Espectáculos

Entrañable retrato de una madre y su hija

La película aborda temas como la aceptación, el vértigo ante el nido vacío y el temor a la distancia.

Lola Dueñas es la enamorada que ayuda a bien morir al vecino cuadripléjico de “Mar adentro”, la caprichosa mujercita del gobernador de “Zama”, el objeto de deseo de “Lo que sé de Lola”, también la chica linda de “Las razones de mis amigos”, “Las mujeres del sexto piso” y unas cuantas de Almodóvar, en fin. Buena actriz, luminosa, versátil. Aquí sorprende, y cuesta reconocerla, como una mujer de pueblo, sencilla, apagadita, que se honra en ser costurera, se conforma con lo que tiene, y acepta aunque le duela, sin hacer escándalos, la ley de la vida. Y la ley para ella es eso, cumplir bien su trabajo, y dejar que algún día la hija se vaya de casa. Pero viven ahí las dos solas, son compañeras, no puede ser que se vaya. ¿Y acaso está preparada para salir a enfrentarse con el mundo? La hija es un poquito como ella. Y cuando se va por unos meses a tierra extraña, uno teme que en cualquier momento la madre reciba un mensaje de urgencia. ¿Por qué siempre tememos lo peor? La hija está a cargo de Anna Castillo, figurita del medio televisivo que también sorprende. Parece de veras una muchacha de pueblo. Ambas mujeres, sobre todo la madre, recuerdan a la Felicité de aquel hermoso cuento de Flaubert “Un corazón simple”. La directora, la debutante Celia Rico, tiene el don de la observación, la mano suave y precisa, y un cariño especial por sus criaturas. No va a cambiar el mundo por estos personajes, ni por esta película. Pero enternecen limpiamente.

“Viaje al cuarto de una madre” (Esp.-Fr., 2018); Dir.: C. Rico; Int.: L. Dueñas, A. Castillo, N. Hopper, A. Mena.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario