Pueblos que son un mágico viaje al pasado

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El levantamiento del servicio de ferrocarril parecía haber sido la sentencia de muerte para la gran mayoría de los pequeños pueblos rurales del interior bonaerense, pero el nuevo siglo trajo el resurgimiento de la mano del turismo. La antigua estación, los centenarios bares y la propia vida apacible de estos lugares se han convertido así en un atractivo cada vez más buscado para disfrutar de una tarde o un puñado de días en familia, pareja o grupo de amigos.

Se los llama Pueblos Turísticos y conforman una red que con apoyo del Gobierno provincial tiene como objetivo poner en valor el patrimonio natural, cultural, social, arquitectónico y gastronómico. Veamos algunos de los sitios más populares:



CARLOS KEEN

Es uno de los pueblos más frecuentados. Fue fundado en 1881 cuando se inauguró la estación de ferrocarril, ramal Luján-Pergamino. Supo tener casi 3.000 habitantes e importantes comercios tales como almacenes de ramos generales, tiendas, zapaterías y ferreterías, casas especializadas en toda clase de máquinas e instrumentos agrícolas, corralones, cocherías y caballerizas para alquilar. Muchos aún se mantienen en pie, al igual que sus dos escuelas primarias, tres clubes, farmacias, telefonía, registro civil, juzgado de paz, comisaría, molino harinero, herrerías, surtidores de nafta, hoteles, restoranes y pensiones. Destacan el granero de la estación de Carlos Keen, capilla San Carlos de Borromeo, el Museo Rural y la antigua estafeta postal.



VILLA RUIZ

Nació con la inauguración de la estación ferroviaria del entonces Tranway Rural, de Federico Lacroze, el 24 de mayo de 1889, con la llegada del primer tren tirado por caballos. Vale la pena recorrer el viejo Camino Real, el mismo que realizó el virrey Sobremonte huyendo para preservar el oro de la Corona hacia el Alto Perú, el cual da origen al nombre de la posada.



GOUIN

Su historia está ligada a la construcción de la línea férrea de la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires (CGFBA), una empresa de capitales francoargentinos. Dichas obras se iniciaron en 1906 y el servicio se habilitó en 1908. Los sitios de interés son la plaza San Martín, la capilla San Agustín y un espacio llamado La Matera, cedido por la Municipalidad local para la exposición y venta de artesanías y productos regionales en fines de semana.



SALDUNGARAY

Tras la llamada "Campaña del Desierto" llegó a este sitio Pedro Saldungaray, vascofrancés que compró los terrenos sobre los cuales se hallaba el Fortín Pavón, emplazado durante la expedición de Juan Manuel de Rosas en 1833. Don Pedro Saldungaray donó luego parte de sus tierras para el trazado de la localidad. La estación Sierra de la Ventana fue inaugurada en julio de 1903, y en 1912 cambió su nombre por Saldungaray, en homenaje al donante de las tierras. Para visitar: el Fortín Pavón, y la pintoresca bodega Saldungaray.



AZCUÉNAGA

Famoso por sus casas de fines del siglo XIX hechas por albañiles de origen italiano, este pueblo también merece una visita para conocer la panadería artesanal, ubicada frente al club Apolo, donde se fabrican galletas de campo y pan en horno a leña. Dicen que no hay tortas negras que igualen a las de Azcuénaga. Otros imperdibles son el molino de la cooperativa eléctrica, la estación Azcuénaga, el edificio Antigua Casa Terrén y la capilla Nuestra Señora del Rosario.



URIBELARREA

Fundado como colonia agrícola en 1889, es un polo lechero que tuvo su máximo esplendor durante las décadas del 30 y el 40 del siglo pasado, ya que llegó a contar con más de un centenar de tambos y queserías que abastecían a la Ciudad de Buenos Aires. Atraen allí el Museo de Máquinas y Herramientas Padre Leopoldo Rizzi, la plaza Centenario, la iglesia Nuestra Señora de Luján, la plaza República del Líbano y las antiguas casas fundacionales.



VILLA LOGÜERCIO

En 1942 se creó el Club de Pesca Lobos, y se construyó su sede a la vera de la laguna, en un terreno que adquiere a la familia Logüercio. Alrededor de éste, en el año 1950, se trazó la villa con parcelas de un tamaño aproximado de 800 metros cuadrados. Allí se construyeron entonces la avenida Costanera, sobre la margen de la laguna, un espacio verde público y el equipamiento comunitario en el centro del nuevo amanzanamiento.

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