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Una isla en honor al guardián del Paraíso
La mítica abadía de Saint Michel, que corona la isla donde fue erigida, atrae desde hace siglos a millares de viajeros a Normandia, en la costa del norte de Francia.
La espectacular construcción se encuentra en la cumbre del que fuera el Monte Tumba, en la costa de baja Normandía, al norte de Francia. Se trata de una isla de 900 metros de circunferencia y 80 de altura, coronada por la mítica abadía. Cuenta la leyenda que el mismísimo arcángel se le apareció a San Auberto, que entonces era obispo de Avranches, y le pidió que construyera un santuario en su honor. El mito incluso afirma que San Miguel tocó en la frente a Auberto y le dejó una marca imborrable que aún podría verse en el cráneo que se conserva en la iglesia Saint-Gervais, en Avranches.
Corría entonces el año 708 y poco tiempo después un cambio en las corrientes volvió anegable toda la zona y la abadía quedó rodeada de agua y arenas movedizas que solían cobrar la vida de peregrinos.
El conjunto arquitectónico fue creciendo con el tiempo. En el año 966, el duque de Normandía estableció allí una comunidad benedictina y durante unos ocho siglos se fueron armando y embelleciendo el pueblo y la abadía, con el aporte de los estilos prerrománico, románico y gótico. Durante toda la Edad Media fue un sitio de peregrinación y refugio para fieles que buscaban la protección de San Miguel, arcángel que se caracterizó por interceder ante Dios en favor de los hombres y por ser el encargado de combatir al demonio.
Entre los siglos XIV y XV, el monte Saint Michel fue disputado entre Francia e Inglaterra, y en 1425 la corona francesa creó los caballeros de Saint Michel, 120 hombres comandados por el capitán Louis DEstouteville. Siglos después, durante los tiempos de la Revolución y el Imperio, el monte prestó servicios como prisión.
En 1966, una comunidad religiosa se mudó a la abadía, lo que significó la recuperación del sentido original del monte Saint Michel como santuario y lugar de oración. En 2001 se sumaron hermanos y hermanas de Les Fraternités Monastiques de Jerusalem.
Visitar actualmente la famosa roca normanda permite observar que la arena ha vuelto a asentarse y poco queda de isla, pero igualmente, para acceder al monte hay que respetar el horario de las mareas y aprovechar las bajantes. Vista desde lo lejos, la estructura se confunde con un monte, especialmente al estar rodeada de neblina. Al acercarse surge la iglesia de la abadía rodeada por el intenso verde y las rocas de la montaña.
Además de visitar la abadía, los turistas tienen un verdadero pueblo medieval para recorrer dentro de los muros del monte Saint Michel, donde hoy se incluyen tiendas de recuerdos, bares y restoranes. También hay gran cantidad de hoteles en la isla. Una noche intramuros no baja de los 150 euros por persona en un hotel de tres o cuatro estrellas. Presupuestos mucho más bajos se encuentran en los alojamientos o en el camping, que están ubicados a dos kilómetros de la isla.
Además de la abadía del monte Saint Michel, otros monumentos religiosos que están ubicados dentro de la isla son la catedral de Notre-Dame-sous-Terre, la Iglesia Parroquial de San Pedro, y la capilla y la fuente de Saint Aubert. Hay, además, una serie de museos y constantes actividades culturales, artísticas y, especialmente, religiosas sobre las que uno puede informarse visitando el sitio oficial www.ot-montsaintmichel.com. Ayer fue justamente la jornada más especial del año dentro de la isla, ya que se celebró el Día de San Miguel.


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