Opiniones

El mundo que viene todavía no tiene dueños

El mundo está cambiando y aunque muchos no quieran, dichos cambios llegarán al país. En Argentina discutimos aún si hay que cerrar la frontera o abrirnos al mundo.

Otro día más en la oficina. La situación actual del país es preocupante y el futuro incierto. Me sirvo un café. El primero de la mañana. Estoy desorientado pues todo cambió luego de las PASO.

Me cuesta encarar el día. Ingreso a Linked In a leer, ver un poco, de otras empresas y profesionales. Leo una publicación de World Economic Forum que señala que 3 de cada 10 japoneses tiene más de 65 años y que el 13% de los trabajadores es mayor a los 65 años. Me pongo a pensar que el cambio nos afecta a todos y que Japón, a pesar de su economía muy desarrollada, tiene sus propios problemas.

“Mal de muchos, consuelo de tontos” me decía mi vieja, algunas décadas atrás, cuando traía malas notas del colegio y me justificaba con que éramos muchos los desaprobados.

Sigo leyendo Linked In mientras termino mi café y leo una publicación del empresario español Carlos Barrabes que dice “el mundo que viene todavía no tiene dueños”.

- ¡Estoy aún a tiempo! Grito, mientras me río con ganas.

En ese instante me escribe por WhatsApp, Vijay Govindarajan, un académico de la Universidad de Dartmouth.

—¡Hola Maxi! ¿Cómo está la familia?

—Hey Vijay ¿Cómo estás? La familia bien, el país complicado. Respondo.

Brevemente le explico lo sucedido en las elecciones, la incertidumbre y lo difícil que me resulta ahora planificar, más allá de la semana próxima.

—Maxi, ¡el contexto es muy importante! Ya nos iluminó Ortega y Gasset al respecto; pero no lo es todo. En muchos casos, las crisis se producen por malas decisiones, no por el contexto. Hace poco tiempo publiqué un estudio que hice sobre casi 30 mil empresas que vienen operando en Estados Unidos hace décadas y allí descubrí que el 80% de las empresas que existían al comienzo de los 80s, ya no existen y la tendencia me dice que para el 2021, solo habrán sobrevivido un 3%.

Me despido de Vijay y me quedo pensando. La situación del mundo o del país no es todo efectivamente; aun así, en Estados Unidos, a pesar de su fortaleza económica, sobreviven muy pocas empresas; ¿qué nos queda en Argentina?

Antes de ponerme a trabajar busco en Internet las empresas más valiosas del mundo en la década del 70’ y veo a Kodak en el 4º lugar. En 2019 las primeras 3 posiciones las ocupan Microsoft, Apple y Amazon. Busco de Argentina y leo que Mercado Libre vale 7 veces YPF.

Vijay y Carlos Barrabes tenían razón. Todo cambia muy rápido, las empresas más valiosas de los próximos años tal vez aún no han nacido. Ya no me rio.

Decido dedicar la mañana a resolver las diferentes situaciones que presentan los clientes, bancos, contadores, equipo. Para pensar en lo importante, primero debo ordenar el negocio.

Suena el teléfono. Es Jorge, el CEO de una empresa metalmecánica mediana.

—Maxi, ¿qué haces? Necesito que nos juntemos. Los gremios están intensos y me impiden operar con normalidad. Luego de las PASO se volvió todo imposible. Ya no sé qué hacer.

Por adentro pienso ¿cómo podría explicarle a Vijay que nuestro contexto político es una barrera permanente para el desarrollo?

La llamada me recuerda el estudio que publicó la OCDE sobre la automatización del trabajo, el cual señala que el 14% de los empleos de los países miembros, podrían ser reemplazados en la actualidad por robots, y vuelvo a pensar en los problemas de Jorge con el sindicato ¿se acabarán sus problemas con los sindicatos en el futuro?

Pienso también en la estrategia de las organizaciones modernas para combinar la gente adecuada, con las capacidades necesarias, en la posición correcta. ¡Qué difícil es trabajar en el largo plazo en Argentina!

Recientemente leí una nota que le hicieron a 12 CEOs que lideraron procesos de transformación con éxito y coincidían en que las tres claves fueron: convicción en la necesidad de cambio, tratar al proceso como un viaje con fecha de inicio pero sin fin (no es un proyecto, es una forma de concebir el negocio) y establecer metas ambiciosas pero alcanzables a todas las gerencias. En Argentina discutimos aún si hay que cerrar la frontera o abrirnos al mundo.

Sacudo la cabeza como para dejar de pensar en los problemas y acuerdo con Jorge reunirnos esa tarde con nuestros equipos para ver si podemos aportar algo a la situación.

Me entra en ese instante un email de Carlyn Taylor, líder del área de business transformation de FTI Consulting cuyo asunto es “Gestionar la disrupción masiva”. Me interesa. Lo abro y leo “Los líderes empresariales de hoy están lidiando con una disrupción masiva en sus negocios centrales debido a las tecnologías emergentes, nuevos competidores y la evolución de los modelos de negocio”. Debería sumarla a la reunión con Jorge para que le cuente para dónde van las empresas en el mundo, lástima que viva en los Estados Unidos. Marco el email como no leído para retomarlo luego.

Es media mañana, hora del mate. Lo preparo y vuelvo al escritorio.

Ya con mejor ánimo me pongo a pensar en las oportunidades que están surgiendo. El mundo está cambiando y aunque muchos no quieran, dichos cambios llegarán al país. Los canales de aire seguirán perdiendo audiencia, las líneas aéreas low cost seguirán volando y cada vez serán más. La cantidad de empleados públicos caerá, pues muchas tareas ya no son necesarias o se automatizarán; los resúmenes del banco ya no vendrán en papel ni hará falta andar siempre con efectivo en la billetera. No perderemos las piernas por úlceras, no moriremos de cáncer, comeremos carne cultivada y la inteligencia artificial nos informará cómo debe ser nuestra pareja perfecta.

Esos cambios ya llegaron y vendrán nuevos. Es así, al sol no lo podemos tapar con las manos, a pesar de las barreras que algunos interpongan.

Sonrío. Carlos tiene razón, la velocidad del cambio es tal, que el mundo que viene todavía no tiene dueños.

Me cebo otro mate y vuelvo a trabajar.

(*) Socio de Consultora HRC

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario