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El universo no soporta marcos ni recortes

En la galería Nora Fisch, ubicada en Villa Crespo, Cynthia Kampelmacher presenta en estos días la muestra "Reinscripción de un paisaje. Ejercicio pour la galerie", muestra donde retoma con múltiples materiales y recursos formales, imágenes de la naturaleza, específicamente de la enmarañada vegetación. Kampelmacher indaga el paisaje y sobre varias imágenes ha superpuesto un marco, incluso dos, caprichosamente sobre la obra. La artista explica el gesto, y cuenta una experiencia reciente: "Acabo de leer, no recuerdo dónde, una frase que decía, 'cómo atrapar el universo en una telaraña'. Y, justamente, la presencia de estos marcos se debe a la imposibilidad de atrapar el universo. Para decirlo con claridad: el mundo del artista es tan amplio e inabarcable que, el marco -metafóricamente hablando-, delimita, selecciona, contiene". Al final, refiriéndose a la maraña vegetal, la artista concluye: "Cuando uno está allí, está perdido".

La primera obra de la muestra es una foto que reproduce el leitmotiv de la artista, la selva, y atrae la mirada con la belleza helada del soporte color plata: una plancha breve de aluminio de alta resistencia a las agresiones y prolongada perdurabilidad. Luego, sobre una pared blanca apenas si se adivina el dibujo de la vegetación. Con un afilado punzón la artista ha dejado infinitos puntos que configuran las formas de un bosque. La imagen es casi invisible y al igual que en la pintura impresionista, el motivo aparece al alejarse y desaparece al acercarse. El blanco, considerado un no color, como observó Kandinsky, es "el emblema de un mundo en el que se ha extinguido el color como atributo sustancial. Ese mundo está tan distante de nosotros que no nos llegan ninguno de sus sonidos, sólo recibimos de él un gran silencio". En medio de la exposición, el blanco impone una pausa antes de llegar a la densidad del verde y de transitar por la neutralidad grisácea del grafito, que imita a la perfección la impresión fotográfica.

En el piso hay unos papeles blancos, tirados, escritos con tinta negra y abollados. Su destino parece ser el basurero. Pero al acercarse a verlos con detenimiento se descubre la rigidez y la gracia de sus formas escultóricas. Kampelmacher ha creado una fórmula para hacerlos perdurar, reunió un conjunto y le otorgo el estatus de obra. Con este mismo material trabaja en las ambiguas formas que presentará el mes próximo en la Feria arteBA.

La muestra entera habla del quehacer de una artista diestra en la sutileza que acaba de volver de Flora ars + natura, la célebre residencia colombiana a la que todos los artistas latinoamericanos desean concurrir. El emprendimiento de José Roca, que trabajó como curador de la Tate Gallery, la Bienal del Mercosur y la 52 Bienal de Venecia, pone a los residentes y visitantes en contacto permanente con las grandes figuras de la escena internacional a través de talleres, seminarios y conferencias. Kampelmacher apareció en la escena del arte en el año 2003, cuando Victoria Noorthoorn presentó un grupo de artistas que no habían expuesto nunca una muestra individual. Ahora, Kampelmacher tiene experiencia, participó de la Beca Kuitca de la UBA entre 2003 y 2005; estuvo becada Antorchas, URRA, el Centro de Arte de Canadá y la Fundación Llopis de Panamá y, con solvencia destaca: "Si bien el nivel conceptual predomina, el ambiente es intensamente afectivo, hasta familiar, sobre todo en los encuentros donde se habla del proceso de la obra".

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