Opiniones

El G-20, el futuro del trabajo, el hombre y el perro

La Declaración de Líderes del G-20 sostiene que “se espera que las tecnologías transformativas traigan consigo enormes oportunidades económicas… No obstante la transición podría generar desafíos para las personas, las empresas y los gobiernos…”. En esta misma línea de ideas, un director de Recursos Humanos afirma que en un futuro no muy lejano sólo serán necesarios un hombre y un perro para operar la planta en la provincia de Buenos Aires. El hombre se dedicará a alimentar al perro y el perro deberá cuidar que el hombre no toque ninguna máquina.

Ahora bien, la formulación genérica del documento final del G-20 y la dura visión del hombre y el perro transpiran el mismo problema: el impacto que la incorporación de la tecnología tiene sobre los principales actores del mundo del trabajo: empresas, trabajadores y sindicatos.

Sin pretender agotar todos los aspectos involucrados, nos interesa detenernos en las principales tensiones que deben afrontar estos actores. Las empresas pierden competitividad. Los trabajadores pierden puestos de trabajo. Los sindicatos pierden trabajadores. Lo cierto es que, más allá de las obvias contradicciones que podrían encontrarse al formular estas tensiones, también debería llamarnos la atención el común denominador que las atraviesa por igual: la supervivencia. Para las empresas la incorporación de tecnología tiene una relación directa con su viabilidad, así las empresas que no incorporen tecnología deberán cerrar sus puertas. Pretender relativizar esta afirmación sobre la idea de la búsqueda de una mayor rentabilidad de los accionistas es no comprender el impacto de la tecnología en los procesos productivos. Para los trabajadores el problema de la supervivencia se advierte sin dificultad: la pérdida de los puestos de trabajo y, tan importante como esto, la dificultad, enorme en nuestro país, para reinsertarse en el mundo laboral.

Por último, los sindicatos también enfrentan el problema de la supervivencia porque un sindicato sin trabajadores no es un sindicato, dejará de tener el sujeto que justifica su existencia. Al exponer esta realidad buscamos contribuir a sincerar las mesas de discusión y entender que, al final de cuentas, todos los actores enfrentan el mismo dilema, el de su supervivencia de cara a la tecnología. Más aún, impedir o dilatar la incorporación de tecnología en los procesos productivos no soluciona el problema, peor aún, nos conduce, inexorablemente, al peor de todos los escenarios: la pérdida de las empresas, de los puestos de trabajo, de los sindicatos y, por ende, a la crisis en los gobiernos. Encarar seriamente este problema implica reconocer que, en primer lugar, habrá perjudicados y, en segundo lugar, que la negociación directa de los sujetos involucrados con la intervención y asistencia del Estado resulta la mejor alternativa a nuestro alcance.

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