Espectáculos

El teatro Cervantes con nueva obra sobre familia en conflicto

Ganadora del concurso organizado por la sala nacional y Argentores, la pieza se ocupa de los vínculos frágiles entre padres e hijos.

Debutó ayer en el Teatro Cervantes “Adela duerme serena”, de Teo Ibarzábal, obra ganadora del concurso organizado por el Cervantes y Argentores el año pasado. Andrea Garrote fue convocada para dirigirla y en diálogo con este diario cuenta la historia de los vínculos entre la protagonista, sus dos hijos y su esposo.

“Una familia que se va desintegrando sin que haya ningún motivo especial, simplemente se termina disolviendo casi por una lógica natural”, señala Garrote en referencia a las relaciones frágiles que el autor traza entre sus personajes, y entre los que la protagonista se extravía.

El elenco está integrado por Amanda Busnelli, Valentino Grizutti, Federico Marquestó, Laura López Moyano, Mariano Sayavedra y Emilio Vodanovich, y puede verse de jueves a domingos a las 21. Garrote además continúa con el unipersonal que escribió, protagoniza y codirige junto con Rafael Spregelburd, “Pundonor”, en Espacio Callejón los sábados a las 20.30.

Periodista: La obra ganó el premio de dramaturgia del Cervantes, ¿qué le atrajo para aceptar dirigirla?

Andrea Garrote: Es estimulante que me convoquen para dirigir cuando en general estoy acostumbrada a hacerlo con materiales propios. El mayor encanto de esta obra, que terminó de comprometerme, es su estructura temporal; su historia, básicamente son escenas que empiezan a ser cada vez más breves. El desarrollo, al principio, es convencional, hasta que comienzan a repetirse momentos, el pasado vuelve y también hay una especie de futuro que está velado, que se ve todo el tiempo pero a la vez se oculta. Son fragmentos en la vida de la familia, el paso del tiempo y cómo vivimos los vínculos.

P.: ¿Cuál es la historia o los temas que aborda?

A.G.: Habla sobre la percepción del tiempo; atraviesa varios momentos entre cotidianos y a la vez muy significativos de una familia en los suburbios, donde la vida parece repetirse. Cuenta esos devenires de manera muy sensible, sencilla, pero con una contundencia emocional que es uno de los grandes valores de la obra. Lo particular y lo universal, donde todos nos vemos reflejados. También habla del crecimiento, el abandono, una familia que se va desintegrando a veces sin que haya ningún problema, simplemente es un organismo, una manera de organizar cuerpos en el espacio que se termina disolviendo casi por una lógica natural, y está también aquel que se queda en el apego de esos recuerdos.

P.: ¿Qué otro valor encuentra además de la historia?

A.G.: Los personajes y sus interpretaciones, hay dos adolescentes con quienes fue maravilloso trabajar. La aparición de niños es muy convocante, digo niños porque parecen más pequeños, son muy hipnóticos; hay una conexión con el juego verdadera y bella de ver.

P.: ¿Cómo encaró la puesta en escena?

A.G.: La obra tenía un espacio pero fue cambiando en el trabajo porque no estaba muy definido. Si bien se sabía que era una casa de pueblo, como tantas otras en los suburbios de Buenos Aires, a lo largo de las páginas se iba tornando más abstracta y me parecía importante que fuera un espacio físico concreto, algo que construyó muy bien Federico Marquestó. También tiene música original, momentos en los que simplemente estamos en la casa de la familia y hay ligazones del tiempo que son sólo musicales, y después empieza la aceleración y la repetición.

P.: ¿Cómo ve la dramaturgia joven?

A.G.: Doy clases en la UNA así que estoy en contacto permanente y encuentro muchos dramaturgos y actores interesantes. Siento que en la diversidad hay determinadas obras que son no aparecen porque son complicadas de montar, lo que digo es que el dramaturgo local también está pensando en cómo se producirá la obra. Pero en cuanto a géneros veo teatro post dramático, aquellos quieren contar una historia más clásica, dramas, poética coloquial, textos más trastocados, poéticas barrocas, creo que es un ámbito que empezó a florecer hace unas décadas y que continúa en ese estadio.

P.: Cuando dice que hay obras que no aparecen porque son más complicadas, ¿a qué se refiere?

A.G.: Hay cuestiones concretas como la duración. En las salas alternativas las obras son cortas, no pasan de una hora, y es infrecuente que se excedan. Van una vez por semana y las salas están ofreciendo diferentes obras todos los días porque buscan la variedad y la mayor cantidad de días con oferta de entradas. Ahí también hay una limitación escenográfica, porque hay que guardar la escenografía y no se cuenta con mucho espacio para hacerlo. Otro tema es lo difícil que resulta sostener un grupo en el tiempo, un grupo de investigación y tener espacios para poder probar con objetos y con sucesivos ensayos.

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