el paseo por la bella París, que se camina de punta a punta y nunca termina de conocerse. La Torre Eiffel, ícono de la ciudad, es el eje de todo paseo turístico y proporciona vistas inolvidables. Desde allí es casi inevitable dirigirse al Arco de Triunfo, en la Plaza Charles de Gaulle, a su museo y su terraza.

La plaza de la Concordia es tal vez la más bella de París. Tiene en su centro un obelisco de granito rosa que marcaba en Egipto la entrada al templo de Amán hace unos 3.300 años. El hotel National des Invalides, fue construido por orden de Luis XIV en 1670 para los soldados heridos de guerra o ancianos y conserva el mausoleo de Napoleón. La Tour Montparnasse, con 210 metros, es el rascacielos más alto de Francia y permite vistas panorámicas desde su piso 56. Entre los museos sobresalen el Centro Georges Pompidou y el Orsay, montado sobre una estación de trenes, con pinturas de Van Gogh, Monet y Renoir, entre otros. El Louvre casi ni necesita mención, considerado el más famoso del mundo.

En una lista que se extendería indefinidamente, unas vacaciones por París no pueden excluir visitas a la Catedral de Notre Dame, la Plaza de la Bastille, la Plaza Vendôme, la Ópera de París, el Moulin Rouge, el Sacré Coeur, las galerías Lafayette y la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Londres

Durante varios siglos considerada la «capital del mundo», Londres es una ciudad que siempre merece ser visitada, especialmente cuando en verano el clima hostil cede paso a largas y soleadas tardes y a noches apacibles. Si los días están contados, hay una serie de sitios imperdibles que comienza con el Big Ben, el famoso reloj gótico del Parlamento. Desde allí a partir del Westminster Bridge se conecta con el mítico río Támesis y con hermosos paseos fluviales en el South Bank. El West End se une con la City londinense y se avista la cúpula de St Pauls Catedral. En el South Bank se encuentra el Globe Theatre, replica de la década de 1890 del lugar donde se representaron muchas de las obras de Shakespeare.

En torno al London Bridge hay varios sitios turísticos y almacenes victorianos, así como el Tower Bridge, el puente más famoso que cruza el Támesis y aún hoy se eleva para dejar paso a las embarcaciones. Desde allí está al alcance la Tower of London, uno de los castillos normandos mejores conservados de las islas británicas.

Si se toma el camino contrario desde el Big Ben se llega al West End, a Westminster Abbey, a los edificios del Gobierno construidos en piedra en el Whitehall, y al Banqueting Hall.

Florencia

Cuna del Renacimiento, la capital de la bella región de Toscana está en el podio de las ciudades más atractivas de Europa. Hecha a la medida del hombre, Florencia merece ser recorrida calle por calle y sin prisa, con especial atención en sus museos. La Casa Museo Dante Alighieri es uno de los más reconocidos, con documentos y obras relacionadas con la vida del autor de «La divina Comedia». La galería Uffizi y el Museo Nacional Il Bargello son dos imperdibles, casi tanto como la galería de la Academia, que amerita la larga espera para ingresar a observar el David, la conmovedora escultura de Miguel Ángel. La biblioteca Laurenciana también ingresa en este circuito artístico cultural, con más de 10 mil manuscritos.

La arquitectura es otro de los fuertes de Florencia. Sobresalen la Torre Campanaria de Giotto, el Ponte Vecchio, uno de los más antiguos de Europa, poblado de lujosas joyerías, el Palazzo Pitti, el Palacio Viejo y el Palacio Medici-Riccardi.

Entre los templos sacros brillan la Basílica de Santa Croce, donde se encuentran los restos de Miguel Ángel, la Iglesia de Santa Maria Novella y el Baptisterio de San Juan.

El mapa de parques incluye las plazas del Duomo, de la Señoría, de la República, y los jardines de Boboli y Bobolino.

Madrid

La capital de España gana con facilidad el corazón de los argentinos, que vuelven a ella en cuanto les es posible. Las altas temperaturas del verano madrileño favorecen las escapadas a zonas rurales o de playa, pero también puede ser un buen momento para revisitar los clásicos de Madrid. El Rastro, puede encabezar el recorrido de ocio. La gigantesca feria hunde sus raíces en la Edad Media y hoy es uno de los mercados más fantásticos del mundo, a pocas cuadras de la Plaza Mayor. El Palacio Real es otro atrapante hito, donde pueden visitarse las dependencias de la armería, la farmacia y la planta principal.

El Madrid antiguo es otra buena opción, haciendo camino por la Plaza de Isabel, el Teatro Real, Los Jardines de las Vistillas, la Puerta de Toledo y el famoso barrio La Latina. El palacio del Cordón, la Iglesia de San Pedro, y la Embajada del Estado Papal, derivan en bellas zonas de cafés y tabernas.

Praga

Es la ciudad de las cien torres, los quince puentes y el famoso reloj astronómico medieval en el que se pasean las figuras animadas de los doce apóstoles. Las guerras y el nazismo no dañaron su patrimonio y pueden visitarse sitios conmovedores como el Callejón de Oro de los alquimistas, donde vivió Franz Kafka, y bares donde Milan Kundera fue pianista de jazz. La Praga de mayor interés turístico se divide en cinco zonas: Hradcany (Castillo de Praga), Mala Strana (Pueblo Pequeño), Stare Mesto (La Ciudad Vieja), Nove Mesto (La Ciudad Nueva) y Josefov (Barrio Judío).

El Castillo de Praga, una de las grandes atracciones de la ciudad, es un conjunto de palacios conectados por patios y callecitas sobre una colina. «El castillo antiguo más grande del mundo» tiene 570 metros de largo y 130 metros de ancho. Sus orígenes se remontan a más de mil cien años. En el 870, el príncipe Borijov ordenó su construcción a modo de fortificación.

Primavera y verano son ideales para pasear por el Jardín Real, creado por el rey Fernando I de Habsburgo en 1538 para colocar allí el palacio Belveder de la reina Anna con una Fuente Cantarina, en la que a medida que el agua brota, se oye una melodía.

El Callejón de Oro de los alquimistas, poblado de coloridas casitas del siglo XV y fueron vivienda de los guardianes del castillo y de alquimistas, herreros y orfebres del rey.

El Palacio Lobkowicz, del siglo XVI, posee obras de Velázquez, Brueghel, Canaletto y Rubens, entre otros. Entre los imperdibles también pueden citarse la Basílica de San Jorge, el Palacio Real, la Catedral de San Vito, el Palacio del Arzobispo, el Palacio Schwarzenberg y la Iglesia de Loreto.

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