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El rally, lo mejor de los primeros 100 días

Pasaron los primeros 100 días de la presidencia Trump y no son muchos los trofeos en la vitrina. Ninguno se destaca más que la herencia recibida. El mercado bull que brotó en marzo de 2009 rebosa de salud. Lejos de estropearlo, como se temía en el ardor de la campaña, el flamante gobierno obró de renovada fuente de inspiración. El Trump rally, como se bautizó a su última pierna alcista, no tiene nada que envidiarle a los mejores capítulos que lo precedieron. Con precisión, el rally también es anterior a la asunción del republicano. Nació con su victoria en las urnas, como una muestra de fe y de esperanza (y, en esencia, así continúa de momento) y lleva no 100 sino 170 días en cartel. Y, a fuerza de ser sinceros, no puede explicarse enteramente como un resultado de la gestión gubernamental. Su fogosidad no condice con lo magro del quehacer de la administración que a ratos luce tan a tientas como el día uno sino, en todo caso, con la exuberancia de las promesas. Pero correlación no es causalidad. Tómese la victoria de Emmanuel Macron en la primera vuelta de las elecciones francesas. ¿Se despejó de nubarrones el cielo de la Unión Europea? Así es. Y le inyectó, la semana pasada, poderosos bríos a los mercados mundiales. Anótese, como ejemplo, el récord del NASDAQ cruzando la vara mítica de los 6 mil puntos. Así se engrosa la contabilidad del Trump rally, aunque la Casa Blanca no tenga nada que ver. Todo lo contrario: el presidente estadounidense apoyaba la causa de Marine Le Pen (en línea con su militancia a favor de los nacionalismos del Viejo Continente y la erosión de la unidad europea). De haber triunfado su postura, recordar que también fracasó en Holanda, otra sería la fisonomía actual del rally que porta su nombre.

Al filo de los 100 días, Trump le corrió el velo a la reforma tributaria, "la mayor baja de impuestos personales y corporativos de la historia de los EE.UU.", según el propio autor. Levantado el telón, lo que se reveló fue el esqueleto (incompleto) de la iniciativa, condensado en una única página. La servilleta de Trump, si cabe el término, sintetizó los recortes de impuestos que procura la Casa Blanca y omitió toda referencia a su financiación. Sólo la reducción de la alícuota de ganancias corporativas del 35% al 15% - costaría unos 200/220 mil millones al año. No hay manera de que una ampliación del déficit fiscal de semejante magnitud pase el filtro del Congreso. ¿Cuál fue la reacción de los mercados? Ni decepción ni entusiasmo. No esperaban otra cosa. Es decir, no esperaban que el presidente tuviera la reforma lista. Hubo alivio, sí, al comprobar la ausencia de temas urticantes como el sistema de ajuste tributario fronterizo. ¿Alivio, sí, pero aumento de cotizaciones, no? Es que ya habían trepado la semana anterior cuando se anticipó el anuncio. Y de esa suba, por cierto, no se produjo ninguna devolución.

A último minuto, el viernes, la Casa Blanca evitó el cierre parcial del gobierno. Acordó con el Congreso una autorización especial de gasto que le concede una semana de tregua mientras negocia la ley ómnibus que ordene las cuentas hasta el fin del presente ejercicio fiscal (el 30 de septiembre) y remueva la espada de Damocles del techo actual de la deuda pública. Bien mirada, es la imagen más cabal de estos primeros 100 días. El Presidente tuvo que conceder a republicanos y a demócratas para obtener un respiro y esquivar el papelón. Ya no demanda los recursos para financiar el gran muro mejicano (al menos, hasta el año próximo) y continuará pagando los subsidios que requiere el funcionamiento del Obamacare. Bienvenido a Washington, Presidente Trump. Esta es la gimnasia que necesitará para convertir la reforma tributaria en ley, y aunque termine siendo una realización modesta, para avanzar con su agenda. Que los mercados no se destruyeran con la servilleta de Trump deja una enseñanza valiosa: tampoco exigen la satisfacción a rajatabla de sus promesas de campaña. Lo cual es sensato, a la par de conveniente, ya que dichas promesas son de cumplimiento imposible. Mientras tanto, las ganancias por acción del S&P500 creciendo a doble dígito como no ocurría desde 2011 calmarán la ansiedad.

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