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El choque por Huawei oculta una guerra por el control de internet

Está en juego dominio de la economía electrónica, los vehículos autónomos y la inteligencia artificial. Para Washington, eso supondría una amenaza a sus comunicaciones militares. Pekín tiene mucho que perder si le cierran el acceso a los chips y otros bienes de equipo.

Shanghái - La ambición de China de dominar el sector de las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones choca con las reticencias de los países occidentales, cada vez más preocupados ante un posible dominio chino de infraestructuras vitales para la seguridad de los Estados.

Los medios de Pekín sospechan que la detención en Canadá de una dirigente de Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, es el último intento de la administración de Donald Trump para cortarle las alas a un grupo tecnológico de aquel origen.

Antes de la detención de la directora financiera Meng Wanzhou el 30 de noviembre, Huawei ya se encontraba en la mira de varios países occidentales, como Estados Unidos o Nueva Zelanda, que habían prohibido el acceso del número dos mundial de los smartphones a sus infraestructuras de internet.

“La amenaza es grave. Si Huawei pierde su acceso a los lucrativos mercados occidentales, estará en peligro su capacidad de crecimiento y de financiar sus investigaciones en investigación y desarrollo”, advirtió Paul Triolo, experto del sector tecnológico del gabinete Eurasia Group.

Con la disputa con Huawei está en juego el desarrollo y dominio de la quinta generación de tecnologías móviles, el 5G, considerada como el eje central de la transición digital de la economía, desde los vehículos autónomos a la inteligencia artificial.

Pekín tiene el objetivo de convertirse en la principal potencia mundial a nivel tecnológico, con su plan “Fabricado en China 2025”. No obstante, Washington teme que si China se hace con el control del 5G, esto afecte sus comunicaciones militares.

La administración Trump ve en Huawei un caballo de Troya 2.0, dado que el fundador del grupo, Ren Zhengfei, es un antiguo oficial del Ejército chino.

“Es como si la persona que construye su casa decidiera robarla”, ironiza James Lewis, especialista tecnológico del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington sobre la amenaza percibida por la administración estadounidense. “Conocen los planes, la red eléctrica, los accesos e incluso han conseguido una llave, añade.

El mayor peligro para China sería que Estados Unidos, que estuvo detrás de la detención de Meng, prohibiera a empresas estadounidenses como Intel o Qualcomm vender a Huawei chips u otros bienes de equipo de los que depende completamente.

“Sería una catástrofe para las ambiciones tecnológicas chinas, esto a amenazaría a la misma empresa (Huawei), sus proveedores y el futuro del sector”, reconoce Triolo.

Washington ya siguió esta misma estrategia con ZTE, otro gigante chino que estuvo a punto de quebrar después de que bloquearan sus compras en Estados Unidos, antes de tener que pagar una multa de 1.000 millones de dólares por haber violado un embargo contra Irán, la misma acusación por la que detuvieron a Meng.

Un embargo estadounidense en la venta de chips electrónicos representaría un contratiempo “enorme” para Huawei, “con peores efectos que para ZTE”, reconoce Shi Yinhong, especialista de las relaciones sino-estadounidenses en la Universidad Popular de Pekín. “Si Huawei queda afectada, China perderá su ventaja en el 5G”, añade.

La diplomacia china calificó el lunes de “ridículas” las sospechas de Estados Unidos.

“No disponen de la mínima prueba de que Huawei perjudica a la seguridad nacional”, declaró el portavoz Lu Kang.

Sin embargo, otros consideran que las reticencias estadounidenses están relacionadas con el nacionalismo del presidente chino, Xi Jinping, que proclamó su ambición de transformar su país en una potencia tecnológica y que hizo votar en 2015 una ley que obliga a las empresas a colaborar con el Estado en materia de seguridad nacional.

“Una de las principales críticas en China respecto a Xi es: ¿No accedió al poder demasiado deprisa y llevó demasiado lejos la potencia china?”, explica el sinólogo Christopher Balding, de la Universidad Fulbright en Ciudad Ho Chi Minh.

“Se comportó prácticamente como un dirigente totalitario y actuó de la misma forma en la escena internacional, y a la gente esto no le gusta”, añade.

Agencia AFP

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