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El mendocino que sueña con ser el próximo “unicornio”

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La empresa de software Belatrix surgió en plena crisis de 2001. Hoy espera sumarse a la elite de las compañías argentinas cuyo valor de mercado supera los u$s1.000 millones. Ámbito Biz charló con su CEO y fundador, Luis Robbio.

Cuando la cuenta Luis Robbio, la historia de Belatrix, la empresa de software que fundó junto a sus dos hijos, es casi mitológica. Surgida, según sus palabras, "de las cenizas como el ave fenix" a soñar casi 20 años después con sumarse al selecto grupo de los "unicornios", las cuatro empresas argentinas -Mercado Libre, Despegar, OLX y Globant- que superan los u$s1.000 millones de valor de mercado. Hoy esta compañía que nació en la provincia de Mendoza tiene sedes en varios países y ya está instalada en Silicon Valley, la meca de la tecnología mundial.

"Somos una consecuencia de la gran crisis de 2001. Teníamos una empresa que hacía automatización y control, y nuestros clientes estaban todos en la Argentina. Quedamos fundidos literalmente", recuerda Robbio en diálogo con Ámbito Biz. Pero la crisis fue también una oportunidad. "Vimos que con la megadevalución de ese entonces podíamos ser muy competitivos exportando servicios", explica el hoy CEO de Belatrix. Junto a sus hijos Alejandro y Federico fundaron la compañía y comenzaron a trabajar con su primer cliente en EE.UU., en un momento en que el mundo le daba la espalda a una Argentina en quiebra.

La primera incursión de Belatrix en el exterior fue en China, pero no fue exitosa. Luego siguió en Lima (Perú) y Bogotá (Colombia), para llegar luego a Silicon Valley, en California. Además, tiene su sede en Mendoza y un centro de desarrollo en la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad la compañía cuenta con 670 empleados en total y espera facturar este año u$s40 millones.

Uno de sus puntos fuertes es que el 90% de sus clientes están en el exterior, porque lo que exportan en dólares mientras que produce principalmente en pesos. "Somos especialistas en trabajar a distancia, pero algunos clientes nos decían que quieren que estemos ahí al alcance de la mano. Esto fue algo progresivo y llegó un momento en el que dijimos tenemos que estar físicamente ahí y esa fue la razón nosotros tenemos una oficina técnica y comercial en Silicon Valley. Desde ahí atendemos clientes desde startup, hasta empresas de tamaño gigante de 15.000 a 20.000 empleados", explica Robbio. Belatrix tiene dos tipos de clientes: aquellos para los que el software es el eje central en su gestión, y otros que hacen productos de software para clientes. "En los dos casos somos una empresa que aporta know-how, fuerza de trabajo para hacer los desarrollos, que interviene en las estrategias de calidad; es decir, tenemos un relacionamiento muy fuerte con nuestros clientes", asevera. Esto es lo que mantiene a Robbio, según dice entre risas, más tiempo arriba de un avión que en su casa. "Estoy acumulando millas a lo loco", dice.

"Ya salieron varias notas preguntando si Belatrix será el próximo 'unicornio' argentino. ¡Me encantaría! Yo me veo lejos, pero yendo. Tenemos voluntad de crecer. Hemos armado un equipo gerencial importante, hemos construido algo que cuesta muchísimo. Desde el día cero nunca nos pusimos un techo en la ambición. Hay que soñar con la cabeza y caminar con los pies", se sincera Robbio sobre las aspiraciones de la empresa para el futuro.

EL CONTEXTO LOCAL

Para el empresario mendocino, hay dos cuestiones clave para el mayor desarrollo de la industria del software en la Argentina: previsibilidad de la economía y formación de profesionales.

