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"El dólar alto da una competitividad artificial de corto plazo"

Gabriel Martino lleva casi 30 años en el HSBC, primero con una profusa carrera en la mesa de dinero de la entidad, y desde hace seis años como CEO. En diálogo con Ámbito Biz dijo que Argentina debe ser competitiva con una inserción “inteligente” al mundo. Estimó que “en los próximos meses la tasa va a caer de la mano de la inflación”. “El apoyo político, económico y financiero hacia la Argentina es inédito”, recalcó.

"Probemos con ser un país normal y a lo mejor nos va bien". Una definición concisa, pero contundente. Así resumió Gabriel Martino, CEO de HSBC de Argentina, su concepción sobre el futuro del país. Durante una entrevista de una hora con Ámbito Biz en su oficina del piso 23 de la Torre Bouchard dejó una serie de pensamientos vinculados a su campo de conocimiento como los son la economía y las finanzas, pero también principios relacionados con los valores y los ideales.

"Tenemos décadas de fracaso y lamentablemente con todas las buenas intenciones el Gobierno trató de ir con un plan que sea lo menos doloroso posible y lamentablemente el mercado y los argentinos no le creímos", analizó Martino sobre un año 2018 que cerrará con variables económicas muy lejos de las proyectadas, y agregó: "El Gobierno tiene grandes virtudes, una de esas es generar el cambio cultural que necesita la Argentina".

En cuanto a 2019, el número 1 del HSBC contó que las proyecciones del banco prevén "una economía que no va a crecer", una inflación "cerca del 28%" y un tipo de cambio "que va a ir acompañando la inflación".

Periodista: ¿Cómo está el sistema financiero?

Gabriel Martino: Está muy bien. Pensá que Argentina no tiene prácticamente sistema financiero, es decir, los préstamos y depósitos sobre el PBI siguen siendo bastante bajos, con el aditamento que tampoco hay mercado de capitales, entonces eso lleva a que el leverage de la economía argentina sea bastante bajo. Cuando vos comparás el sistema financiero con otros momentos de volatilidad que generaron una crisis como en 2002, 1995 o 1989, hoy los bancos están bien capitalizados y sanos, y están preparados para acompañar la recuperación. Eso está bueno porque en la medida en que la Argentina rebote rápido, por más que la nueva política monetaria restringe la capacidad prestable, al estar sanos los bancos están preparados para crecer.

P.: La nueva política monetaria ya tiene impacto, por ejemplo, en una caída del volumen de créditos...

G.M.: Contracción hay porque la capacidad prestable disminuye con la política monetaria que generó suba de encaje, eso sumado a todos los otros condimentos como las tasas altas y los bancos y las empresas más defensivos hace que los préstamos caigan.

P.: ¿Ese dato de caída de préstamos es un dato central?

G.M.:
Es coyuntural y no es un dato a mirar, no es algo que asuste en el corto plazo. No me preocupa que en este contexto se contraigan los créditos, hay otros datos a mirar muchos más interesantes a la espera de la reacción de la economía.

P.: ¿Por qué cree que no funcionó el esquema de metas de inflación de Federico Sturzenegger? ¿Las medidas de Guido Sandleris son las correctas?

G.M.:
Con respecto al inflation targeting que quisieron tener desde un principio, y hablando con el diario del lunes, creo que todos malinterpretamos eso y se utilizó más que como metas de inflación puras y netas, como una expectativa para tratar de ayudar a bajar la inflación en la economía, algo que por supuesto no resultó. No es que quiero buscar una excusa, la verdad es que no funcionó. Luego vino un período en el que había que estabilizar las variables, y creo que (Luis) Caputo colaboró con eso, y hoy esta nueva administración viene con el objetivo de la lucha contra la inflación, pero también hay que tratar de proteger de alguna manera la economía para que no se mantengan las tasas tan altas durante mucho tiempo y que generen un atraso en la reacción de la economía.

P.: ¿Parece una trampa de difícil solución?

