“Un minuto de gloria”: la contrariedad de ser honrado

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Un guardavías provinciano, retraído, tartamudo, solitario y de pocas luces pero mucha rectitud, encuentra dinero ajeno y hace lo que hace cualquier persona decente. Pero ese gesto es aprovechado por los vivos del Ministerio de Transporte como una cortina de humo que disimule las feas noticias de corrupción en dicho organismo. Llevan al hombre a un acto público, le quitan por un momento su viejo reloj a cuerda, recuerdo del padre, y el ministro en persona le entrega otro más moderno. También le dan flores, diploma.

El problema es que el moderno atrasa, y el bueno ni saben dónde lo dejaron. Luego se ofenden ante el menor reclamo. El suceso es aprovechado por los vivos de la televisión. La cosa va in crescendo, y no es cómica para nada. A lo sumo, provoca una sonrisa amarga. El final, en cambio, provoca otra clase de sonrisa: de rabiosa satisfacción, y de espanto.

Basada en hechos reales, ésta es la segunda película de Kristina Grozeva y Petar Valchanov, los autores de "La lección". Y es todavía mejor, más fuerte, y con la misma actriz, Margita Gosheva, que acá hace de mal bicho casi hasta lo último. Detalle anexo: el título original, "Slava", significa "gloria", y alude tanto al minuto referido como a una vieja marca de relojes muy cumplidores, que ahora los fabrican los chinos.

"Un minuto de gloria" ("Slava", Bulgaria-Grecia, 2016). Dir.: K. Grozeva, P. Valchanov. Int. S. Denolyubov, M. Gosheva, M. Lazarov.

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