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El italiano que dividió aguas en el Vaticano

• DIÁLOGO CON VINCENZO MARRA, QUE PRESENTA "EL EQUILIBRIO" EN LA SEMANA DE CINE EN RECOLETA
La película se ocupa de un sacerdote que lucha entre mafias y basurales, y luego es abandonado a su suerte por la Iglesia. La Santa Sede lo invitó a proyectarla antes del estreno, y las opiniones chocaron.

"Es como la semilla de la parábola", dice el napolitano Vincenzo Marra sobre su film "El equilibrio", que integra la actual Muestra de Cine Italiano en el Village. El tema es bravo: la lucha de un cura entre mafias y basurales. Marra está en Buenos Aires y dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué reacción tuvo el Vaticano ante su obra?

Vincenzo Marra:
Me invitaron a proyectarla, después la discutieron, algunos estaban molestos por la pintura que hago de la curia, que deja abandonado al protagonista a su suerte, pero yo recuerdo la emoción de un obispo africano, y de mi tío Bruno, jesuita que dedicó su vida a la periferia. Él y otros dos religiosos habían leído el guión y me animaron a ser todavía más duro. Y les pareció bien cuando el cura de la película se enoja con Dios. "Mannaggia Dio!", dice. Es un gesto humano de rabia, o desesperación, así como Cristo le reprochó desde la cruz "Padre, ¿por qué me has abandonado?"

P.: Hay otro cura con una posición distinta.

V.M.:
Pero no es tan malo como alguna gente quiere creer. Él no reclama justicia, pero trata de hacer lo que puede, salvar lo que se puede y dar un consuelo a los afligidos. Es un criterio comprensible. Al final en el Vaticano les pareció "digna". Me río porque esa tarde mi madre me decía "no vayás, porque cuando la vean no te van a dejar salir".

P.: Usted habla un español rioplatense, ¿dónde lo aprendió?

V. M.:
En mi casa paterna, porque mi familia era solidaria con los exiliados, casi todos chilenos y argentinos. Por eso también crecí con esa pasión latinoamericana por los temas políticos. Y recuerdo siempre cuando veía gente llorando de nostalgia, y no comprendía por qué una persona no puede volver a su casa cuando quiere.

P.: Curiosamente, su primera película se llama "Tornando a casa", sobre pescadores e inmigrantes.

V.M.:
Había presentado el guión a un concurso importante, lo gané, se enteró Amedeo Pagani, el productor de "Garage Olimpo" (donde fui asistente), me llamó y dijo "Intentemos hacer esa historia tuya". Y a partir de allí seguí trabajando, aunque también viví un período difícil, justo cuando tuve un hijo con una chilena y había que mantenerlo. Para colmo, el cine es como el deporte pero tiene una estafa.

P.: ¿Cómo es eso?

V.M.:
Al momento del partido, en la cancha solo quedan los jugadores y el árbitro, y todo se desarrolla según las reglas. Pero en un rodaje mucha gente quiere imponer sus propias reglas, hay entrometidos que no saben nada, y estrellas que no aceptan el menor golpe.

P.: ¿Cómo? ¿Usted les pega?

V.M.:
Me explico: yo siempre muestro un video de las patadas que recibía Maradona. Una, y otra, y otra pero nunca se separaba de la pelota, porque recibir golpes también era parte de su trabajo. Y muchas estrellas solo quieren mimos.

P.: Pero usted trabajó con Fanny Ardant y Mario Scamarcio, el galán italiano que estuvo en Pantalla Pinamar.

V.M.:
Ellos son verdaderos profesionales.

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