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"En 10 años se podrá comprar un ticket para viajar al espacio"

Jon McBride ingresó a la NASA en 1978 y fue uno de los primeros pilotos de transbordadores espaciales. En la actualidad es el jefe del programa de astronautas del Kennedy Space Center.

Jon McBride cristalizó en su vida uno de los dichos más populares que escuchó en la NASA: “Siempre hay que pensar en alcanzar las estrellas”. Ingresó a la agencia espacial estadounidense en 1978, luego de volar en 64 misiones de combate para el ejército. Cambió los aviones por los transbordadores y fue piloto en la misión STS-41G que orbitó la Tierra en 1984. Estaba programado que volviera a volar dos años después como comandante de la tripulación del Challenger, pero entonces se cruzó en su camino el fatal accidente que millones vimos por televisión.

Fue en enero de 1986 cuando la nave, solo 73 segundos después de haber despegado de la base aérea de Cabo Cañaveral, explotó en el aire. Murieron sus siete tripulantes, entre ellos Christa McAuliffe, la primera maestra en ser enviada al espacio, lo que dio al hecho una repercusión mundial inusitada.

“Perdí allí a cuatro compañeros de clase. Aún pienso constantemente en mis amigos que murieron, pero la exploración espacial no es fácil y tiene sus riesgos. Hace 200 años, cuando los pioneros exploraron América se perdieron miles de vidas. No es algo que queramos y siempre se trata de minimizar los riesgos, pero sucede”, lamentó en diálogo con Ámbito. A raíz del accidente la NASA canceló el siguiente despegue, el vuelo de McBride.

Poco tiempo después, fue nombrado subdirector de la NASA a cargo de las relaciones con el Congreso en Washington y en la actualidad es el jefe del programa de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex, donde se siente, al menos, un poco más cerca de las estrellas: “Mi trabajo tiene muchas tareas parecidas a los de los astronautas, excepto que no voy al espacio. Pero tengo un gran conocimiento de las naves y estoy al tanto de todo lo que está sucediendo. Además, los simuladores que tenemos en el centro de visitantes son muy muy realistas”.

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Ubicado en Florida, a 90 kilómetros de Orlando, el centro espacial Kennedy permite ver el lugar donde se inició la gesta hacia la luna, visitar las instalaciones de lanzamiento, conocer a los miembros del cuerpo de astronautas o pararse al lado de los gigantescos cohetes de los programas Mercurio, Géminis y Apolo. Si las fechas coinciden, también es posible presenciar un lanzamiento (el centro fue la plataforma de salida de todos los vuelos especiales tripulados de los EEUU desde 1968). “Disfruten con Mickey, pero luego vayan, aprenderán más con los astronautas”, bromeó.

Claro que en su nueva función no está sujeto a las exigencias físicas que demandaba cada salida al exterior: “En un día dábamos 16 vueltas a la Tierra, teníamos 8 horas para dormir y 16 de trabajo, media hora para el desayuno, media para el almuerzo y media para la cena. Cada 45 minutos se alteraban el día y la noche y eso te afectaba bastante el reloj biológico”. Por eso, dos semanas antes de viajar, en el centro de entrenamiento comenzaban a dormir en los mismos horarios que luego lo harían en el espacio.

  • Lo que vendrá

De visita en el país en el marco de un ciclo de actividades desarrollado por el Planetario de Buenos Aires, en conmemoración del 50° aniversario de la llegada del hombre a la luna, el astronauta dejó sus reflexiones sobre el mundo que vendrá.

McBride vaticinó que una misión tripulada arribará a Marte en breve. “Seguramente antes de 2030. Se trata de una decisión política. De hecho, si en este momento se aprobaran los fondos llegaríamos en los próximos 10 años. Ruego estar vivo para presenciar ese momento”, apuntó.

En su opinión, una de las mayores innovaciones estará dada por el desarrollo de los programas de exploración comerciales. “Hay una serie de empresas que están trabajando en paralelo con la NASA, algunas como Space X y Boeing ya diseñaron sus propias naves. Será un gran avance: cualquier persona podrá comprar un ticket para ir al espacio en los próximos 10 o 15 años”, estimó.

A lo largo de su vida conoció y habló con 12 astronautas que pisaron la luna, por eso su gesto se vuelve adusto cuando en conferencia de prensa se le pregunta por los escépticos que dudan de que el hombre haya visitado nuestro satélite: “Siento lastima por ellos… ¿cuántas pruebas más necesitan?”

Los posibles encuentros con alienígenas es otra de las cuestiones sin respuesta. Aunque admite que escuchó y leyó historias sobre pilotos que dicen haber presenciado sucesos inexplicables allá afuera, no puede dar fe. “Nunca vi algo que no haya podido explicar”, concluyó terminante. Por eso cree que “en este Sistema Solar solamente es posible que exista vida como la nuestra en la Tierra, pero no sería muy inteligente descartar que la haya en otros millones de sistemas solares, incluso que vivan seres como nosotros y que también realicen exploraciones espaciales en sus planetas”.

El objetivo de sus charlas es motivar e incentivar a las nuevas generaciones en temas de astronomía y astronáutica, despertar su deseo de realizar viajes espaciales. Pero no es “hacia el infinito y más allá” el mensaje que tiene para dar este Buzz Lightyear de carne y hueso y mejillas rosadas. Su testimonio es el de alguien que integra el grupo especial de las 500 personas que fueron alguna vez al espacio. “Yo tuve la fortuna de ver el mundo desde arriba y vivimos en un planeta con lugares maravillosos. ¿Cómo me sentía? ¡Feliz!”.

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