G.M.:
Es una trampa en la cual tal vez uno hubiese arriesgado a subir un poco más la tasa para que la gente reaccione y venda dólares antes, tal vez tener una banda no tan amplia sobre todo en la base de abajo, pero esto también es con el diario del lunes. Tengo confianza que en los próximos meses la tasa va a caer de la mano de la inflación. Eso va a ayudar a reactivar la economía en el período febrero-abril.

P.: Esta tasa es inviable para la producción...

G.M.:
Creo que sobre todo lo que mata son las expectativas, con 80% de nivel de tasas no hay ningún negocio que sea viable, o mejor dicho, es difícil encontrar un negocio que sea viable. Dicho esto, pensemos que el leverage que tiene la economía no es muy grande, es decir, tenés un sistema financiero muy pequeño sin mercado de capitales local, entonces los préstamos que hay en el sistema tampoco son tan grandes, no es que la economía está como en otros países latinoamericanos con muchos préstamos y la suba de tasas generaría quiebras en cadena. Acá entonces no genera quiebras en cadena, pero sí genera el problema de que la economía no se reactiva por la cuestión de las expectativas.

P.: ¿En este contexto como está el HSBC?

G.M.: Quedamos en Argentina como el único banco global que hace lo que llamamos banca universal; es decir que tenemos todos los productos. Nosotros nos posicionamos en los tres segmentos de negocio que tenemos que son los individuos, las empresas y el mercado de mesa de dinero, cada uno con la sofisticación que traemos de cualquier lugar del mundo, tratando de ayudar a Argentina como país y colaborando con las empresas a conectarse e insertarse en el mundo. Por ejemplo, en el caso de las PPP, la decisión es ayudar al financiamiento a nuestros clientes con ese sistema. A partir de la salida del caso de los Cuadernos, la intención es ayudar a armar estructuras que permitan que el país siga en marcha con su plan de infraestructura que va a generar más competitividad y no depender tanto del tipo de cambio.

P.: ¿Considera que se fue tarde o a tiempo al FMI?

G.M.: Cuando Argentina salió del default se hizo emisor frecuente por varias razones: la primera, porque tenía que arreglar con los holdouts; la segunda, porque tenías que financiar el déficit con algo porque la emisión monetaria nos hubiese llevado a una hiperinflación; y tercero, en el Presupuesto como parte del gasto que el Gobierno hace representado por la Nación, las provincias y los municipios hay una necesidad imperiosa de invertir un porcentaje alto en infraestructura para que las empresas tengan competitividad. Es decir, no soy de los que piensa que el dólar alto soluciona todos los problemas y después de esos todo el mundo tiene que ir a dormir la siesta. El dólar alto lo que da es una competitividad artificial de corto plazo, y digo artificial porque tiene que estar sustentada en varios parámetros, el parámetro de la competitividad de las empresas, el parámetro de que el Estado no va a ser en última instancia el que va a tomar deuda en los mercados para soportar déficit, por eso ir al déficit cero es doloroso, pero es un camino que hay que seguir.

P.: ¿Hay una maduración de los empresarios en no ver sólo al tipo de cambio como la panacea?

G.M.: Es fundamental. Tenés todo tipo de empresarios. Pero si te basás solo en el tipo de cambio, finalmente vamos a fracasar de nuevo porque la competitividad tiene que ir por otro lado. La apertura de los mercados es lo más importante, la inserción al mundo, de qué manera vos lo hacés de forma inteligente, de qué manera lo hacés en el tiempo porque el dólar está más que competitivo en $40, pero el año que viene si sigue en $40 y se genera un nuevo atraso. La Argentina tiene la paradoja que es un país que algunos llaman rico y otros no, pero lo que sí tiene es una sociedad muy rica, tenemos un PBI fuera del sistema financiero que está financiando a otro, si parte de eso lo ponemos a financiar a la Argentina se produciría mucho, pero para eso necesitamos generar la confianza y una economía que sea factible para invertir.

P.: ¿Ve consistente la política económica del Gobierno con el objetivo de déficit cero?

