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El Roma de Avellaneda sacó ópera del olvido

• "LA ARLESIANA", DE CILEA, EN ESTRENO NACIONAL
Con dirección de Jorge Lhez y puesta de Boris Laurés, la cantan Mirabelli, Aufe y López Linares.

El domingo pasado tuvo lugar en el Teatro Municipal Roma, de Avellaneda, a casi 120 años de su primera representación, el estreno argentino de la ópera "La arlesiana", de Francesco Cilea, basada en la obra de Alphonse Daudet. Con dirección musical de Jorge Lhez al frente de la Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda, puesta en escena de Boris Laurés y un elenco encabezado por María Luján Mirabelli, Nazareth Aufe, Leonardo López Linares y Laura Polverini, la obra tendrá una segunda y última representación hoy a las 21. Dialogamos con Laurés.

Periodista: ¿Qué motivó la decisión de montar esta ópera?

Boris Laurés: El Teatro Roma tiene muchos elementos positivos: la acústica, las nuevas instalaciones, el foso, el equipamiento técnico y su Orquesta Sinfónica estable. Pero también tiene un factor negativo, y es que está a diez o veinte minutos de teatros importantísimos como el Colón, Avenida, Coliseo. La característica es el repertorio. "La arlesiana" no se había hecho nunca y teníamos la posibilidad de un elenco interesante.

P.: ¿Cuáles son los principales méritos dramáticos y musicales de la obra?

B.L.: Una orquestación rica, un tema tabú como la relación entre la madre y sus hijos varones, que no tratan muchas obras; las miserias humanas, la manipulación femenina y la sociedad hipócrita ante hechos socialmente discutibles. "La arlesiana" es una excusa para destapar realidades que no se dirigen directamente sino que se disimulan.

P.: ¿Por qué piensa que la obra no se había estrenado en la Argentina hasta este momento?

B.L.: Si se la mira rápidamente, parecería que no tienen lucimiento algunas cuerdas, pero si se profundiza se encuentra un papel para mezzosoprano de las dimensiones de la Santuzza de "Cavalleria rusticana" o la Eboli de "Don Carlos", o un papel para tenor no tan difícil como el resto de los de su época (1897), pero con intensidad psicológica. También dos papeles de barítonos opuestos, uno por la pasividad y sabiduría y otro por la posición espontánea y salvaje de la fuerza del discriminado social. Y el más difícil es el de Vivette, alguien sano que deberá sacrificar su propio pudor para salvar a la persona que ama, a expensas de la manipulación de la madre de él. Creo que nadie, hasta ahora, ha mirado con profundidad esta obra.

P.: ¿Cómo encaró la puesta?

B.L.: Como las películas italianas del naturalismo, tratando de equilibrar los momentos dramáticos con los pocos de tranquilidad o esperanza. Inclusive busqué en el libro de Daudet algún final feliz de tantos trágicos en nuestros personajes. Lo ubiqué en la época de 1840, ya que si lo acerco podría quedar como una denuncia a personajes que están muy cerca de nosotros. Confío en que pronto integrará el repertorio.

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