El Mundial desata enojo en China que sigue con restricciones por el covid

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Por un nuevo brote gran parte de la población volvió a ser confinada y las empresas volvieron el teletrabajo.

Pekin - Con escuelas, restoranes y comercios cerrados de nuevo y el miedo a ser confinados en cualquier momento, la capital china es un hervidero de temor y hastío ante el endurecimiento de las restricciones anticovid, casi tres años después del inicio de la pandemia.

Las imágenes de espectadores sin mascarilla en el Mundial de Fútbol de Qatar están enfureciendo a los chinos en las redes sociales, que siguen sometidos a las estrictas medidas de la política de “cero covid” de Pekín, mientras el resto del mundo convive con el virus. “Algunos asisten en persona a los partidos del Mundial y sin mascarillas, mientras otras llevan un mes confinadas en sus casas, en el mismo sitio durante dos meses, sin poder poner un pie fuera”, escribió un residente de Guangdong en la red social Weibo, el equivalente chino de Twitter.

Quejas

“¿Quién me ha robado la vida? No lo diré”, añade, en medio de las quejas por la política del régimen chino para limitar la propagación de los casos de covid-19.

En los últimos días, la capital china experimenta un brote nunca visto y decenas de edificios residenciales fueron confinados y las empresas decretaron el teletrabajo.

Según los analistas del Instituto Nomura, más de una cuarta parte de la población de China fue sometida a algún tipo de confinamiento el martes, en contraste con las multitudes del Mundial.

Una gran parte de la población está cansada de las restricciones, que muchas veces son vagas y cambiantes, y cuya duración nunca se anuncia de antemano.

“Estoy harto de todo esto. No hay nadie en las calles...”, explica Elaine, una joven oficinista. “Quiero salir a cenar y ver a mis amigos, pero es imposible”, añade.

Una francesa que vive en Pekín se encontró atrapada en el departamento de su novio el lunes por la mañana después de pasar la noche. ¿La razón? Uno de los vecinos dio positivo, lo que llevó al confinamiento de todo el edificio durante cinco días. “Cada noche pensamos que podríamos quedar atrapados en nuestro departamento a la mañana siguiente...”, comenta la joven, que desea permanecer en el anonimato para evitar posibles problemas.

“Lo único que nos queda es la libertad de caminar por la calle y respirar aire fresco”, prosigue.

Las colas a veces se extienden a lo largo de decenas de metros frente a los pequeños puestos de pruebas PCR esparcidos por todo Pekín.

Los comercios deben operar en medio de restricciones difusas puesto que las directivas no se anuncian claramente en los medios de comunicación.

Son a menudo las administraciones de los barrios que notifican directamente a restoranes, bares o tiendas el orden de cierre, generalmente de improviso.

La ciudad de Pekín anunció ayer cerca de 1.500 nuevos casos, la gran mayoría cuadros asintomáticos, en una urbe de 22 millones de habitantes. La capital china nunca había registrado este nivel de contagios desde que comenzó la pandemia, pero esta cota sigue estando lejos de la que registran otros países.

Casi tres años después del comienzo de la pandemia, la reacción de las autoridades chinas parece desproporcionada en comparación a la situación de muchos otros países del mundo que conviven con el virus.

Ahora, los habitantes de Pekín temen un confinamiento general, similar al impuesto este año durante tres meses en Shangái, la ciudad más grande del país (25 millones de habitantes). El episodio se caracterizó por problemas de abastecimiento de alimentos, dificultades de acceso a los hospitales para enfermos con patologías diferentes al coronavirus y manifestaciones de descontento.

Agencia AFP

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