Edición Impresa

El pensamiento "libertario" es el sálvese quien pueda

La vigencia del liberalismo signado por profundas crisis en su evolución llevó finalmente al tremendo cataclismo de los años 30. Para enfrentar esa crisis gigantesca se hizo necesaria una mayor participación del Estado, dando lugar poco a poco a las ideas que plasmó Keynes. El keynesianismo que prevaleció en el mundo básicamente planteó que dejando la economía librada a los mercados podría tornarse imposible alcanzar el pleno empleo. Además, afirmó que con capacidad ociosa y elevada desocupación el aumento del gasto público podían poner en marcha las economías, sin que estas sufran peligrosos efectos inflacionarios.

El modelo keynesiano prevaleció en el mundo desde la posguerra hasta mediados de los 70, dando lugar a una etapa de crecimiento sostenido de la economía mundial, que fue denominado como el capitalismo poscíclico. Las caídas en el nivel de actividad y el empleo lo resolvían básicamente las políticas keynesianas.

Tras una bonanza que alcanzó a escala mundial dos décadas, el cambio de paradigma se produjo en los años 70. El aumento del petróleo -impulsado por la OPEP- y de las materias primas en general, en un contexto de bajo desempleo y generosa política social, llevaron a un escenario, hasta ese momento poco frecuente, de estancamiento con inflación conocido como estanflación, concepto que perdura hasta nuestros días. Las políticas keynesianas parecían agotadas y resurge el liberalismo. Se vuelve a dar prioridad a la desregulación de los mercados y al equilibrio fiscal, se reivindica a los pensadores liberales de última generación y luego Milton Friedman ocupa el lugar de Keynes en el liderazgo del pensamiento económico global. No se entiende por qué sus partidarios no aceptan la denominación de neoliberales cuando efectivamente reencarnan el liberalismo si bien incluyen nuevos ingredientes.

Como respuesta surgieron los neokeynesianos y en América Latina se desarrolló una visón llamada estructuralista, que conformaron el pensamiento heterodoxo, que plantea que la inflación tiene diferentes causas y continúa reivindicando la intervención del Estado a través de políticas activas. Se trata de una heterodoxia que puede ser responsable o irresponsable, según los límites que imponga a su accionar. Hubo muchas experiencias exitosas basadas en el pensamiento heterdoxo y unas pocas en el pensamiento neoliberal, pero puede afirmarse que cuando la intervención del Estado fue muy grande o se liberalizó demasiado, el fracaso fue rotundo.

El pensamiento libertario encaja en el proceso iniciado en los años 70 -aunque sus antecedentes se remontan a mucho tiempo atrás- llevando incluso a plantear la desaparición del Estado. En la búsqueda del equilibrio fiscal inmediato están dispuestos a sacrificar la seguridad social y persiguiendo la desregulación llegan a extremos que incluyen la liquidación del Banco Central, la privatización de la emisión de dinero y la supresión de toda restricción a los monopolios, entre otros aspectos.

En sus expresiones criollas -más allá del a veces irresponsable humor de algunos de sus representantes- se cuestiona a toda la clase política, a la que se considera absoluta e irrecuperablemente corrupta, e incluso que aplicar impuestos constituye un robo.

De esa forma se cae en un singular pensamiento anarquista.

Ignoran que la corrupción lamentablemente anida no sólo en los gobiernos. Hay corrupción entre los periodistas, entre los economistas, entre los médicos, entre los empresarios, entre los abogados... De forma que la ausencia del Estado no termina con la corrupción y la violencia en la sociedad, sino que la hace más peligrosa, dejando a la sociedad expuesta a las mafias y a la ley del más fuerte. Sin Estado se hace imposible defender el medio ambiente, a los niños y ancianos, garantizar la salud y la educación a los sectores de bajos recursos, la calidad de los remedios y los alimentos, etc. Tampoco el desarrollo de los países más débiles, cuando los más fuertes dominan los mercados.

Sin duda, hoy hay pocos Estados en el mundo que enfrenten a la corrupción y administren con prudencia. Pero sin un Estado presente, no hay solución posible, porque como en el Lejano Oeste habría que transitar con el revólver al cinto.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario