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El supremacismo blanco, punto ciego de seguridad

Hong Kong - La matanza cometida en la ciudad neozelandesa de Christchurch por un supremacista blanco puso de relieve lo que muchos analistas consideran una amenaza de la extrema derecha, que a menudo escapa del radar de los servicios de inteligencia.

Como otros grupos extremistas, los ideólogos racistas aprovecharon el alcance de internet para difundir ideas violentas y dar consejos sobre la logística del terrorismo.

Al no ser un grupo bien definido y con un liderazgo claro, representan un “punto ciego” para los servicios de seguridad, considera Amarnath Amarasingam, investigador del Institute for Strategic Dialogue. En su opinión, debe ser prioridad cubrir ese vacío en lugar de centrarse en los militantes islamistas.

“En muchos ámbitos del gobierno y la política somos capaces de conectar con cierta facilidad diferentes ataques con arma blanca inspirados en el grupo Estado Islámico con un movimiento terrorista mundial”, escribió Amarasingam en Twitter tras el ataque de Christchurch. “Pero nos cuesta hacerlo con el nacionalismo blanco, la derecha alternativa, etcétera”, añadió.

Brenton Tarrant estaba impregnado de la ideología neofascista y antimusulmana, según un “manifiesto” que publicó en línea antes del asesinato de 50 personas en dos mezquitas la semana pasada. No estaba en ninguna lista de vigilancia y viajaba al extranjero a menudo.

Aunque los investigadores aún deben dilucidar detalles fundamentales y conexiones, el ataque de Christchurch generó preguntas sobre las políticas de contraterrorismo relativas a la ultraderecha.

Los expertos dicen que el supremacismo blanco es un movimiento que une a gente de diversos puntos del mundo en una plataforma que predica sobre un ideal imaginado y racialmente “puro”. También rechaza la inmigración y suele mostrar una violenta antipatía respecto de judíos, musulmanes y mujeres.

En un artículo de 2011 que empezó a circular en internet tras los atentados contra las mezquitas, el analista Thomas Hegghammer, del Norwegian Defence Research Establishment, describía el nacionalismo blanco violento como “una nueva doctrina de la guerra de civilizaciones”. Es “cercano a una versión cristiana de Al Qaeda”, decía.

“Muchas formas de terrorismo de derecha son terrorismo internacional con redes internacionales, ideas y personalidades de todo el mundo”, escribió Daniel Byman, del Brookings Institute de Washington.

Analistas creen que un factor que alentó a extremistas como Tarrant ha sido el ascenso de partidos antiinmigrantes en todo el mundo.

“La demonización de las comunidades musulmanas, a menudo por parte de políticos que luego se dicen impactados y enojados cuando se produce la violencia, contribuye a la polarización de la sociedad e inspira violencia”, dicen Byman.

Se apunta, por caso, a la retórica antiinmigrantes del presidente Donald Trump como ejemplo, con su frase “Estados Unidos primero”.

La reacción de Trump a lo ocurrido en Christchurch ha sido tachada de tibia, una opinión reforzada cuando el mandatario dijo ante la prensa que el nacionalismo blanco no es un problema en auge.

Varios gobiernos australianos, incluido el del actual primer ministro Scott Morrison, fueron acusados de atizar el sentimiento antiinmigrante como estrategia electoral.

Agencia AFP

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