El ajuste lo está haciendo el dólar a los palazos
ía manera de que Macri hiciera el ajuste necesario en el comienzo. En primer lugar, porque el diagnóstico de la situación que le ofreció su equipo económico resultó ser pésimo. Pero, en segundo lugar, porque en última instancia es la sociedad argentina la que tiene esa mentalidad gastadora serial del dinero que no tiene.

Cuando Ricardo López Murphy intentó hacer un fuerte ajuste en la época en la que gobernaba De La Rúa, el rechazo social fue unánime. Igual de contundente fue lo que siguió: una crisis como la del 2001 que terminó haciendo el ajuste de golpe.

Después de escuchar y leer incansablemente tantas ideas de la progresía que indicaban que "no se puede ajustar", que puede "desencadenar un estallido social", acá tenemos los hechos: el dólar está haciendo el ajuste, sin anestesia, a los palazos.

Tal era el capricho de la sociedad que pedía a gritos la idea del "gradualismo" buenista que tantos compraron. Hoy, con el fracaso a la vista, tuvimos que terminar en manos del FMI que va a actuar como maestra que vigila que el alumno problemático haga la tarea. Si algo tiene que quedar claro, es que sólo hacemos las cosas cuando no nos queda más remedio.

Sin embargo, lo más grave es que una parte importante de la sociedad todavía no ha llegado a creer que "no queda más remedio". Por eso imaginamos que la clase política sólo tomará las decisiones de fondo que son necesarias cuando veamos un dólar en... $35? $40? Nadie lo sabe. Pero claramente, en un nivel mucho más alto y angustiante.

¿Cuáles son las decisiones de fondo? Las del sentido común, desde el punto de vista económico:

No habrá generación genuina de empleo hasta que bajen todos los costos laborales (aportes, impuestos, industria del juicio).

No habrá posibilidad de crear una empresa, hasta tanto los impuestos no bajen y sean más simples de computar en la Argentina. La reforma tributaria del año pasado fue pésima. Tan mala, que aquellos que están perdiendo dinero con los bonos, van a tener que pagar impuesto a la renta financiera de todos modos.

Para hacer posibles las anteriores, es imperativo que el Estado ponga en marcha un programa para ir trasladando trabajadores estatales hacia el sector privado. Sin eso, no hay forma de bajar el gasto público.

Por último, aunque nada agradable, hasta tanto no se haga una reforma previsional de verdad, no podremos pensar en achicar en serio el gasto, ya que este ítem representa el 50% del gasto público. 

¿Podrían haber ganado las legislativas si no hubieran sido gradualistas? Creemos que sí. Pero optaron por el camino más fácil, que consistió en darle más droga al adicto al gasto. Argentina es un país gastador serial, de dinero que no tiene.