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El delivery de “lo que sea”

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Glovo es una aplicación que permite hacer compras o mandados “on demand”. Está presente en unas 40 ciudades en el mundo y ya hizo pie en la Argentina. Cómo funciona y para qué puede servirnos.

¿Alguna vez le pasó querer pedir comida en un lugar, pero no tienen delivey? ¿o necesitó algo del kiosko pero los que están cerca de su casa ya habían cerrado? ¿o quizá tenía que pasar a retirar un producto por un local que cerraba temprano y no podía llegar? Ahora hay aplicaciones para eso. Una de ellas es Glovo. "Somos una plataforma que une a quien le falta tiempo con quien lo tiene en exceso, para que le vaya a buscar algo, le haga una gestión, o compre algo en su nombre. No solo es reparto de comida, puede ser comprar un regalo, hacer un trámite que requiere espera, o simplemente hacer la fila en un restaurante que no admite reserva", explica Matías Gath, country general manager de la empresa de origen catalán que hizo pie en la Argentina a principios de este año.

A nivel mundial, esta firma de delivery "on demand" en menos de 60 minutos alcanzó ya el millón de pedidos entregados. Cuenta con 10.000 repartidores ("glovers") y en la Argentina opera en varios barrios de la Ciudad, el Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba. "Vimos que acá, donde el delivery y la encomienda están muy instalados, había una necesidad que de que te lleven cualquier cosa que necesites y que no había una solución para eso", afirma Gath. Hay varios ejemplos insólitos de los usos de esta app: mandar a tocar un timbre para despertar a alguien que se quedó dormido con el celular apagado; traer el juego de llaves olvidado en algún lugar; o comprar pañales u otro producto en una farmacia. "La idea es que es una aplicación que se enfoca en lo que el usuario necesita y que del otro lado, el que ofrece el servicio, sea flexible y se adapte a eso", insiste el responsable de la compañía en el país.

Glovo fue creada en 2015 por el español Oscar Pierre y está presente en unas 40 ciudades de distintas partes de Europa y América Latina. Se inspiró en el modelo de negocio americano y en aplicaciones como Airbnb o Uber, con la idea de "colaborizar el tiempo" basado en la economía "on demand". Hasta el momento trabaja con más de 4.000 locales asociados. Para poner pie en la Argentina adquirió Kadabra, un emprendimiento casi idéntico que el propio Gath había fundado y ya había empezado a operar en el país.

La empresa no tiene vínculo laboral con los repartidores, sino que lo que hace es conectar a las dos partes, cobrar por ellos y dar soporte. El usuario paga el servicio por variables como distancia, tiempo y espera, y el "glover" según el tipo de servicio que quiera tener, que puede ser con alquiler de material (bicicletas, por ejemplo) o solo por el uso de la plataforma.

Esa falta de vínculo laboral en los términos tradicionales, tan propia de la era de modelos disruptivos que ganan espacio con la tecnología actual, le trajo algún que otro problema a Glovo. "Tenemos una actitud muy colaborativa, no de confrontación. Creemos que es un modelo que agrega valor a la gente, al país, y que está en línea con las regulaciones laborales", sostiene Gath. Al respecto de las modalidades flexibles de trabajo y las normativas vigentes, opina: "Las regulaciones se tienen que adaptar a las necesidades de los usuarios y las que existen hoy no lo están. Hoy la regulación no contempla la tecnología, y creo que en lo que se está trabajando va a ayudar al país en los tiempos que vivimos".

"Los modelos flexibles se imponen porque los trabajadores quieren tener flexibilidad. Quieren tener la libertad de decidir cuándo trabajar, qué trabajo hacer y cuál no", insiste Gath. Y que no son pocos los especialistas y gurúes que profetizan que el futuro del empleo será de múltiples fuentes de ingresos, provenientes de distintas actividades, un modelo solo posible con trabajo de horarios y relaciones laborales flexibles. Por otro lado, Gath asegura que los modelos disruptivos, tal es el caso de Airbnb y Blablacar, solo por mencionar algunos, son sostenibles "porque se adaptan al momento en que vivimos, a las necesidades de los usuarios". Y si bien estas transforman el mundo tal como lo conocemos, advierte que "en la medida que las necesidades de los consumidores cambie, si no se readaptan ya no serán sostenibles".

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