Economía

El cepo de Macri opera como un subsidio a la fuga de capitales

Hay cepos y cepos. Todos intentan similares objetivos: desenganchar la demanda de dólares por motivos financieros y especulativos de la suba en el precio de los alimentos, de la salida de depósitos en los bancos, de la tasa de inflación y del impacto de esa demanda de dólares por motivos financieros en las reservas. Básicamente esas son las variantes por las cuales puede hacerse en un país un control de cambios como los que en los últimos años fueron efectuados en Argentina. El primer intento de un Banco Central al instaurar un cepo es hacerse de los dólares del superávit comercial. Como los exportadores e importadores se ven obligados a liquidar o comprar sus divisas en el mercado de cambios controlado por el Banco Central puede decirse entonces que un cepo lo primero que intenta es nacionalizar el superávit comercial. En otras palabras, el Estado se queda con los dólares del superávit comercial y ese es un objetivo primordial de todo cepo, por lo que puede decirse que un cepo tiene mucho más sentido cuando hay superávit comercial y cuanto más voluminoso es el mismo. Y tiene mucho menor sentido cuando el superávit comercial es escaso o cuando el mismo no existe. Por eso precisamente el cepo que fue puesto en la época kirchnerista perdió sentido cuando el país ingresó en déficit de balanza comercial. En situaciones por el estilo el Estado financia atraso cambiario y subsidia las importaciones que pueden hacerse a precio de privilegio. Es por esta causa, principalmente, que los cepos son levantados cuando suena la alarma del “rojo” en la balanza comercial y a los mismos suelen suceder grandes devaluaciones nunca inferiores a los dos dígitos. O sea, de un cepo no se sale fácilmente, con crawling peg sino con una bruta devaluación para quizás instaurar otro cepo en un nivel de dólar más alto o liberando el mercado de cambios si el Banco Central no quiere exponer reservas.

Ahora bien, en el cepo implementado el domingo pasado sobresale algo totalmente llamativo: se permite a los particulares comprar hasta u$s 10.000 mensuales. Algo totalmente inusual para un cepo, dado que estos particulares controles de cambio intentan por todos los medios impedir el drenaje de reservas para fugar capitales. Recuérdese por ejemplo el caso del cepo del gobierno kirchnerista que permitía la compra de solo u$s500 al mes con fines de atesoramiento con la condición previa de que la AFIP autorizara la operación. Obvio que un cepo de tales características despierta la bronca de ahorristas e inversores que ven como hay todo tipo de trabas a la libre compraventa de dólares, lo cual causa todo tipo de molestias. Pero ocurre que un cepo es un cepo. Sino no es nada. Y el instaurado el domingo pasado corre el riesgo de convertirse en “nada” en poco tiempo. Veamos porqué: habíamos dicho el lunes pasado que bastaba que solo 50.000 personas hicieran uso del cupo de u$s10.000 al mes para comprar dólares baratos a precio subsidiado de las reservas del Banco Central o de los dólares que liquidan los exportadores para que se fuguen del país u$s 500 millones al mes. Y decíamos también que u$s500 millones es aproximadamente la mitad del superávit comercial de un “buen mes” de comercio exterior argentino. Pues bien: en esa cuenta fuimos muy generosos, porque ocurre que en Argentina últimamente compra dólares nada más y nada menos que 1.100.000 “personas humanas” al mes. Obvio que una baja proporción de ellos compra u$s10.000 o más al mes. Pero bastaría con que el promedio esté en solo u$s1.500 al mes -y probablemente nos estemos quedando bastante cortos- para que por mes el mecanismo del cepo financie u$s1650 millones de fuga de capitales. Esa cifra supera los meses más generosos de superávit de balanza comercial que es conseguido merced a una durísima recesión. Puesto en otros términos podríamos decir que los argentinos padecemos una gravísima crisis económica que tiene un solo efecto positivo: lograr un superávit comercial. Pero resulta que el mismo se evapora por completo -y más también– debido al subsidio que el gobierno de Mauricio Macri ha decidido el domingo pasado dar a los argentinos que compran dólares. De locos. Sí, de locos. Si hay una impericia, un error “no forzado” o una mala praxis superior a las muchas que esta gestión de Macri ha exhibido en el terreno económico, esta es la peor de todas. Este cepo es entonces una verdadero subsidio a la fuga de capitales, si hasta el momento ello no se ha notado del todo es porque es nuevo, y escoba nueva siempre barre bien. El lector podrá seguramente ver con el correr de los días y de las semanas que empiezan los cambios porque con las medidas del domingo se dificulta que el país pueda mejorar su nivel de reservas. Paradójico esto entonces: el país está al borde del default, ya reprogramó vencimientos de corto plazo, se expone al fracaso inminente de un canje voluntario de deuda, el riesgo país es superior a los 2500 puntos básicos, el costo de asegurarse contra un default argentino mediante CDS es aún mayor, hay nerviosismo con la salida de los depósitos en dólares, las reservas bajan y algunos días los hacen muy abultadamente y las autoridades salen un domingo con medidas para que... los exportadores y el BCRA subsidien la fuga de divisas... No, algo anda muy mal en Argentina. ¿Cómo es posible que un engendro así haya visto la luz del sol? A Hernán Lacunza y a Guido Sandleris no se les puede escapar que todo esto es un auténtico disparate. Pues bien, hay versiones de que hubo mucho “toqueteo” a nivel político de este cepo, que el presidente Macri habría exhibido una dura resistencia al mismo y que solo habría sido convencido de adoptarlo cuando se estableció un límite a la compra de dólares lo suficientemente alto como para conformar al presidente. Así es que salió un cepo que es un híbrido que no funciona para los objetivos que debe perseguir todo cepo. ¿Qué es una irresponsabilidad consensuar una medida técnica de tal envergadura? Cierto. Pero este Gobierno solo tiene para tres meses más de vida, por lo que bien puede mostrarse “demagógico” con un cepo que subsidia la fuga de divisas de “personas humanas” con el objetivo de entregar el poder y que sea el que viene el que ajuste las tuercas del cepo haciéndolo mucho más restrictivo. Vale decir entonces que estamos frente a un cepo de características demagógicas y populistas en contraposición al cepo kirchnerista que tuvo como objetivos primordiales atenuar la suba de precios de alimentos y también hacerse de dólares con los cuales poder pagar la deuda externa. Este cepo en cambio no va a generar dólares suficientes para repagar nada de la deuda externa, cuya posibilidad de pago quedará desfinanciada a partir del momento en que cesen de ingresar los dólares del FMI. En síntesis: este cepo tal como está es un engendro mal ideado. Puede tranquilizar a los mercados un corto tiempo de manera narcotizante, mientras una parte del público mira pizarras con cotizaciones de dólar que tienden a no moverse o incluso a bajar cuando el real partido se juega en otra cancha, en la del “blue”, el “contado con liquidación”, en la del “riesgo país” y sobre todo, en la caída de reservas. Paradójico entonces, pero el kirchnerismo había hecho un cepo para garantizarse poder pagar la deuda externa, mientras que el supuesto librecambista de Macri instala uno para subsidiar la fuga de capitales, aumentando el riesgo de impago de la deuda. Demagogia y populismo puros.

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Walter Graziano y Asociados

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