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El frenesí electoral termina el domingo y anima puja nacional

El domingo vota el último lote clave que incluye a Santa Fe, Formosa, Tierra del Fuego y San Luis. Después, impasse hasta las PASO de agosto.

La política argentina transitó ya la mitad del calendario electoral desdoblado 2019, que este año muestra una lógica de continuidad de los oficialismos. Lógica que, en rigor, suele advertirse en procesos de turbulencias partidarias nacionales como las que enfrentan hoy los sellos mayoritarios de Cambiemos y PJ.

Atípica sucesión de fechas que tendrá una escala rutilante el próximo domingo en Santa Fe, San Luis, Tierra del Fuego y Formosa, para hacer ya un impasse hasta el 11 de agosto cuando no sólo votará gobernador Santa Cruz, sino que todo el país irá a las urnas para elegir a los candidatos a presidente y vice que se renovarán en las generales del 27 de octubre.

Las primeras elecciones a gobernador del año, con PASO y generales en distintas provincias, configuraron un mapa en el que se destacan triunfos de partidos provinciales (Neuquén, Río Negro, Misiones) PJ y Cambiemos (la primera fue este domingo en Jujuy).

Mientras que el kirchnerismo puro tuvo una victoria concreta también en Tucumán y en las PASO de Mendoza en las que la senadora Anabel Fernández Sagasti venció en primarias peronistas a Alejandro Bermejo.

Salvo en el caso de Santa Fe, donde la pulseada entre el socialismo que es gobierno y el peronismo con Omar Perotti a la cabeza podría ofrecer un escenario muy peleado, en el resto de los distritos nada parece indicar que habrá un cambio de rumbo.

Así, la estrategia de los gobernadores de despegar sus elecciones de las fechas nacionales dio hasta aquí el resultado esperado: blindar el poder local para evitar un saldo adverso fruto de un arrastre negativo de votos.

La provincialización de las campañas juega un papel preponderante y definitivo también a la hora de admitir la pertenencia de los mandatarios en el juego de roles nacionales, en medio de la polarización y las pujas por las candidaturas presidenciales.

Como lo fueron los del domingo pasado, los próximos turnos también animarán la necesidad de cerrar filas detrás de la fórmula de Alberto Fernández-Cristina de Kirchner en el caso, por ejemplo, de San Luis donde el actual gobernador Alberto Rodríguez Saá buscará la reelección enfrentando a su propio hermano Adolfo (ambos por expresiones peronistas diferentes) y a su exdelfín, el senador Claudio Poggi, hoy afiliado a los cuarteles de Cambiemos.

En Tierra del Fuego, en tanto, la alianza entre la actual gobernadora Rosana Bertone y la expresión local de La Cámpora aceita la continuidad del kirchnerismo austral también en la ciudad de Ushuaia.

La otra batalla es la de Formosa. Allí, casi con salvajismo democrático, Gildo Insfrán -soldado incondicional de Cristina de Kirchner- descuenta un nuevo triunfo (el número siete) de la mano de la reelección indefinida que rige -todavía- en ese distrito. En la vereda de enfrente, un ensayo raro: Adrián Bogado, hijo del fallecido exgobernador y vicegobernador peronista Floro Bogado, cerró un acuerdo con el PRO y la UCR, principalmente, para encabezar la lista a gobernador bajo el sello Frente Amplio. Ese experimento incluye también a sectores del peronismo no “insfranista” que a nivel nacional alientan además la necesidad de constituir una alternativa a Mauricio Macri y al kirchnerismo.

¿Será el de Formosa un ejemplo de la fórmula ampliada que reclama la UCR para la candidatura presidencial? Quizás. Pero también lo son, por caso, los frentes Cambia Mendoza -que incluyen por caso al Frente Renovador- y Cambia Jujuy, que aglutinan y pegotean con probado éxito a diversos sectores partidarios más allá del radicalismo y el macrismo.

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