Ambito Nacional

En educación, son claves los recursos fiscales, pero más la decisión política

Sancionamos leyes con la esperanza de que nuestros niños reciban más y mejor educación. Pero lo cierto es que no podemos siquiera cumplir el calendario escolar legal, con los mínimos 180 días de clases. Además, estamos lejos de llegar a la meta

fijada para la universalización de la jornada escolar extendida, y la graduación secundaria es escasa y muy desigual.

Debemos comenzar por cumplir la Ley de Educación, sancionada en 2006, que estableció la obligatoriedad de la escuela secundaria, mandato que estamos incumpliendo. De hecho, es un llamado de atención la gran desigualdad en la graduación secundaria entre las escuelas estatales y privadas.

De cada 100 niños que ingresaron a primer grado en 2006, se registraron 41 graduados secundarios en 2017. Pero este promedio nacional encubre las grandes diferencias existentes no sólo por tipo de escuela sino también por provincias. Por ejemplo, entre los que asisten a escuelas privadas, esta graduación asciende a 76 en la Ciudad de Buenos Aires, mientras que en las escuelas estatales de Santiago del Estero llega apenas a 21 y en San Juan, a 23. Esta desigualdad educativa consolida la pobreza.

Somos uno de los países con mayor ausentismo tanto de los alumnos como de los docentes. Como no se piensa recuperar los días de clase perdidos, se consolida no sólo el atraso sino también la exclusión social, ya que quienes siempre tienen menos horas de clase son los alumnos en las escuelas estatales.

La situación empeoró en los últimos años, cuando avanzó la costumbre de cerrar miles de escuelas mediante los “feriados puente”, con el único propósito de promover el turismo. Pero esta medida disminuye las escasas horas efectivas de clase de casi 15 millones de alumnos, que asisten a las 65 mil instituciones educativas.

La mayoría de las naciones registra más horas de clase que la Argentina. En América Latina, encontramos a Brasil, Colombia, México, Cuba, Costa Rica, Chile y Colombia con muchos más días y horas efectivas de clase. Desde ya que más horas de clase no

mejoran automáticamente la enseñanza. Pero no tengamos dudas de que menos horas de clase consolidan el atraso educativo y comprometen el futuro laboral de los niños.

En el 2005 se sancionó por ley que el incremento de la inversión en educación, establecido hasta el 2010, sería destinado a “lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tenga acceso a escuelas de jornada extendida o

completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas”. Al año siguiente, la Ley de Educación ratificó esa meta en su artículo 26º, donde dispone: “Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa (JEE/JC) con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley”. Pero la realidad es otra, ya que en 2018 apenas el 14 por ciento de los niños que estudiaban en escuelas primarias estatales gozaba de los beneficios de la JEE/JC. Es verdad que ese porcentaje se eleva al 48,3 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires.

Pero, si se cruza la Avenida General Paz, encontramos en el Conurbano Bonaerense una situación crítica, ya que apenas 6,3 por ciento de los niños tiene este beneficio.

Estamos en presencia de una situación preocupante donde reside el mayor núcleo concentrado de la pobreza y la exclusión social. Por otro lado, Neuquén tiene importantes ingresos por las regalías de hidrocarburos. A pesar de esto, es la provincia con menor cantidad de niños beneficiados por la JEE/JC, ya que apenas 2,5 de cada 100 de las escuelas primarias estatales tienen este beneficio. Es decir que en educación resultan claves no sólo los recursos fiscales sino también la decisión política de los gobernantes.

En el 2020 necesitaremos comenzar por lo más simple: cumplir el calendario escolar y no dejar la escuela sin docentes en las aulas. Las leyes educativas son claras y no dejan lugar a dudas. Es hora de entender que incumplirlas es un pasaporte a la pobreza y la exclusión social. Sin una escuela inclusiva y de calidad para todos, la justicia social no existe.

* Director del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano y miembro de la Academia Nacional de Educación

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