Schipol, una escala deseable

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Muchas veces, las escalas obligadas por las aerolíneas suelen ser una pesadilla. Sin embargo, una parada en la terminal de Schipol, puerta de entrada a Holanda y a los Países Bajos, puede convertirse en un destino en sí mismo.

Está ubicado a sólo 15 km de la ciudad de Amsterdam y es considerado como el cuarto aeropuerto más grande del mundo por cantidad de pasajeros, después de Londres (Heathrow), París (Charles de Gaulle) y Fráncfort.

Su estructura semicircular permite recorrerlo a pie, de una punta a la otra. En el camino hacia las puertas de embarque sobran los motivos para entretenerse: un casino, un bulevar gastronómico, salas de masajes, una sucursal del Rijksmuseum y otra del shop del Museo Van Gogh son algunas de las escalas de placer.

Para quienes viajan en familia hay salas especiales para el descanso de los bebés, con clima y música especialmente seleccionados, y una guardería para chicos donde no sólo pueden dormir, sino que tienen a su disposición juegos de video, películas, juguetes y elementos para dibujar y pintar.

Y si fuese necesario pernoctar o tomar una ducha, el aeropuerto ofrece dos hoteles, el Yotel y el Mercure, con servicios a la altura de un cinco estrellas.

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