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El Watergate: cuando al periodismo se lo ubicó como cuarto poder

Desde el surgimiento de la imprenta de Gutemberg en 1440, pasando por el surgimiento del primer diario mundo, la Gazzete de Francia fundado en 1631 y la creación de los medios electrónicos de comunicación del siglo XX, hasta la presente revolución tecnológica, la humanidad se ha desarrollado, avanzado y creciendo al calor de los nuevos modos de la comunicación.

Pero hubo un acontecimiento que colocó al periodismo como forma de comunicación, en un lugar de poder, inusitado: el Watergate. Ese escándalo ubicó a la actividad periodística inédita, el resguardo de la legalidad, partiendo de la transparencia. Así las cosas, un nuevo escenario se proyectó sobre el poder, no solo de los Estados Unidos, sino de las naciones del mundo. La transparencia y la legalidad de los actos de gobiernos, no solo estaban fiscalizados por los órganos naturales de los estados. El periodismo, se plantó como una luz ante la oscuridad de decisiones cuestionables, algunos comenzaron a llamarlo el Cuarto Poder de las democracias.

El escándalo Watergate fue un gran escándalo político que ocurrió en Estados Unidos en la década de 1970 por el espionaje y robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate de Washington D. C., sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, y el posterior intento de la administración Nixon de encubrir a los responsables. Gracias al trabajo de investigación por The Washington Post, Time y The New York Times. Basándose en filtraciones de una fuente gubernamental al que denominaron “garganta profunda” los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein comprobaron que descubrieron el espionaje y los esfuerzos por esconderlos, estaba enraizado en lo más alto del poder del Departamento de Justicia, el FBI, la CIA y la Casa Blanca .Los medios tuvieron un rol clave para que la verdad se sepa, y la verdad comenzara a brotar. Por ello, cuando los diarios revelaron el espionaje, el Congreso de los Estados Unidos inició una investigación.

La resistencia del gobierno de Richard Nixon a colaborar en esta condujo y las revelaciones periodísticas del encubrimiento, llevaron a una crisis institucional. Tan grande fue su impacto que el término Watergate empezó a abarcar entonces una gran variedad de actividades clandestinas e ilegales, en las que estuvieron involucradas personalidades del gobierno estadounidense presidido por Nixon. Estas actividades incluían el acoso a opositores políticos y a personas o funcionarios considerados sospechosos. Nixon y sus colaboradores cercanos ordenaron el acoso a grupos de activistas y figuras políticas, utilizando para ello organizaciones policiales o servicios de inteligencia, como a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o al Servicio de Impuestos Internos (IRS).

El escándalo destapó múltiples abusos de poder por parte del gobierno de Nixon, que se saldó con la dimisión de este como Presidente de Estados Unidos en agosto de 1974. El escándalo salpicó a un total de 69 personas, de las cuales 48 fueron encontradas culpables y encarceladas; muchas de ellas habían sido altos funcionarios del gobierno de Nixon. El final es por todos conocido, Nixon debió renunciar a la presidencia de los Estados Unidos. Lo que dejó el Watergate, para esa nación y para la humanidad es un nuevo rol de los medios de comunicación en las sociedades modernas.

La ilegalidad o los abusos de poder y de autoridad de los funcionarios, tenían un nuevo límite, la opinión pública y los medios un nuevo y más fuerte compromiso con la verdad. Treinta años después del escándalo se conoció la identidad de quien fuera Garganta Profunda, Mark Felt guardó su identidad secreta durante 33 años hasta que decidió contar la verdad a través de una entrevista publicada posteriormente en la revista Vanity Fair. El hombre del apodo resultó ser el número dos de la policía federal (FBI) de los Estados Unidos hasta el año 1973. “Soy aquel al que llamaban ‘Garganta Profunda’”, fueron sus palabras de confesión al autor del artículo, el abogado John O’Connor.

En aquella entrevista ‘Garganta Profunda’ reveló su interés por detener el abuso de poder y la corrupción en torno a la gestión del presidente Nixon. Sin embargo, también se recuerda que el escándalo salió a la luz tras la muerte del director del FBI, J. Edgar Hoover, en tiempos en los que Felt ostentaba el cargo que finalmente le fue otorgado al fiscal general adjunto Patrick Gray, por el propio Richard Nixon. El watergate, visto en perspectiva, ha sido de algún modo el principio de un nuevo rol del periodismo y la madre de todas las batallas contra la ilegalidad y la corrupción. Sin pretender quedarse en el pasado, sirve a veces, mirar para atrás sirve para saber a dónde queremos ir.

(* ) Licenciado en Ciencias de la Cominicaicón (UBA) y periodista.

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