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El nazi que actuó con Alberto Sordi

En "Una vida difícil", el soldado que lo atrapa no era un actor de reparto sino un exSS real, que participó en la masacre de las Fosas Ardeatinas.

“Una vida difícil” (“Una vita difficile”, 1961) no sólo es una de las mejores comedias dramáticas de Dino Risi, el famoso director de “Il sorpasso”, “Los monstruos” y “Perfume de mujer”, sino del cine italiano en general. En 2008 fue declarada por el Istituto Luce-Cinecittà una de las cien películas patrimoniales de Italia, lista que tuvo en cuenta aquellos films “que han cambiado la memoria colectiva del país entre 1942 y 1978”.

Su protagonista, Alberto Sordi, encarna a un partisano llamado Silvio Magnozzi, inspirado en uno de los integrantes del Grupo de Acción Patriótica (GAP) que, el 23 de marzo de 1944, llevó a cabo el llamado atentado de Via Rasella, en Roma, contra una de las divisiones nazis que ocupaban el territorio italiano. Ese atentado con explosivos dejó un saldo de 33 alemanes muertos, y fue el mayor que se llevó a cabo en Europa contra la dictadura de Hitler fuera de Alemania.

El argumento de “Una vida difícil” arranca en ese momento histórico, sigue hasta principios de los 60 (cuando se filmó), y recorre muchos de los avatares políticos de ese período; hay, por ejemplo, una escena antológica en casa de unos nobles en decadencia el día del sufragio en que Italia abandonó el régimen monárquico para convertirse en una república. Sin embargo, pese a los numerosos estudios que le dedicaron las historias del cine, hay un detalle que, sorprendentemente, se pasa por alto o sólo se menciona al pasar.

Sordi, al comenzar el film está huyendo de Roma, después del atentado contra los alemanes, y busca refugio en una pensión que le recomendaron en las cercanías del lago de Como, territorio ocupado por los alemanes. Allí lo descubre un soldado nazi que se dispone a fusilarlo “por haber atentado contra mis camaradas”. El soldado lo lleva a un patio interior de la pensión y, cuando está por disparar, aparece desde atrás Elena (Lea Massari), hija de la dueña de la pensión, que mata al alemán con un golpe de su plancha para la ropa. Entre ambos se deshacen del cadáver, ella le busca refugio a Sordi, e inician en ese momento una relación amorosa que, con sus acercamientos y desencuentros, durará toda la película.

El detalle, que hoy sería inaceptable y mundialmente repudiado, es que el soldado alemán no es un simple actor secundario que hace de nazi sino un ex SS auténtico. Su nombre era Borante Domizlaff, un criminal que participó de manera directa en la masacre de las Fosas Ardeatinas (ocurrida exactamente un día después del atentado de via Rasella, es decir, el 24 de marzo de 1944, una fecha aparentemente fatídica) en la que los nazis, por orden directa de Hitler, asesinaron a 335 civiles italianos como represalia. Es decir, “por haber atentado contra mis camaradas”, tal como dice el personaje de Domizlaff en esa escena con un realismo más que escalofriante.

En el juicio por la masacre, realizado en 1948 en Roma por un tribunal militar, sólo se condenó al comandante a cargo, Herbert Kappler, que dirigía la división de la Gestapo en Italia (recibió cadena perpetua) pero tanto Domizlaff, quien según varias fuentes tuvo participación directa en la confección de las listas de quienes iban a matar, y otros tantos, fueron absueltos.

Hubo otro oficial nazi que ni siquiera llegó a ser juzgado porque huyó primero a Suiza y poco después encontró refugio en Bariloche, donde llegó a convertirse en un vecino respetado: nuestro conocido Erich Priebke, quien vivió en paz hasta 1994, año en el que fue descubierto. Se lo extraditó a Italia y juzgó al año siguiente. Murió casi centenario.

Nadie explicó nunca cómo Domizlaff apareció en ese casting “as himself”, y por qué razón se lo contrató. ¿Para darle más realismo a la escena? Trasponiendo el famoso concepto de Hannah Arendt sobre la “banalidad del mal” en el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén, quizá podría hablarse en este caso de “la banalidad del actor de reparto”.

Quizá el que dio una respuesta aproximada fue el propio Erich Priebke en un reportaje que le realizó en 1994, en Bariloche, el diario italiano “La Reppublica”, poco después de su identificación y antes de que se confirmara su extradición. Cuando la periodista le pregunta si estaría dispuesto a “identificar a algunos de sus camaradas si llegara a ser extraditado”, Priebke alude inconfundiblemente a Domizlaff, aunque sin mencionarlo: “Creo que sí. Algunos de ellos viven o han vivido por muchos años en Roma después de la guerra, o en otros lugares de Italia. Había uno que se quedó porque se había puesto de novio con una italiana, y poco después lo eligieron para trabajar en una película sobre las Fosas Ardeatinas. Lo buscaron y lo llevaron a actuar porque decían que parecía un perfecto alemán”.

El “Sturmbannführer” Borante Georg Domizlaff había nacido el 7 de octubre de 1907 en Hannover, en el seno de una familia numerosa. Era el menor de siete hermanos entre los cuales había otros militares, aunque no nazis. Con la llegada al poder de Hitler le aconsejaron que abandonara la milicia y se dedicara al negocio de su padre, los seguros, pero Borante no quiso. En enero de 1944 fue promovido a SS, en abril participó de la masacre, en 1948 lo absolvieron por “obediencia debida”, en 1961 se interpretó a sí mismo junto a Alberto Sordi, y el 25 de octubre de 1984 murió en su ciudad natal, Hannover, sin mayores preocupaciones ni cargos de conciencia.

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