Espectáculos

El cine llegó antes a la Luna que Neil Armstrong

De acuerdo con la fantasía y las posibilidades técnicas de cada época, diferentes películas han ilustrado la aventura espacial que, en la realidad, se concretó hace medio siglo. Fritz Lang, con "La mujer en la Luna" (1929), patentó involuntariamente la cuenta regresiva, sin saber que hacía historia.

Con algo de fantasía se llega a cualquier parte. Según dicen, hacia 1781 un noble alemán aseguraba haber ido hasta la luna en un globo aerostático, e inclusive que charló con sus habitantes. Pero fue difícil creerle, porque se trataba de Karl Friedrich Hieronymus, barón de Munchhausen, cuyas incomprobables aventuras inspiraron tantos cuentos de sobremesa entre cazadores, pescadores y viajeros, así como ingeniosas películas de Georges Mélies, Josef von Baky, Karel Zeman. Terry Gilliam.

Otros soñaron viajes con relatos y vehículos más cercanos a la ciencia, o la fantaciencia. Primero, el delicioso “Viaje a la Luna” (Mélies,1902), resumen libre y socarrón de dos novelas de Julio Verne. Más tarde, “Excursión en la Luna” (Segundo de Chomón, 1908), y “La mujer en la luna” (Fritz Lang, 1929), sobre novela de Thea von Harbou, donde la pareja protagónica decide quedarse a vivir allí los dos juntitos. Notable, la escena del lanzamiento con cuenta regresiva. Al respecto, Fritz Lang, que también tenía algo de Munchhausen, se adjudicaba la idea de contar hacia atrás, hoy tan habitual en viajes espaciales y concursos bailables.

De 1936, ambientada en un idílico 1946, es “Viaje cósmico” (Vasili Zhuravlov), donde un grupo de niños ayuda a un científico a construir el cohete “Stalin I”, y allá van y vuelven como quien hace un recorrido completo en el 60, con el entusiasmo propio de jóvenes pioneros socialistas. Así era la feliz propaganda soviética. Las purgas estalinistas y la guerra obligaron a otra clase de viaje.

Luna
La icónica imagen de Meliès.
La icónica imagen de Meliès.

Con la prolífica fantaciencia norteamericana de los ’50, los astronautas llegaron hasta Marte, pero en “El satélite chiflado” (Julio Saraceni, 1956) los Grandes del Buen Humor fueron más lejos y volvieron con dos venusinas, lástima que casi se chocan el obelisco. A nuestro objetivo fueron “Con destino a la luna” (Irving Pichel, 1950), en cuyo guión participó el novelista Robert Heinlein, “Camino a las estrellas” (Pável Klushántsev, 1957) que abarca desde los inicios de la astronáutica hasta la colonización de la luna, a cargo de los rusos, por supuesto, y las paranoicas “Radar Men from the Moon” (Fred Bannon, 1952) e “Invasión de la luna” (Richard Cunha, 1959).

Los 60 fueron otra cosa, con “Nudismo en la Luna” (Doris Wishman y Raymond Phelan, 1961), donde las selenitas andan en topless al mando de una reina, la graciosa “Un ratón en la Luna” (Richard Lester, el de Los Beatles, 1963) y “Los primeros hombres en la Luna” (Nathan Juran, 1964), donde los astronautas descubren aún vivos a los viajeros de la novela homónima de H. G. Wells de 1901.

“Cuenta regresiva” (Robert Altman, 1967) especulaba con la ansiedad y los miedos del viaje que la Nasa ya estaba anunciando. Hasta que al fin, el 20 de julio de 1969 y ante la vista de millones de televidentes, Neil Armstrong, Edwin Aldrin jr. y Michael Collins (todos casi cuarentones, dicho sea de paso) de veras llegaron a la Luna. La hazaña se repitió otras cinco veces, la última en 1972, aunque muchos descreídos insisten en que todo esto fue una ficción armada por Stanley Kubrick. A partir de allí, el cine ha visto ignorantes como Jim Carrey en “Tonto y retonto”, desdeñosos como Darío Grandinetti en “Despabílate, amor”, y también románticos, tales los “Jinetes del espacio” (Clint Eastwood, 2000), que representa muy bien lo que el sueño de llegar a la luna significo para la generación que estuvo en los comienzos de la carrera. Ahora es tiempo de exaltaciones como “El primer hombre en la luna” (Damien Chazelle, 2018). Y es hora de ir de nuevo, así vemos el alunizaje en colores, más lindo que la primera vez.

¿Y nosotros? Bien, tenemos dos comedias: “Adiós, querida Luna” (Fernando Spiner, 2003), que imagina una misión argentina disparatada y destructora a realizarse en el 2068, y “Astrogauchos” (Matías Szulansky, 2019), estrenada el pasado junio, precisamente un mes antes de los festejos del cincuentenario. Ambientada en 1966, cuenta las peripecias de un joven ingeniero que presenta al gobierno militar de aquel momento un plan bastante factible para llegar primeros y dejar pagando a rusos y norteamericanos. Ese triunfo, entonces, bien pudo ser argentino... si no fuéramos ¡tan argentinos!

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario