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El rol de los nuevos CEO

• RR.HH.
Los cambios en los modelos tradicionales obligan a los directores de las empresas a adquirir nuevos roles y una nueva mentalidad. Prioridades, agenda y ética corporativa.

Una nueva organización del mundo, está a la vuelta de la esquina. Los moldes que forjaron la sociedad tal cual la conocimos hasta ahora se están resquebrajando y de esas grietas surgen nuevo modelos económicos, humanos, y empresariales. Es por eso que ante desafiante escenario, un elemento crítico que debe adaptarse es la mentalidad de los CEO.

"El trabajo del director general es uno de los más importantes entre los que se desempeñan dentro de cualquier organización. Es el responsable de los temas que permitirán la continuidad de la empresa y de ejecutar aquellas tareas que nadie hará por él. Su contribución a la organización que lidera es probablemente la que más impactará en las personas que la integran, tanto en sus funciones específicas como en el ambiente social en el que las desempeñan. Más allá, la calidad de la dirección general de las empresas de un país también determinará en gran medida su nivel de prosperidad", plantean en un trabajo en conjunto Alejandro Carrera (director de la cátedra de Gobierno de las Organizaciones IAE y Fundador de ADIRAS), Adrián Caldart (doctor en Dirección de Empresas en el IESE Business School) y Magdalena Cornejo (profesora y becaria del Conicet en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella).

Los académicos advierten que pese a la importancia del rol de los CEO las investigaciones sobre cómo establecer su agenda datan de los años 60 y 70. "Los directores generales están expuestos a una realidad distinta a la de sus pares de hace medio siglo: la información, así como las tecnologías disponibles para analizarla, son casi ilimitadas; los entornos competitivos en la mayoría de los sectores son más complejos y dinámicos; los negocios están mucho más globalizados; el cuidado del medio ambiente es un factor estratégico para el negocio, y se esperan más y mejores contribuciones de la empresa a la sociedad", explican.

Sobre este punto, la última edición del informe Global CEO Success Study, elaborado por PwC, revela que en el quinquenio 2012-2016 un 5,3% de los ejecutivos fueron despedidos por razones éticas, un aumento de 36% con respecto al período 2007-2011. La consultora destacó cinco tendencias que están ejerciendo mayores controles sobre los CEO: opinión pública (por la crisis financiera y la gran recesión, menguó la confianza y la gente se volvió más crítica); gobernabilidad y normativa (acciones legislativas y regulatorias con menor tolerancia a las malas conductas de la alta gerencia); entorno operativo de negocios (cada vez más, las empresas buscan crecimiento en mercados emergentes en los que los riesgos éticos, como ser la posibilidad de sobornos y corrupción, son más elevados, y dependen de cadenas de suministro globales extendidas, lo que aumenta los riesgos con las contrapartes), comunicaciones digitales (el uso del correo electrónico, mensajes de texto y redes sociales ha creado nuevos riesgos de conductas poco éticas); y el ciclo de noticias 24x7 (hoy en día las noticias y datos financieros fluyen con mayor velocidad y es difícil frenar a tiempo información negativa).

"Las empresas más grandes son las más afectadas por las cinco tendencias que detectamos por estar sujetas a una observación constante de parte de los medios y de la opinión pública. El hecho que una compañía reemplace a su CEO por haber incurrido en una conducta poco ética, si bien puede sonar negativo en un primer momento, una vez pasado el efecto shock de la noticia, se percibe como una reacción positiva de una organización que detecta un problema de comportamiento y toma las medidas correctivas necesarias", sostuvo Ariel Fleichman, socio de PwC Strategy& Argentina.

La idea embrionaria del CEO fue la de que su rol se limitaba a la planificación, organización, liderazgo, coordinación, y control de las compañías. Años más tarde se incluiría definir los propósitos y proteger los valores, para luego asumir una tarea más de interacción con otros actores que con el día a día de las empresas. "Los CEO de nuestro tiempo se centran en preparar la empresa para el futuro, adecuar constantemente el modelo de negocio, crear y desarrollar un equipo directivo eficaz y crear una base que soporte, integre y coordine los esfuerzos organizativos en forma de principios y valores organizativos y propósitos institucionales. Hoy, la reinvención del negocio, ausente en los trabajos clásicos sobre el tema, se considera un factor prioritario del trabajo del director general", argumentan Carrera, Caldart y Cornejo.

Asimismo, postulan que el CEO "eficaz" será aquel que no solo se ocupe de las tareas más comunes (liderazgo de equipos, control y gestión, etc), sino también el que incorpore otras que definen como "silenciosas" (desarrollar pensamiento estratégico, innovación, etc) y "proactividad" (impulsar nuevos negocios, elegir miembros del equipo, impulsar procesos de cambio, etc). Mientras que identifican una cuarta área que denominan "emergente", que se compone de cualquiera de las tareas de los grupos anteriores que no haya sido incorporada en el plan de acción de los CEO, pero que requiera respuestas inmediatas. De las conjunción de esos cuatro cuadrantes se configura la agenda real del director de una compañía. "El número uno de la empresa deberá verse menos como un 'bombero', que dedica la mitad de su tiempo a reaccionar a asuntos que se le van presentando, y más como un 'jardinero' que nutre poco a poco y con constancia aquellos aspectos de su agenda que son vitales para el largo plazo y no susceptibles de improvisación", sostienen.

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