Opiniones

El carry trade se despierta

Tras ausentarse por un largo período, a raíz de las fuertes pérdidas que determinaron la crisis cambiaria del año pasado, las tácticas de carry trade están siendo desempolvadas por los operadores en busca una vez más de revancha, aún reconociendo que el trayecto es riesgoso y de duración limitada en el tiempo.

Dichas apuestas están siendo impulsadas principalmente por agresivos fondos del exterior que buscan sacarle todo el provecho posible al ¨combo¨ de apreciación del peso, en línea con el comportamiento de las monedas emergentes, y las elevadas tasas de interés locales.

Desde el frente externo, jugó a favor de la reactivación del apetito emergente a través de diferentes apuestas, entre ellas las colocaciones en moneda local ante el "inducido" cambio en la estrategia monetaria de la Reserva Federal, que tras suspender la suba de tasas inicialmente, súbitamente se está viendo sometida a presiones del mercado y políticas para que rápidamente revierta dicha dinámica y comience a reducirlas.

El argumento detrás de dicho cambio de dirección está en las múltiples señales de desaceleración global que se vienen acumulando, potenciado principalmente por la prolongada guerra comercial entre EEUU y China que recién en la última reunión del G20 ha abierto espacio a una frágil "tregua" de duración incierta.

Dicho cambio de rumbo de la Fed estaría siendo acompañado por los demás principales Bancos Centrales del mundo, lo cual derrumbó los rendimientos globales los bonos, y así es que los inversores una vez más transitan una etapa de desesperada búsqueda de retornos, que usualmente está teñida de irresponsabilidad.

Aún así, el ingreso de fondos financieros desde el exterior a nuestro país - junto al FMI que ¨desató¨ las manos del BCRA hacia fines de abril - permitió ingresar en una etapa de calma cambiaria que está ofreciendo importantes rendimientos en dólares para aquellos posicionamientos en pesos ante las elevadas tasas.

Dicho "dólar planchado" también ha tenido externalidades positivas de corto plazo para el oficialismo, toda vez que le ha permitido comenzar a mostrar además una desaceleración de la inflación en los últimos meses y también encuestas privadas más alentadoras que han contribuido a entusiasmar aún más a los inversores, las cuales impulsaron en simultáneo una fuerte recuperación en acciones y bonos en los últimos meses.

Así es que el envión externo, con un Wall Street una vez más alcanzando nuevos récords históricos, sumado al mejor clima local están permitiendo retroalimentar positivamente la dinámica de los activos financieros, a contramano de la etapa anterior donde la volatilidad y cautela prevalecieron dentro de un agresivo proceso de liquidación de posiciones de fondos internacionales, que incluso cortó el financiamiento externo al país.

Aún cuando este "veranito financiero" parecería poder extenderse - salvo imprevistos desde el clima externo - los inversores reconocen que las PASO - que actúan como una gran y costosa encuesta nacional - llevarían a evaluar el creciente optimismo respecto a las chances de reelección del oficialismo según los resultados.

Es por ello que los inversores de perfil conservador no deberían enamorarse del carry trade, no sólo porque la incertidumbre electoral sigue vigente, sino también porque la dinámica de deterioro del tipo de cambio real de los últimos meses no resulta sustentable para un país que requiere de generación genuina de divisas - y no del "hot money" internacional - para continuar corrigiendo los desequilibrios del sector externo.

El camino hacia la pérdida de competitividad, especialmente si ésta llega impulsada por agresivos ingresos de capitales especulativos de fondos internacionales, resulta peligroso dado que dichos recursos se retirarán en el futuro y volverían a generar no sólo tensiones cambiarias sino a profundizar los desequilibrios macroeconómicos, los cuales bajo la tutela del FMI se han venido corrigiendo en los últimos trimestres.

Ante ello, el mandato político de ¨dólar planchado¨, con fines electorales y alentado por inversores externos, no debería dejarse tentar con incubar otra etapa de atraso cambiario, ya que ella luego deriva en períodos traumáticos que no resultan saludables para el crecimiento económico y la solvencia futura del país.

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