Economía

El renovado espejismo de los "brotes verdes"

Si había alguna duda del modelo productivo del actual Gobierno, la firma del acuerdo de libre comercio con la Comunidad Económica Europea y el anuncio que se va a trabajar en un acuerdo similar con EE.UU. lo deja absolutamente en claro. Se apunta a una economía basada en la producción de materias primas e importadora de productos industriales. Totalmente basada en las ventajas comparativas estáticas, desindustrializada y de bajos salarios. Además que deje suficiente margen para invertir en la infraestructura que exige la producción primaria y especialmente que facilite la especulación financiera y la salida de las ganancias fuera del país. Con un Estado ausente, salvo para subsidiar a la explotación de nuevos productos primarios, con potencial, que requieran grandes inversiones

Es muy posible que sectores que impulsan esta estrategia y especialmente muchos que ingenuamente la apoyan, crean que la reorganización de la sociedad argentina que implica este modelo genere por si sola, un aumento de la productividad que permita el rápido derrame, a toda la comunidad. Ello sería posible gracias a la lluvia de inversiones, la mayor confianza de los empresarios y el apoyo político de las grandes potencias.

Así ocurrió con el proyecto de la Generación del 80 (del siglo XIX) que ya se había definido claramente desde la unión nacional, décadas atrás. A eso se debió por ejemplo, el reparto de la tierra en pocas manos -a diferencia de lo ocurrido en los EE.UU. y las colonias inglesas, el desarrollo absolutamente concéntrico con el puerto de la red ferroviaria o el aplastamiento de todos los focos de industrialización, por cierto incipientes, como los del interior del país, y más avanzados como el paraguayo.

Pero hoy la realidad económica es muy distinta. Por eso todos esos proyectos restauradores siempre llevaron a violentas crisis externas, cierre masivo de empresas y empobrecimiento de la población. Tal como ocurre ahora.

Los optimistas suelen tener espejismos. Como estos días, cuando gracias a una política económica electoral -insostenible en el tiempo- se ha producido un tibio veranito, con una leve desaceleración de la inflación, e insignificante mejora de la actividad industrial y del mercado interno. Las medidas que sostienen ese veranito son, como es sabido,atraso cambiario. reestablecimiento del “Ahora 12”, créditos del ANSES, subsidio a la compra de autos, postergación de aumentos tarifarios, etc. Eso se suma al derrame, limitado por cierto, de la cosecha gruesa, el aguinaldo, o las paritarias. Todos esos mecanismos se licuaran después de los comicios.

Entonces, cuando asuma el próximo gobierno, sea del oficialismo o de la oposición, emergerá la crisis hoy apenas contenida.

Crisis por el derrumbe del grueso del aparato productivo que genera el modelo, con una alta tasa de inflación, haya o no emisión monetaria, por la puja distributiva que exacerba el intento de modificar la estructura social. Los empresarios argentinos obviamente remarcan y remarcan, aunque el ahogo monetario destruya el mercado, porque saben de los peligros de estallido que puede provocar que los precios queden por debajo del costo de reposición de las materias primas, de los aumentos de la energía o de los productos terminados. Y los gremios poderosos no piensan en el empleo. Sino en salvar los ingresos reales. Entones hoy, como ocurrió varias veces en los últimos años, no hay “brotes verdes”. La sequía se hace cada vez mayor, aunque una breve llovizna apenas de información la interrumpa.

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