G.M.:
El déficit cero es primordial. Argentina viene de décadas de ser un país anormal, ya probamos con todo y hemos fracasado. Es un momento para barajar y dar de nuevo, y decir "de acá para adelante intentemos ser un país normal". Dentro de los países normales está lo que hace cualquiera de las familias, primero respetar los contratos, la palabra, pagar la deuda, no gastar más de lo que pediste. La Argentina necesita tener esa continuidad de generación de sentido común de país normal. Hay que tener el menor déficit posible porque los argentinos ya hemos aprendido por décadas de fracaso que eso nos lleva a tener default e incumplimientos. Pensemos ahora que está tan en boga esta volatilidad en los mercados, la tormenta como la llama el Gobierno, que el último gran default del mundo fue el de Argentina en 2002, y el inversor también tiene esa memoria, entonces nosotros tenemos que sobrecumplir muchas de las reglas que nos ponen.

P.: ¿Ahí estuvo la clave sobre las dudas de la capacidad de pago de la Argentina?

G.M.: Siendo Argentina un emisor frecuente, en algún momento necesitaba buscar un plan B si no querías volver a la emisión, e ir al Fondo es el plan B era la opción más cercana y más fácil, y eso te genera un apoyo político muy grande internacional.

P.: ¿Cómo observa el respaldo del FMI al Gobierno?

G.M: El apoyo político, económico y financiero hacia la Argentina es inédito. Están pasando cosas inéditas en la Argentina que esperemos que podamos capitalizar. No recuerdo en la Argentina un momento en que el Gobierno de turno entra en una crisis y sale de la crisis sin cambiar las reglas de juego financieras; eso me parece que es súper loable del Gobierno.

P.: ¿Se están dando cambios estructurales en la Argentina?

G.M.: El Gobierno tiene que focalizar en una agenda interna con tres pilares básicos. Buscar la competitividad, buscar en qué sectores se va a generar la mayor y la mejor inversión, y en dónde se va a generar el empleo. Nosotros como HSBC tenemos como parte del sistema financiero la posibilidad de crecer. Tenemos los bancos que están bien capitalizados, y los bancos internacionales también le han dado mucho apoyo al Gobierno en todo lo que es financiamiento y en instrumentos nuevos como las PPP, tratamos de estar cerca de los clientes para satisfacer esa demanda. Esa agenda que debe poner el Gobierno, estamos para apoyarla.

P.: ¿Cuáles cree que son los sectores en donde la Argentina tiene que poner el foco?

G.M.:
Argentina increíblemente padece problemas de energía teniendo la segunda reserva mundial de gas, con lo cual debería acelerar las inversiones no sólo en Vaca Muerta, sino también en petróleo convencional para ser exportador neto de petróleo en vez de en cuatro años en dos o tres. Chile exporta 60 mil millones de dólares en minerales y Argentina menos de 5 mil millones y compartimos la Cordillera. En el tema de la construcción a la Argentina le faltan tres millones y medio de viviendas y debería ser un foco de generación de empleo, la agroindustria y el desarrollo de productos alimenticios. La apertura que está haciendo el Gobierno con China para exportar mucho alimento primario e industrial, debería generar empleo. También el conocimiento donde la Argentina tiene 20 o 30 compañías que exportan conocimiento de valor agregado, y el turismo con un dólar competitivo. No es que en Argentina tenemos el problema de ser monoproducto, la verdad es que donde vos vas tenés un potencial enorme. Argentina debería tener una estrategia de generar divisas, es decir, el mercado interno es importante y hay que desarrollarlo, pero el país no puede encerrarse en eso, hay un montón de áreas en las que deberíamos ser competitivos, pero no empecinarnos en que toda la cadena de valor es competitiva.

P.: ¿Con los "cuadernos" se resintió el esquema de las PPP?

G.M.: Primero, es un muy buen producto que funciona en muchos lugares del mundo, el producto no tiene un problema; en segundo lugar, Argentina ha tenido un tsunami financiero en el sentido de que las tasas subieron arriba de los dos dígitos en dólares y eso hace bastante inviables los proyectos, cualquiera que sea. Y después la aparición del tema de los "cuadernos" impactó, aunque hay estructuras para evitar que la obra no se pare. Hoy lo veo más dificultoso por el lado del financiamiento.

