Espectáculos

El teatro comercial no tiene quien lo escriba

Los tiempos en que Tito Cossa o Nelly Fernández Tiscornia estrenaban en la avenida Corrientes no existen más. Los empresarios, para resguardar su inversión, deben recurrir a obras extranjeras, mientras que la mayoría de las producciones argentinas se aglutinan en el circuito off.

Cada vez hay menos autores nacionales en los teatros de la calle Corrientes, desolador panorama ante el que productores teatrales importan guiones extranjeros con éxito probado como “La verdad”, de Florian Zeller, o “Perfectos desconocidos”, de Paolo Genovese. La referencia es al teatro de texto y no a otra clase de espectáculos que agotan localidades en el circuito comercial y que, efectivamente, están creadas por artistas locales como Martín Bossi, Flavio Mendoza, Lizzy Tagliani, Roberto Moldavsky o los “standaperos” en general.

Una de las iniciativas de AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales) para impulsar obras de texto nacionales para el teatro comercial es al concurso “Contar”, que en su sexta edición difundió esta semana los ganadores de obras inéditas para ser producidas para dicho circuito. De ese concurso surgieron “Bajo terapia”, “Todas las rayuelas”, “Los tutores” y “Banco de suplentes”. Ahora bien, ¿Cuál es la razón por la que una plaza que supo ostentar éxitos de autores nacionales como “Yepetto” de Tito Cossa, “Made in Lanús” de Nely Fernández Tiscornia o “La fiaca” de Ricardo Talesnik, en la actualidad sólo encuentra a los autores locales en el circuito alternativo y muy pocos en el comercial, entre ellos Campenella o Muscari? Dialogamos con productores y autores.

Sebastián Blutrach, presidente de AADET y dueño del teatro Picadero expresó: “Yo tengo obras como ‘Así de simple’, ‘Tarascones’, ‘El loco y la camisa’, estas dos últimas surgidas del off, y en breve estrenamos un texto de Santiago Loza. Pero cuando hay crisis vamos a obras extranjeras exitosas, nos ponemos más conservadores. Además los autores del off, a veces tienen prejuicio con el comercial, primero deberían ir a ver teatro comercial y, segundo, se sienten más cómodos estrenando en el independiente con otros tiempos. Yo creo que suma la interacción con el productor y siempre la decisión final es del autor, pero meterse en el comercial es otra presión porque hay menos tiempo de ensayo, más funciones semanales y hay que compartir decisiones”.

Consultada por este diario, María Marull, autora y directora de “La Pilarcita” e “Hidalgo”, que se presentaron en el off, señaló: “Cuando escribo una obra es para terminar de descubrirla junto con los actores, dirigiéndolos, pensando qué elenco es el ideal, qué sala es la ideal, esa libertad se pierde en el comercial Es otro juego diferente del alternativo. No pienso mis proyectos para el comercial porque me da vértigo perder el control del material. Y hay obras que funcionan en el independiente y también en el comercial como ‘Petróleo’ o ‘La fiesta del viejo’ que son obras probadas”.

Vale mencionar que los autores cobran el mismo 10% del bordereau en los tres circuitos, por ley de Argentores, y que el hecho de comprar una obra extranjera puede implicar inclusive más dinero cuando algunos consagrados exigen costo de comisiones, agencias o intermediarios.

Carlos Rottemberg sostuvo que la ausencia de autores locales en el comercial es un signo de estos tiempos: “Luis Brandoni es el actor que ostenta récord de obras nacionales, trabajar en una extranjera es la excepción. Creo que los autores locales no escriben para él o para Ricardo Darín, si me llegara algún autor con otra “Art” la produciría al instante. Gastón Duprat y Mariano Cohn vinieron a ofrecerme la versión teatral de ‘El hombre de al lado’ y pensamos que para hacer algo diferente sería bueno que la protagonizara una mujer. Estrenamos en dos semanas. Si me traen buenas ideas las produzco, pero eso no ocurre; escriben obras de una hora para el off cuando en el comercial son, mínimo, hora y veinte. También es cierto que una camada de autores que en su momento fueron de avanzada no se renovaron, hablo de Gorostiza, Cossa, Talesnik. Además escribían pensando en el circuito comercial, para nombres propios muy convocantes, para muchas funciones semanales al precio de entrada del comercial. Era talento que no menospreciaba lo masivo sino que lo provocaba, no le tenían miedo al éxito, al contrario. Ahora Bartís declara que el teatro comercial es casi mala palabra, y en ese línea honesta, y convencido, es improbable que le surja o interese este circuito. Hay que respetar su opinión, por dar un ejemplo. Coincido más con la escuela de Bianco o Alcón, donde podían cruzar del Astral al Andamio y el San Martín, sin traicionarse. El tema no es el circuito, de hecho al teatro lo mido como al colesterol, hay bueno y hay malo ”.

En la generación que siguió a la de Gorostiza o Cossa se cuentan Rafael Spregelburd, Daniel Veronese y Javier Daulte. Este último, dueño de Espacio Callejón, dramaturgo y director (tiene en cartel su obra“Valeria Radioactiva” en su sala y “Después de casa de muñecas”, de Hnath, en el Paseo La Plaza, dijo a este diario: “Existió una tradición en la que Pacho O’ Donell o Tito Cossa estrenaban en la calle Corrientes, eso se perdió. Luego surgieron grupos performáticos como las Gambas al ajillo o Los Melli, que prescindieron del autor, y esa nueva generación, la mía, buscó otro tipo de teatro, de poética, y no nos interesó el comercial. Estrenamos en el alternativo y el público, los autores nacionales, no sabemos o no queremos escribir para el comercial, con excepciones desde luego. No es que los productores tengan la bola de cristal y sepan qué gusta . Yo siento que están desorientados y todos necesitamos que la boletería se mueva, pero en el comercial mucho más. El diálogo entre productores y autores está poco fluido, hay que intentar reponerlo”.

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