27 de marzo 2009 - 00:00

Rosario se propone como remedio contra el estrés

Macro, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario.
Macro, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario.
«Cerca, Rosario siempre estuvo cerca», sostiene Fito Páez en su tema de homenaje al inolvidable Piluso del genial Alberto Olmedo. Muchos hoy están descubriendo que es cierto «Rosario siempre estuvo cerca», y muchos se perdieron de visitarla con tiempo. Y no sólo está cerca, sino que se ha vuelto realmente bella en muchas de sus zonas. Y esto era lo menos que se podía de esperar de la patria chica de Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Lalo de los Santos, esa trova rosarina que cambió la música de la Argentina. Ha sido y es el territorio de creadores múltiples, como Roberto Fontanarrosa; de escritoras innovadoras, como Angélica Gorodischer y Patricia Suárez; de artistas que deslumbran al mundo con sus obras, como el incomparable Antonio Berni.
Esa ciudad que en los años 30 aquel legendario Juan Galiffi, alias Chicho Grande, a quien se acusó de ser «el Al Capone argentino», hizo que se dijera que Rosario era la Chicago del Sur, nunca dejó de crecer en cualidades y valores que la hacen inevitablemente visitable. Activa, vital, recostada sobre el río pero firmemente urbana, pareciera trabajar a diario para mantenerse como destino imperdible. Una metrópoli plena de recorridos históricos que, por ejemplo, pueden partir del Monumento Nacional de la Bandera, pasar por el Casco Histórico, el Pasaje Juramento, y luego, desprejuiciadamente, por la famosa zona de los prostíbulos, por los lugares de la Organización Negra, esa tortuosa Swig Migdal que mereció ser llevada al cine por Hollywood convertida en argumento de un pavoroso thriller, porque la Chicago del Norte también tuvo esa secta secreta de rufianes que parece salida de la fantástica imaginación de un Roberto Arlt, ese escritor que según Alberto Olmedo debería haber sido declarado, junto con Osvaldo Soriano, «rosarino ad honorem».
Rosario es tal universo que tiene hasta su propia lengua, el rosagasario, idioma casi secreto que a veces se escucha en el bar El Cairo, ese hito por el que no se pude dejar de pasar, entre otras cosas porque allí se instaló durante mucho tiempo una mítica Mesa de los Galanes. Para saber de todo esto, al visitante le basta con preguntarle con un guiño cómplice a alguno de los mozos, todos expertos en esos temas, aunque de inmediato no evitarán pasar a hablar de los enfrentamientos entre leprosos y canallas, es decir, entre Newell's y Central. Con absoluta seriedad, el prócer de la ciudad conocido como Negro Fontanarrosa sostuvo con vehemencia que «Rosario tiene hermosas mujeres y buen fútbol. ¿Qué más puede pedir un intelectual?». Y, agreguemos, un empresario, un profesional, un rentista, un playboy, y las firmas continúan.
Tratamiento de estética
El visitante puede elegir Rosario para relajarse y descansar, y hacer actividades que muchas veces pensó realizar y no encontró el momento oportuno. Por caso, no es necesario ser un amante de la pintura, un fan del arte, un esteta o un coleccionista para planear un recorrido por las valiosas bellezas artísticas de la ciudad, teniendo en cuenta que Rosario posee una de la más importantes colecciones argentinas de arte contemporáneo. Resulta prácticamente ineludible darse una vuelta por su sorprendente cantidad de museos, mágicos escenarios del arte y la cultura, un paseo que será un verdadero tratamiento de estética. Vale la pena ir al Museo de la Bolsa de Comercio, al de Bellas Artes Juan B. Castagnino, al de la Ciudad, al de Arte Decorativo, al del Paraná y las Islas, al Provincial Julio Marc, al de Arte Sacro, y paremos ahí porque para muestra basta uno, el Macro, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario que tuvo como prioridad integrar antecedentes claves para el arte argentino de la actualidad, como son los cinco grabados de Antonio Berni de la serie de Juanito Laguna premiados en la XXXI Bienal de Venecia en 1962, el Concepto Espacial (1951) de Lucio Fontana y pinturas ganadoras de los Premios Rosario, como las de Juan del Prete y Raquel Forner. Hay obras de artistas que participaron en el Instituto Di Tella de Romero Brest y de la denominada vanguardia rosarina de los 60, como Raúl Lozza, Claudio Girola, Enio Iommi, Antonio Seguí, Luis Fernando Benedit, Marta Minujín, Clorindo Testa, Liliana Porter, Rogelio Polesello, Edgardo Giménez, Margarita Paksa, Pablo Suárez, Alfredo Hlito, Luis Felipe Noé y Kenneth Kemble. Los curadores del museo explican que, además, para la colección expresara sobre todo lo acontecido en los 90 en una forma amplia, se sumaron obras representativas de las escenas de Tucumán, Córdoba, Buenos Aires y recientemente de Mendoza. El Macro se encuentra emplazado además en los remodelados Silos Davis, que fueron parte de la arquitectura portuaria agroexportadora de comienzos del siglo XX, frente al río Paraná.
De algún modo, casual o buscadamente, el visitante se va a enfrentar con el Centro Cultural Parque España, magnífico complejo edificado a orillas del río Paraná a partir de un anteproyecto del urbanista catalán Oriol Bohigas, cuyas escalinatas son escenario de actividades al aire libre para un público de hasta 5.000 espectadores. De día o de noche casi siempre hay conciertos, obras teatrales, recitales de música popular, espectáculos líricos y de danza. El Centro Cultural tiene cinco túneles del siglo XIX que fueron acondicionados como galerías de exposición (donde se ofrecen muestras de plástica, arquitectura, diseño gráfico, industrial y de indumentaria), sala de conferencias, videoteca, y un teatro de 500 localidades.
Bailando sin parar
Un pub con karaoke, un bar con espectáculos stand-up, una disco, opciones a la convencional salida al cine, al teatro (por caso, El Círculo, Fundación Rivero Astengo o Broadway, o el notable circuito de la escena off), ir a cenar en uno de los muchos restoranes o disfrutar de una picada en Bar Victoria, de San Lorenzo y Presidente Roca. Rosario tiene en la costa del Paraná una amplia gama de lugares para pasarla bien bailando, conociendo gente, disfrutando de la noche y el río. Una alternativa es la fascinante pasarela que es la calle Córdoba, donde los rosarinos en el after office planean la salida nocturna a las disco Satchmo, Blue Velt o Shambala, entre muchas otras. Rosario hoy no es sólo para hacer negocios o tours artísticos o históricos; es también un lugar fantástico para desestresarse.
M.S.

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