"Es muy complicado planificar con este escenario tan cambiante porque hasta hace un mes y medio la expectativa oficial era que el dólar no estaba sobrevaluado y ahora lo tenemos un 33% más alto. Y si no estaba sobrevaluado hace unos meses, entonces ahora qué pasó. Es muy complicado", opina Robbio. Respecto a este nuevo salto del tipo de cambio, consideró que "corrige el atraso de los últimos dos años, que era importante y que provocó que en lugar de crecer en el país creciéramos en el exterior". "Estamos expectantes a ver si es un veranito, como ya ha pasado en otras oportunidades, porque inmediatamente la inflación alcanza esto y termina siendo neutro, y lo único que genera es un desorden en el que uno no sabe hacia dónde va", afirma. Particularmente sobre su sector, Robbio cuenta que cada vez que se devalúa el peso inmediatamente le preguntan si aumentaron sus exportaciones. "Esto no es una industria que es de un día para el otro, lleva tiempo. Hacer daño se hace daño enseguida pero construir lleva tiempo", responde.

Asimismo, agrega: "Debería haber un foco muy fuerte del Gobierno en la industria. La primera exportación de la Argentina al mundo es el sector agrícola; la segunda, y deficitaria, es la automotriz. En cambio, la del software es superavitaria. Nosotros exportamos y prácticamente no importamos nada. Es una gran oportunidad para el país. Uno no entiende por qué no se le pone más foco por parte del país en esto". Sin embargo, destacó la ley de promoción de la industria del software que, espera, continúe vigente esté quien esté en el Gobierno.

Por otro lado, Robbio remarca su opinión sobre la calidad fomativa de los jóvenes, un factor fundamental para el desarrollo de la industria. Y es que su diagnóstico tiene síntomas visibles. Según CESSI, la Cámara que representa al sector, anualmente quedan sin cubrir 5.000 puestos de trabajo. "En la Argentina viene en franco deterioro la educación y parece que mientras más plata le echamos peor viene. La materia prima nuestra es la gente preparada y la verdad es que tenemos un techo en el crecimiento por falta de disponibilidad de la gente. La falta de recurso humano es un techo que nos pone el país para crecer y es un crimen", analiza.

Y sigue: "El Estado es responsable de la educación, no los empresarios. Lo que hacemos los empresarios es darle sintonía fina a la gente, pero no podemos prepararla desde el secundario para esta carrera. Eso no nos corresponde y si lo quiero hacer, no soy competitivo. Es un gasto que debe afrontar el Estado". Para Robbio "a los chicos les atrae esta materia -el desarrollo de software- pero llegan con un nivel de matemáticas espantoso. Están convencidos de que la programación es matemática y no es así. Entonces llegan a la decisión de la carrera universitaria con un abanico muy chico porque el secundario los deja muy mal".

"Seguimos hablando de los servicios basados en el conocimiento y desde el punto de vista de la educación si no hacemos algo estamos tirando la plata y nos estamos autoengañando. Desde el Ministerio de Producción se lanzó un programa para formar programadores. Creo que hay que seguir dándole curso a eso a ver si logramos preparar gente. Es un crimen porque es gente que cobra por encima del promedio salarial, que no tiene un techo para su crecimiento profesional, que son respetados en el mundo de la informática gracias al trabajo de empresas como Globant o Mercado Libre, de nosotros. Hoy en día el software de la Argentina se respeta en Estados Unidos y el resto del mundo. No crecemos más por falta de gente y eso es un crimen, porque es una oportunidad laboral impresionante; es un sector con desocupación cero y seguimos gastando plata formando profesionales de otras carreras que no tienen trabajo", profundiza el CEO de Belatrix.

Respecto al clima emprendedor en la Argentina, Robbio celebra que "en los últimos años se ha empezado a hablar de un tema que antes ni existía", pero advierte que falta mayor desarrollo para apuntar alto. "No quiero ser negativo. El otro día me preguntaron a qué distancia está la Argentina de convertirnos en Silicon Valley; y le digo que 15.000 kilómetros. Silicon Valley no es hacer un edificio y decir 'bueno acá se hace esto'. Hay que tener previsibilidad, capacitar a la gente y mejorar la educación", concluyó.

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