P.: ¿Hay que separar a los hombres de las empresas?

G. M.:
Tenés forma de separar a la gente que ha cometido los delitos y poner un programa de crimen financiero, pagar las multas que haya que pagar y generar una nueva confianza para revertir el problema.

P.: ¿Como CEO de una entidad que reporta a una casa central se le hace más difícil explicar la volatilidad en la Argentina?

G. M.:
Cuando uno mira para atrás siempre hemos tenido ciclos en donde aparece una crisis. Como en los mercados emergentes en general, la realidad es que hasta que no pasás a ser un país más de primer mundo vas a tener volatilidades y cuando vas a los países del primer mundo también tenés volatilidades. Es decir, el mundo es volátil y en particular los emergentes lo son y cuando vas a la Argentina es más volátil todavía. Entonces el inversor que está en la Argentina está acostumbrado por sus años de permanencia en el país a estos vaivenes, entonces es más fácil explicar a la casa matriz del HSBC.

Hijo de padre y madre contadores, Gabriel Martino tuvo en su hogar la influencia que lo llevó a seguir la misma profesión. Sin embargo, al otro día de recibirse, allá por agosto de 1989 ingresó a trabajar al Banco Roberts, luego comprado por el HSBC, para hacer su propio camino. "Trabajaba en el estudio contable de mi mamá y en febrero del '89 fui a una búsqueda de jóvenes profesionales del Roberts, me ofrecían un sueldo que era un tercio de lo que ganaba con mi vieja. Me recibí y el banco me llamó nuevamente y ahí dije "voy a hacer mi carrera". Una carrera de casi tres décadas, transcurridas en su mayoría en la mesa de dinero del HSBC, tarea que lo llevó a vivir varios años en Nueva York y en México, hasta que en febrero de 2012 reemplazó como CEO a Antonio Losada, a quien considera su "mentor y un hermano mayor". Su fanatismo como trader también tiene en parte una raíz familiar. "Siempre me gustaron los números y mi abuelo materno que vivió con nosotros hasta que falleció, a los 98 años, tuvo una casa de cambios", rememoró Martino.

P.: ¿Cómo define a los mercados?

G. M.: Los mercados es el lugar en donde vos tenés un inversor ávido de invertir en algún producto y del otro lado diferentes personas físicas y/o jurídicas que buscan a ese mercado para desarrollar sus necesidades de inversión. Soy un fanático de los mercados porque creo que ayudan al desarrollo de los países y sobre todo el desarrollo de las empresas. El ejemplo más grande es que nosotros no tenemos mercado de capitales y desgraciadamente con la nacionalización de los fondos de pensión un ahorrista de largo plazo se ha ido. El mercado de capitales no sólo ayuda al sector público y el privado al desarrollo, si no que en muchos casos hace de sostén de crisis, cuanto más desarrollado tengas tu mercado de capitales, cuanto más profundo y más inversores sobre todo locales tengas, la volatilidad va a ser menor. Ahí el ejemplo está en lo que han hecho países no muy lejos de acá, de hecho, la mayoría de los países de Latinoamérica ha desarrollado su mercado como México, Brasil Perú, Colombia y Chile. Cuando mucha gente dice que el brasileño piensa en reales y el argentino en dólares, creo que el mercado de capitales y políticas sustentables ayudan a esa mentalidad de pensar más en ahorro local. Por eso los mercados deberían ser un sostén para los países.

P.: ¿Por qué se demoniza a los mercados?

G. M.: Es que muchas veces lo que sucede en los mercados es una consecuencia del actuar de los gobiernos o de las empresas. Es mucho más fácil echarles la culpa a los mercados que asumir los errores. Los países normales tienen mercados, el tema es que hay que hacerlo de forma inteligente porque por supuesto los mercados te pueden perjudicar, cuando primero vos no los entendés y segundo cuando querés hacer cosas que no tenés que hacer. Hay que tomar a los mercados como un aliado y no como un enemigo.

P.: ¿El público se ha ido sofisticando en cuanto a los instrumentos de inversión?

