Opiniones

El problema de la inflación

En los últimos años se ha probado con varias recetas de manual, pero no parecen surtir efecto. Para bajar la inflación, Argentina no necesita fórmulas mágicas sino disciplina fiscal y una política monetaria ordenada.

El mes de septiembre arrojó una inflación de 5,9%, acumulada 2019 de 37,7% e interanual de 53,5%. ¿Qué pasa con la inflación que nos cuesta tanto domesticarla? En los últimos años hemos probado con varias recetas de manual, pero no parecen surtir efecto. Durante la última fase del kirchnerismo si bien se trató de ocultar el problema bajo la alfombra con los polémicos números del INEDC, lo cierto es que hubo un intento de trabajar con “anclas nominales” que se retrasaron respecto al resto de precios para intentar frenarlos: hablamos de las tarifas y tipo de cambio. Esto equivale a concentrarse más en los síntomas que en las causas subyacentes. En criollo, querer parar una fiebre metiendo la cabeza en el freezer. El uso sostenido de estas anclas llevó a desequilibrios externos y energéticos que los hicieron insostenibles.

Por otro lado, el macrismo intentó con Metas de inflación y luego control de agregados monetarios. Si bien le tocó el trabajo sucio de tener que levantar las “anclas nominales” que dejó el kirchnerismo (levantando el CEPO y ajustando subsidios a los servicios regulados), los resultados hablan de otro estrepitoso fracaso: tomaron una inflación que venía a velocidad crucero de 25% interanual y la dejan cerca del 55%.

El control de agregados monetarios ya cumple un año y no se han visto resultados positivos. El manual monetarista nos indica que existen rezagos en la transmisión de la política monetaria hacia la inflación, que en promedio pueden tardar entre 12 y 18 meses. Es una indicación vaga que en el mejor de los casos nos habla de un promedio, pudiendo un caso particular desviarse de este promedio y durar por encima de 2 años. En el interín, mientras se mantiene relativamente estable la cantidad nominal de dinero y los precios suben, está ajustando el nivel de actividad y aumentando la velocidad de circulación (inversa de la demanda de dinero). Resumiendo, la receta monetarista nos viene saliendo muy caro y no garantiza resultados en el corto plazo.

En las últimas décadas ha empezado a discutirse una “nueva” teoría que pone toda la responsabilidad de la inflación sobre la política fiscal, en lugar la cantidad de dinero. Hablamos de la Teoría Fiscal del Nivel de Precios (TFNP de ahora en más), como la bautizó M. Woodford. Bajo esta visión, no es suficiente con la independencia del Banco Central y una apropiada política monetaria.

La TFNP, dicho mal y pronto, cambia el enfoque de la restricción presupuestaria del sector público. El valor real de la deuda pública sigue siendo igual al valor de resultados fiscales futuros como en la visión tradicional. Sin embargo, según la TFNP esta restricción no impone un condicionante sobre el comportamiento del sector público (gasto e impuestos) sino que ajusta a través del nivel de precios.

Es decir, dado el stock de deuda presente y el sendero futuro de resultados fiscales, los precios ajustan para el cumplimiento de la restricción presupuestaria. Formalmente, la TFNP convierte la restricción de presupuesto (cuánta cantidad de gasto e impuesto se pueden elegir dados los precios) que debe cumplirse siempre en una condición de equilibrio. Aplica la ecuación básica de valuación de activos para el resultado fiscal: la deuda nominal corriente del gobierno es una promesa de superávits futuros mientras que el nivel de precios es como el precio de un activo que ajusta de manera que el valor real de la deuda se iguale al valor presente de los resultados fiscales futuros.

Volviendo a la Argentina, en la medida que podamos garantizar un mayor nivel de resultados fiscales futuros, se podrá tender a disminuir la inflación. El Gobierno de Macri ha hecho esfuerzos en la disminución del déficit primario en los últimos dos años, pero se han visto mayormente empañados por su mala administración de deuda y crecientes intereses.

A comienzos del siglo tuvimos el ejemplo de Roberto Lavagna, que asumió como ministro de economía ya comenzado 2002, con una inflación mensual del 10% y un muy abultado y persistente déficit financiero. Al terminar su gestión en noviembre de 2005, logró revertir el signo de resultado financiero pasando a un superávit. ¿Y la inflación? También en torno al 10% pero anual en lugar de mensual, logrando una drástica reducción.

Argentina no necesita fórmulas mágicas sino disciplina fiscal y una política monetaria ordenada, pero sobre todo, hacedores de política económica que tengan la voluntad y la experiencia exitosa para llevar estas medidas adelante.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario