Economía

El Gobierno propone un viaje en el tiempo para salir de la crisis del dólar

El nuevo equipo económico propone volver a las bandas cambiarias en la cotización del dólar, retomar la agenda del déficit cero, reestablecer las pautas del acuerdo con el FMI, utilizar la tasa de interés de las Leliq como resorte anti-corridas y apuntalar el incremento en las tasas que pagan los plazos fijos, entre otras cuestiones.

Con la conferencia de prensa del tándem Lacunza-Sandleris queda claro que el Gobierno propone, hoy, ahora, un viaje en el tiempo. Pero no al futuro, sino al pasado.

Con las medidas anunciadas, con la mirada y el análisis al desnudo, los funcionarios de Hacienda y el Banco Central quieren ofrendar un mensaje a la sociedad: aquí no ha pasado nada. Sin embargo esto no es así: existe un volumen creciente de escepticismo de parte de la sociedad en que el Gobierno pueda encausar el derrotero económico que afecta a muchos argentinos, como también existe ese mismo bloque monolítico y latente de escepticismo -cuya dimensión es proporcional a la incertidumbre- de que la gestión de los próximos meses sea capaz de garantizar el repago de la deuda y los intereses. En rigor, el combo de “medidas” anunciadas (que no son medidas) va en el mismo sentido de lo articulado hasta ahora y trabaja en la misma dinámica de lo que trajo al Gobierno hasta aquí y lo que derivó en una caída enorme en su apoyo político.

Lo que dejaron los mensajes de esta mañana es la evidencia de que el equipo económico y, por ende, el presidente Macri, no está dispuesto a rendir sus banderas en pos de mitigar la incertidumbre que campea a sus anchas y amenaza con desbordarse. Que no habrá modificaciones que podrían esperarse como modificar los plazos para que exportadores liquiden sus dólares en el mercado local, encajes a los capitales especulativos, etc., medidas que apuntalen la idea de que la restricción externa (las dificultades para conseguir los dólares futuros) puede ser menos grave de lo que se preanuncia. Por supuesto, tampoco hubo decisiones para tratar de impulsar la actividad económica o poner en marcha los motores del consumo o la inversión pública. Por ende, se preanuncia un escenario con mayor recesión combinada con una inflación creciente. Es decir, el peor escenario.

En cambio, el Gobierno propone volver a las bandas cambiarias en la cotización del dólar, retomar la agenda del déficit cero, reestablecer las pautas del acuerdo con el FMI, utilizar la tasa de interés de las Leliq como resorte anti-corridas, apuntalar el incremento en las tasas que pagan los plazos fijos, entre otras cuestiones. Nada para objetar si lo que se intenta es darle señales a los mercados de que, como dijo Lacunza “el tipo de cambio está por encima del punto de equilibrio", que “no hace falta un tipo de cambio más alto”. Tampoco si, como se dijo, “cualquier presión alcista no va a obedecer a cuestiones reales sino especulativas" y que “el Banco Central usará todas las herramientas necesarias para que el tipo de cambio no abandone el rango de precios en el que se movió la semana pasada, evitando una excesiva volatilidad que genere incertidumbre sobre los inversores y los ahorristas”.

Pero las verdaderas dudas parecieran ser dos y no han quedado despejadas. La primera, si la Argentina puede sostener a futuro su compromiso con la deuda emitida en los mercados financieros y el repago del préstamo del FMI; la segunda, si la dinámica de inflación, recesión, pobreza y caída acelerada de la legitimidad política del Gobierno tendrá alguna dosis especial de freno hasta que asuma el nuevo gobierno.

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