Pueblos que se reinventan para mostrarse al turismo

Edición Impresa

La cartera de turismo de la provincia de Buenos Aires lleva a cabo un programa que pone en valor a pequeñas localidades que parecían olvidadas en tiempo. Una concepción comunitaria del sector.

Que el turismo es uno de los sectores más pujantes de la economía no es novedad. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), la cadena de valor de la industria contribuye con el 10% del PIB mundial. La Argentina no escapa a ese fenómeno. Tanto, que pequeñas localidades que parecían perdidas y olvidadas en tiempo, han logrado reinventarse y hoy tienen mucho para ofrecer a personas que llegan en gran número cada fin de semana.

El turismo es la llave del resurgimiento de estos Pueblos Turísticos que, cada vez en mayor número, ponen en valor su patrimonio natural, cultural, social, arquitectónico y gastronómico. "En los últimos 12 meses hemos incorporado 7 nuevos pueblos a la etapa de Semilla" (son 12 meses, no año calendario), dice Ignacio Salmeri, Director de Programa. "La articulación con los productores locales es otra de las claves del éxito y una forma de enriquecer lo que los pueblos tienen para ofrecer a los turistas", agrega el funcionario.

El abanico de opciones es amplio (ver Una propuesta que crece), pero enumeramos aquí algunos lugares cercanos a la Ciudad de Buenos Aires que vale la pena descubrir.

Azcuénaga

Al recorrer Azcuénaga, lo primero que llama la atención es la fachada de sus casas, varias de ellas construidas a fines del siglo XIX por albañiles de origen italiano. Vale la pena conocer la panadería artesanal, ubicada frente al club Apolo, donde se fabrican galletas de campo y pan en horno a leña. No hay como las tortas negras de Azcuénaga. Otro imperdible es el molino de la cooperativa eléctrica.

También pueden visitarse la estación Azcuénaga y sus zonas aledañas, el mural en adobe, el edificio Antigua Casa Terrén, donde funcionó uno de los primeros almacenes de ramos generales del pueblo y donde se instaló el primer teléfono de la localidad; la capilla Nuestra Señora del Rosario, el mencionado Club Recreativo Apolo y la Posta de Figueroa, cuya casona, del siglo XVIII, fue visitada por Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga y José María Paz. Su recuperación potenció el atractivo turístico de la zona.


CARLOS KEEN

Cuando en 1881 se inauguró la estación de ferrocarril, ramal Luján-Pergamino, se fundó oficialmente el pueblo. Llegó a tener casi 3.000 habitantes e importantes comercios: almacenes de ramos generales, tiendas, zapaterías y ferreterías, casas especializadas en toda clase de máquinas e instrumentos agrícolas, corralones, cocherías y caballerizas para alquilar; dos escuelas primarias, tres clubes, farmacias, telefonía, registro civil, juzgado de paz, comisaría, molino harinero, herrerías, surtidores de nafta, hoteles, restoranes, pensiones, etcétera.

Entre los lugares para visitar se destacan el granero de la estación de Carlos Keen, capilla San Carlos de Borromeo, el Museo Rural y la antigua estafeta postal.



Villa Ruiz

Nació con la inauguración de la estación ferroviaria del entonces Tranway Rural, de Federico Lacroze, el 24 de mayo de 1889, con la llegada del primer tren tirado por caballos. Hoy posee varios sitios de interés histórico-culturales y está desarrollando un gran polo gastronómico, con restoranes y capacidad para alojar alrededor de 50 personas. Vale la pena recorrer el viejo Camino Real, el mismo que realizó el virrey Sobremonte huyendo para preservar el oro de la Corona hacia el Alto Perú, el cual da origen al nombre de la posada.



Uribelarrea

Fue fundado como colonia agrícola en 1889. Polo lechero con su máximo esplendor durante las décadas del 30 y el 40, ya que llegó a contar con más de un centenar de tambos y queserías que abastecían a la Ciudad de Buenos Aires. «Uribe» es un poblado que conserva historia y tradición. Atraen el Museo de Máquinas y Herramientas Padre Leopoldo Rizzi, la plaza Centenario, la iglesia Nuestra Señora de Luján, la plaza República del Líbano y las antiguas casas fundacionales.



Villa Logüercio

En 1942 se creó el Club de Pesca Lobos, y se construyó su sede a la vera de la laguna, en un terreno que adquiere a la familia Logüercio. Alrededor de éste, en 1950, se trazó la villa con parcelas de aproximadamente 800 m2. Se construyó la Avenida Costanera sobre la margen de la laguna, un espacio verde público y el equipamiento comunitario en el centro del amanzanamiento.

Gouin

Está ligado al emprendimiento constructivo de la línea férrea de la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires (CGFBA), empresa de capitales francoargentinos. Las obras se iniciaron en 1906 y el servicio se habilitó en 1908. Se dice que a Gouin lo gestó una prestadora de servicios, pero lo amasó un conjunto de hombres y mujeres. Lugares de interés: plaza San Martín, capilla San Agustín y un espacio llamado La Matera, cedido por la municipalidad local para la exposición y venta de artesanías y productos regionales durante los fines de semana.

Saldungaray

Luego de la Campaña del Desierto, llegó a este sitio don Pedro Saldungaray, un hombre vascofrancés que compró los terrenos sobre los cuales se hallaba el Fortín Pavón, emplazado durante la expedición de Juan Manuel de Rosas en 1833. Don Pedro Saldungaray donó parte de sus tierras para el trazado de la localidad. La estación Sierra de la Ventana fue inaugurada en julio de 1903, y en 1912 cambió su nombre por Saldungaray, en homenaje al donante de las tierras. Para visitar: el Fortín Pavón, instalado durante la expedición que Juan Manuel de Rosas realizó en 1833. Como posta militar, el paraje era conocido como El Sauce.

Dejá tu comentario