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El comercio exterior en América latina

La importancia de América latina en la economía mundial es cada vez mayor. Con un comercio exterior anual de 1,2 billón de dólares -equivalente a 71% del comercio exterior de China-, una captación anual de flujos de inversión extranjera directa de 72.000 millones de dólares y remesas anuales por 50.000 millones de dólares, América latina ya constituye uno de los rodamientos que traccionan la maquinaria mundial.
Esta mayor importancia de la región ha abierto oportunidades para los propios inversionistas latinoamericanos. La importancia de aumentar su presencia en países vecinos se ha puesto de moda. Podríamos pronosticar que en los próximos diez años veremos movimientos de capitales entre países vecinos. Fusiones y adquisiciones, capital de riesgo intrarregional hasta hace un lustro imposible de imaginar. No es un problema que Brasil y México sean grandes jugadores, como a veces escuchamos. Temores infundados que curiosamente nunca surgieron con otras alternativas. Petrobras, que ha incursionado en la Argentina y la mayoría de los mercados sudamericanos; Camargo Correa, que adquirió Loma Negra; Votorantim y Belgo Mineira, que adquirieron Acerías Paz del Río en Colombia y Acindar en la Argentina, consolidan su presencia regional, generando actividad y empleo en la comarca.
En tanto que el primer trimestre de 2008 el comercio intrarregional latinoamericano creció alrededor de u$s 6.000 millones, el mismo había registrado fenomenales indicadores de dinamismo en 2007, alcanzando un incremento de 31,5% en las exportaciones y 28,1% en las importaciones.
Esta providencial situación, estimulada por la devaluación del dólar, que ha provocado la apreciación de la mayoría de monedas latinoamericanas, ha desplazado a los empresarios regionales en busca de alternativas para colocar sus productos en mejores condiciones, en términos de precio y plaza. A esto se suma el aumento del petróleo, su efecto sobre los fletes y los commodities producidos en la región, creando mayores ingresos y mejor desempeño en las tasas de crecimiento del PBI -en América latina, el PBI en el primer trimestre de 2008 tuvo un crecimiento de 5,2%-.
Sin duda, la región se ha convertido en un mercado muy atractivo, que ofrece abundantes posibilidades de negocios. La mayor capacidad adquisitiva que registran los países se está convirtiendo en una inesperada oportunidad para empresarios e inversionistas regionales.
La demora de algunos para estrechar lazos comerciales con sus vecinos obedece a la falta de experiencia en este nuevo escenario, ya que tradicionalmente la mayoría comercia con otros mercados desarrollados.
Cuando uno mira el potencial de negocios, los porcentajes de participación aún lucen escasos, máxime si se tienen en cuenta las ventajas arancelarias y no arancelarias para operar intramercado. Se pueden identificar mayores oportunidades comerciales, porque resulta más fácil vender en la región por afinidades culturales e idiomáticas. La falta de exploración profunda de los potenciales existentes, y la pícara desconfianza promovida por otras plazas del comercio mundial, inhiben aún a los jugadores la exploración de los mercados más próximos. La continua dirección y atención excitadas desde los países desarrollados hacia el ALCA o hacia Europa en momentos tan especiales como el que vivimos nos pueden distraer.
Florece un crecimiento importante de productos con mayor valor agregado, pero aún no se han aprovechado al máximo las oportunidades potenciales.
Frente a la crisis que sin duda ha de experimentar el sistema multilateral de comercio a partir del predecible proteccionismo de las naciones de mayor desarrollo, América latina debe plantear en su seno alternativas sustitutivas regionales sustentables.
Los buenos ejemplos abundan: Cementos de México, una de las cementeras más grandes del mundo; América Móvil, líder en telefonía celular con 65% del mercado en Brasil; Mexichem, el principal grupo químico y petroquímico de México, que compró la brasileña Amanco, líder en la producción de tubería plástica, presente con plantas industriales en 13 países de América latina. Compañía Nacional de Chocolates -colombiana-, que ha logrado extenderse en Centroamérica. Compañía de alimentos Casa Lúker, que compró en Panamá Galletas Pascual. Muy activas se las ve a la peruana Alicorp, del Grupo Romero, uno de los principales holdings peruanos de alimentos, cuidado personal y hogar; el Grupo Gloria de alimentos, productos farmacéuticos y transporte, que ya está adquiriendo compañías en la Argentina, Colombia y Ecuador.
No existe ninguna duda de que es necesario avanzar en el proceso de diversificación de mercados entre países latinoamericanos. Este interés coincide con la estrategia de la mayoría de los gobiernos, que sugieren extender los acuerdos comerciales vigentes y profundizar el proceso de integración.
Nuestro Mercosur como bloque debería aumentar los acuerdos de libre comercio y reducir aranceles para el ingreso de bienes industriales y productos agropecuarios del resto de los países de la región. Si nuestros empresarios regionales toman conciencia de la importancia de trabajar entre sí, podremos aprovechar los buenos precios que vienen registrando nuestras materias primas, y entonces, creando valor, podremos dar un salto cualitativo y cuantitativo.
Algunas naciones latinoamericanas serán proveedoras de materias primas, otras harán las transformaciones industriales agregando valor y generando empleo.
Con el escenario descrito, digamos que los tiempos se aceleran. El creciente interés que denotan el comercio y las inversiones intrarregionales empieza a impulsar una prosperidad soñada. Una sola y potencial restricción debe ser tenida en cuenta para lograr definitivamente el fortalecimiento de nuestros mercados: no ceder a la tentación de interrumpir los procesos democráticos; debemos evitar la inconstancia política que frecuentemente ha alterado los flujos comerciales y las inversiones intrarregionales.

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