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El fin de la bonanza hace temer en Bolivia una etapa de ajuste

La declinación de los precios internacionales de las materias primas y la perspectiva de que el gobierno deba aplicar medidas correctivas, sobre todo sin mayoría absoluta en el Congreso, abre el temor de que se desencadene una crisis económica.

La Paz - Luego de 13 años de bonanza, la perspectiva de que el próximo gobierno de Bolivia deba aplicar medidas correctivas para una época de franca declinación de los precios internacionales de las materias primas, sobre todo si no tiene mayoría absoluta en el parlamento, abre el temor a que se desencadene una crisis económica.

“Sea quien sea, el ganador no tendrá mayoría, habrá un Congreso dividido y la gobernabilidad será más complicada”, vaticinó Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias. “Además hay un contexto internacional de declive en el crecimiento mundial”, remató.

Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, en Washington, señaló que “con la caída de los precios de las materias primas, el Gobierno de Morales se ha visto obligado a pedir más préstamos y reducir las reservas para tratar de mantener los buenos tiempos”.

Según el ministro de Economía, Luis Arce, desde que asumió el mandatario izquierdista, “el ingreso de los bolivianos (PBI per capita) se cuadruplicó” y el FMI pronostica un crecimiento de 3,9% este año.

Cuando llegó al poder, en 2006, Morales encaró un proceso constante de nacionalizaciones, que inició con la expropiación de los hidrocarburos, en manos desde mediados de los 90 de una docena de compañías extranjeras, como la española Repsol, la brasileña Petrobras o la francesa Total. Las nuevas reglas de juego, que le dieron a Bolivia el control del negocio petrolero, permitieron, por ejemplo, la creación de subsidios sociales. “A nivel regional, Bolivia dejó de ser el país más pobre y la pobreza pasó de 38,7% en 2005 a 17,1% en 2017”, según un reciente informe oficial.

Sin emargo, la oposición le endilga a Morales un mal manejo de la economía a la vista del agudo endeudamiento: en 2006 la deuda externa bordeaba los 5.000 millones de dolares y a julio de este año alcanzaba a 10.605 millones.

“Hemos duplicado la deuda externa. Sí y lo decimos con claridad y sin sonrojarnos. Pero lo que no dice la oposición es que el ingreso de los bolivianos se cuadruplicó”, arguyó Arce.

Dijo que la deuda boliviana, que representa 23% del PBI, es sostenible y que el país tiene todavía un margen para seguir contrayendo préstamos externos.

Usados para atenuar la ralentización de la economía, las reservas internacionales netas y otros activos bajaron de una cifra histórica de 14.000 millones de dólares a 8.316 millones a junio de este año.

Además, excepto Venezuela, Bolivia acumuló en 2018 el déficit fiscal más alto de la región: 3.200 millones de dólares, su mayor cifra en tres décadas, según la fundación Milenio.

A la luz de esos datos, “el modelo económico boliviano tuvo éxito durante algunos años, pero ya no es sostenible”, dijo Shifter.

Con tareas pendientes como ajustar el precio de la nafta subvencionada o “sincerar” el tipo de cambio, Blazicevic recomienda “tener mucho cuidado”, vistos los disturbios causados en Ecuador tras el aumento de los combustibles.

“El próximo Gobierno tiene la tarea pendiente, y debe ser muy cauto por lo que estamos viendo y los efectos que vive hoy Ecuador con los ajustes a los carburantes. Lo que menos queremos es generar un clima de violencia, y el nuevo Gobierno debe ser muy hábil”, agregó.

Otro analista, Gaspard Estrada, especialista de América Latina de Sciences Po, París, dijo que aunque Bolivia “ha sido transformada por Evo”, el país “depende demasiado de las exportaciones y no está integrado en la cadena de valor internacional”.

En pleno ocaso de los altos precios de los hidrocarburos, Bolivia se prepara para dar el salto a la producción industrial de litio, mineral clave en la industria electromotriz que lidera China, país con el que tiene firmado un convenio.

Bolivia logró certificar sus reservas de litio de 21 millones de toneladas en febrero pasado, principalmente en el Salar andino de Uyuni -la mayor pastilla salina del mundo-, Coipasa y Pastos Grandes, según datos oficiales.

Por Raúl Burgoa, agencia AFP

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