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El carisma salva en la campaña a Bachelet, pero Chile exigirá más

Michelle Bachelet parece tener virtualmente ganada la carrera presidencial en Chile, incluso mucho antes del inicio de la campaña electoral. La médica, de 61 años, cuenta con un fuerte respaldo popular producto de los aciertos sociales de su anterior mandato (2006-2010) y de un carisma que, sostienen los analistas, la mantiene a salvo de una sensación generalizada de rechazo al poder político. Sin embargo, la socialista es conciente de que, en caso de volver al poder, deberá impulsar cambios más visibles al sistema económico heredado de la dictadura y en buena medida vigente si no quiere correr el riesgo de sufrir un desgaste como el que afecta al mandatario saliente, Sebastián Piñera.

La Concertación que ella representará es la misma que durante sus veinte años de Gobierno (1990-2010) fue la encargada de poner al día algunas de las demandas sociales más urgentes, pero que, paradójicamente, pese a la popularidad de su última presidenta, terminó por ceder el poder al centroderecha.

"La Concertación se fue quedando detrás del desarrollo de la sociedad, del cual en buena medida había sido la arquitecta. Progresivamente se fue descomponiendo, se puso conservadora, se alejó de la sociedad y se encerró en una lógica de pequeños cálculos de poder de unos pocos caudillos y sus amigos y compinches", explicó Julio A. Berdegué, doctor en Ciencias Sociales, a Ámbito Financiero.

Ese vaivén, más la postulación de un candidato como Eduardo Frei -carente de carisma y sin los nuevos aires que reclamaba la población-, valió la derrota de la agrupación en los comicios de 2010 y el retorno de la derecha, esta vez en democracia. Piñera llegó a La Moneda subido a esas demandas, pero su propio marco ideológico y las limitaciones de la alianza que lo sostenía dificultaron que avanzara como reclamaba una mayoría de los chilenos, por ejemplo en materia de acceso a la educación. Y hoy lo paga.

Hacia el final del Gobierno de Bachelet, la pobreza se ubicaba cerca del 14%, muy por debajo del 39% que había dejado la dictadura de Augusto Pinochet. Esta reducción fue adjudicada a las acertadas políticas públicas llevadas a cabo durante las dos décadas que la Concertación mantuvo el poder, y que en gran medida fueron continuadas por Piñera, pero no mejoradas. A la par, hasta la fecha el "efecto derrame" de los resultados macroeconómicos de Chile sigue siendo menor que el deseado, y la desigualdad es una de las más altas del mundo.

Con todo, también dijeron presente otros conflictos efervescentes, como las demandas de la comunidad mapuche en el sur del país y las multitudinarias marchas de estudiantes a favor de la educación gratuita.

Esos rezagos hicieron mella en el respaldo a Piñera, hasta el mes pasado del 34%, no obstante superior en ocho puntos porcentuales a la Concertación, que desde su lugar en la oposición no aseguró la plena realización de las ansiadas reformas. Con los dos grandes bloques de partidos cuestionados, el gusto del electorado se trasladó a la figura carismática de Bachelet, que retornó al país en marzo pasado luego de haberse dedicado de lleno a dirigir ONU Mujer en Nueva York durante dos años y medio.

"El alto respaldo hacia Michelle Bachelet se explica en tres puntos. Primero, las políticas de protección social implementadas durante su Gobierno generaron un impacto directo sobre las clases mas desposeídas. Sobre todo, y de manera muy especial, las políticas de salud y protección social", sostuvo Eduardo B. Vergara, director del "think tank" Asuntos del Sur, en conversación con este diario. "Segundo, su apoyo es muy superior al del mismo bloque que representa, de cierta manera ella pudo situarse por sobre de los partidos, creciendo donde éstos no lo pueden hacer. En tercer lugar, su personalidad y carisma hacen que gran parte de la sociedad chilena se vea representada en ella. La empatía y cercanía con la gente son atributos de alto poder electoral", desentrañó el politólogo.

La estrategia electoral de Bachelet, cuya popularidad ronda el 56%, se basa en su cercanía con la gente, sin anticipar qué políticas aplicará en caso de volver a La Moneda. Esa comodidad le evita roces con su amplia base de apoyo, integrada tanto por quienes abogan por continuar con el modelo actual como por los que impulsan abandonarlo.

Una novedad es que si bien en las elecciones de 2006 fueron los partidos de la Concertación los que le impusieron las líneas de su Gobierno, es ella la que hoy salva del naufragio a sus aliados, una ventaja que le otorgaría para delimitar sus planes institucionales.

"Los intereses más estrechos y casi espurios de los partidos y de sus dirigentes de la Concertación, le ponen el terreno muy difícil a Bachelet", explicó Berdagué. "Va a necesitar una mayoría parlamentaria importante que le permita hacer cambios sustantivos de distinto tipo. Esto último es muy difícil en el sistema político y electoral chileno, donde las reglas están hechas para que el partido siempre termine cero a cero, empatado. En resumen, creo que es muy probable que Bachelet gane la elección, pero mucho más difícil que gane en condiciones tales que le den todo el oxígeno que se necesita para un gobierno a la altura de las enormes expectativas que la gente tiene sobre ella", concluyó.

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