G. M.:
En lo que es el desarrollo del mercado de capitales local se comenzó a trabajar mucho en los últimos años pero va lento, aunque es injusto decir eso porque por un lado el desarrollo del mercado local está compitiendo un poco afuera, porque el ahorro argentino no está dentro del sistema financiero argentino, entonces lo primero que tenés que hacer es atraer el ahorro argentino dentro de sistema financiero y del mercado de capitales, y es ahí en donde en los últimos años ha crecido y eso es despacito ir inculcando el ahorro en el mediano y largo plazo. Pero es algo incipiente porque la Argentina no cree en el ahorro en su país y eso es lo que hay que trabajar. Es una lástima que hayamos tenido estos vaivenes porque por ejemplo en agosto fue casi récord el nivel de depósitos en dólares, en HSBC tenemos 50% de depósitos en dólares y 50% en pesos, eso muestra lo que es la generación de confianza porque la gente en vez de ahorrar en dólares abajo del colchón y llevárselo afuera, algunos los dejan en el sistema. Tenemos que generar los instrumentos para que la gente los compre y se sienta segura y no que al primer problema salga y venderlos, pero eso lleva muchos, muchos años.

P.: ¿No hubo una sangría de depósitos en dólares?

G. M.:
Cuando tomás el máximo de agosto, sí hubo un pequeño retiro, no algo masivo. Pero nada que sea preocupante. De los 33 mil millones de dólares de depósitos, un poco más de la mitad no están prestados, están en reservas en el Banco Central o en billetes en los bancos, y cuando el 45% que está prestado la gran mayoría son créditos de mediano y corto plazo relacionados al comercio exterior. Está bueno que la gente empiece a confiar un poco más.

P.: ¿Cómo ve la evolución del desarme del stock de Lebac?

G. M.:
En su momento para mí no era tanta preocupación lo de las Lebac, lamentablemente desde lo mediático y algunos analistas lo tomaron como un problema. Uno de los problemas es que los instrumentos de política monetaria sean comprados por actores fuera del sistema financiero, lo que también genera esas dudas. Entonces para evitar esas dudas las Leliq son un instrumento de absorción de excedente de pesos, el problema del sistema es que tenemos tasas del 70% a 80% y no tanto que tenemos las Leliq. Hay que entender que se pueden tener esas tasas hasta que la inflación se encamine.

P.: ¿Las fintech son un enemigo o un aliado?

G. M.: Sostengo que cuanto más jugadores tenés es mejor, mi única duda es cuando lo tenés que regular, si al principio o los tenés que regular una vez que crezcan. Ojalá tengamos muchas de estas empresas. El mundo financiero tiene sus reglas de juego en todas partes del mundo, entonces aquel que quiere ir a competir tiene que respetar la mismas reglas que sirven para que el sistema no se desborde.

P.: ¿En HSBC cómo vienen trabajando en innovación?

G. M.:
Trabajamos para tratar de traer los mejores productos que tenemos en el mundo para instalarlos en la Argentina para atender las necesidades de cada uno de los negocios. Hoy tenemos el 90% de nuestras transacciones por canales alternativos. El modelo de la banca va a modificarse mucha gente no va tanto las sucursales, el cliente busca más el tiempo para otras cosas y no para ir al banco, entonces se dinamiza la forma de trabajo de las sucursales.

P.: ¿El año electoral ponen en juego los cambios estructurales?

G. M.: El año electoral siempre genera volatilidad e incertidumbre en la Argentina y en el mundo, pero en la medida en que vaya avanzando el tiempo ojalá tengamos más certidumbre sobre hacia dónde la Argentina quiere ir. A veces no importa que haya una o dos personas que representen el sentido común, en la medida que uno piense que eso va a ir pasando la volatilidad se va a ir contrayendo.

P.: ¿Considera que el cambio está atado a un proyecto político?

G. M.:
No. Lo que digo es que Argentina tiene que ser un país normal y quien represente la normalidad debería ser la bandera de los argentinos de aquí hacia adelante. Probemos con ser un país normal y a lo mejor nos va bien.

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