Edición Impresa

El temor a romper de nuevo el sistema

La lógica se asoma a la campaña y lo hace, esencialmente, de la mano del pánico a un hipotético regreso de Cristina de Kirchner al poder. Ese temor de que se reimplanten los postulados económicos con los que el kirchnerismo rigió el país durante el segundo mandato de la expresidenta no sólo mueve al mercado, sino también al propio PJ. Está claro que la tormenta económica que azota al país está relacionada no sólo con la posibilidad de ese regreso, sino también con la ineficacia de Mauricio Macri en haberlo impedido y en el dudoso horizonte que el propio Gobierno de Cambiemos le plantea al país. En síntesis: la polarización ante la posibilidad de volver a cambiar las reglas del sistema desde la base como se intuye con el kirchnerismo comenzó a provocar ayer una ola de racionalidad que, por ahora, movió la posibilidad de una declaración conjunta sobre bases esenciales. Es decir, la independencia del Central, una garantía de respeto a las obligaciones que contrae el país, el mantenimiento de la Argentina en el mundo civilizado, el respeto a los contratos y hasta una reforma al sistema laboral y baja de impuestos. Son todos temas que hasta nuestros vecinos de la sufrida Latinoamérica tienen solucionados desde hace tiempo, pero que en nuestro país siguen teniendo el tono de postulados preconstitutivos de nuestra institucionalidad. Lo peor es que no es exagerado alertar sobre el peligro de que vuelvan a ser arrasados.

Puede que el intento de consensuar esa declaración de 10 puntos se concrete o no, pero la mera negociación entre los peronistas de Alternativa Federal y el Gobierno de esa agenda básica de políticas a respetar gane quien gane la elección ya dio una señal esencial de respiro para los mercados.

El reconocimiento ayer de las partes de la existencia de esa idea (que tiene paternidades negadas o reclamadas en ambos bandos de acuerdo a la conveniencia) dividió el escenario político en dos sectores; quienes están a favor de mantenerse en el sistema y el kirchnerismo que, lo disimula, pero poco le importan esos principios institucionales. Es decir, la militancia antisistema que lógicamente tan nervioso pone a cualquier actor del mercado.

Como todo, la situación tiene sus colores. Roberto Lavagna no apareció ayer subyugado con esa idea en la que aparecen consultados el propio Rogelio Frigerio, Sergio Massa, Miguel Pichetto. Juan Manuel Urtubey (con notificación también a Juan Schiaretti) y hasta Marcos Peña parece doblegado ante la necesidad. Alegan en las cercanías del exministro de Economía (y aun no candidato) que los postulados de la negociada declaración conjunta son demasiado vagos.

Mas cerca de la escena pueden apreciarse otros detalles. Lavagna, sin haberse lanzado oficialmente, comenzó a disputarle a Mauricio Macri la polarización con Cristina de Kirchner. El, como Cambiemos, reivindican las chances de manejar y eventualmente salir de la crisis, sin romper las reglas. Es una idea básica en cualquier país normal; aquí parece una revolución de la lógica. Macri uso esa estrategia duranbarbista desde el principio.

Frente a esa estrategia suena lógico que Lavagna no se sume, porque subirse aunque mas no fuera a la mesa de negociación de los 10 puntos para garantizar la calma, implicaría bajarse de su férrea decisión de no aceptar contrincante en el PJ y caminar solo tras una suerte de proclamación general de su candidatura.

Quizás no tuvo en cuenta aún Lavagna que el temor a un regreso de Cristina alimentado por la espantosa perfomance económica de este Gobierno sea mayor de lo que hasta ahora muestran las mediciones.

Las declaraciones de peronistas K y los mensajes que operadores de la expresidenta le llevaron al mercado intentando tranquilizar sobre la base supuestas nuevas intenciones moderadas de Cristina de Kirchner ante la lógica económica (esas promesas de una etapa de cordura fueron llevadas inclusive hasta Wall Street) se hicieron trizas contra cada página de “Sinceramente”. El libro de Cristina deja en claro que su pensamiento no solo no ha cambiado, sino que mantiene la memoria intacta sobre cómo clasificar amigos-enemigos. También eso impacta en el peronismo, aunque no sea definitorio.

Si faltaba algo más lo aportaron las escenas que llegan desde Caracas, que se miran en el país con el volumen alto de fondo de las deliradas declaraciones de dirigentes kichneristas en apoyo a Nicolás Maduro. Tampoco en eso quieren quedar pegados el resto de los peronistas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario