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¿Es el ultraderechista un verdadero hombre de mercado?

• EL ESTABLISHMENT LO APOYA, PERO CON RESERVAS
En el transcurso del último año dio un gran giro en su discurso económico. Pasó de apoyar medidas proteccionistas a mostrarse como un abanderado del libre comercio.

El mercado es cobarde. Quien no entienda esta máxima mejor que se aleje de todo lo financiero. Esta cobardía es lo que lleva al establishment financiero a que impulse a los candidatos más "amigos" para que accedan al poder político. En un sistema transparente cualquier grupo de poder puede hacer lo mismo en tanto y en cuanto lo que se busque sea protección, una voz y no prebendas.

El problema es que allí donde el sistema legal es "algo flojo", esas conexiones personales tienden a utilizarse para concretar acuerdos privados que generan la oportunidad de ganancias extraordinarias para las dos partes, intermediarios y burócratas, al costo de constreñir el desarrollo del mercado en su conjunto.

Así, donde falla la transparencia los principales actores del sistema financiero tienden a favorecer más los regímenes "corruptos" que aquellos inflexibles, conscientes de que "todo se puede arreglar" y que pueden conseguir más negocios. Claro que si el que está ganando o el que gana es otro, no hay problema en cambiar "de monta", aun en medio del río.

Siendo así las cosas, no dejan de sorprender los titulares y los comentarios más recientes sindicando a Jair Bolsonaro (conocido por su inflexibilidad y honradez) como "el candidato del sistema" y a Fernando Haddad (heredero de la -corrupta- administración de Lula") como el antisistema.

En septiembre del año pasado XPInvestimentos realizó una encuesta de mercado sobre los posibles candidatos presidenciales, 42% apostaba por Joao Doria (el mejor amigo del mercado), le seguía Geraldo Alckmin (el Hillary Clinton brasileño) con un 32%, Lula con el 6% cuando todavía no se hablaba de Haddad, Marina Silva y otros, y al final de todos Jair Bolsonaro con el 3%. La expectativa era que una victoria del Capitán sería acompañada por un derrumbe accionario para el 88% de los encuestados y una desvalorización del real para el 89%. Sólo una victoria del "Sapo barbudo" concitaba peores números (96% y 98%).

Esto tenía una explicación, o muchas: declaraciones como "es mi consejo y lo hago: evado todos los impuestos que puedo", "él -Hugo Chávez- es una esperanza para toda América Latina", "Barbaridad es privatizar Vale do Rio Doce, y privatizar las telecomunicaciones y entregar nuestras reservas petrolíferas al capital externo", "soy una amenaza para los oligarcas" y "tengo sólo un conocimiento superficial de la economía", entre tantas otras cosas, explican este temor del establishment financiero.

Por oportunismo -Lula tuvo una estrategia similar al comienzo de su gestión- o un verdadero convencimiento, en noviembre de 2017 Bolsonaro comenzó a virar su posición económica consultando primero a liberales como Adolfo Sachsida, del IPEA, e incorporando a Paulo Guedes como su candidato para ministro de Finanzas (ha prometido mantener la misma gente al frente del Banco Central).

Para el mes de abril de este año, el cambio no había tenido aún ningún efecto visible sobre los actores del mercado. Así, cuando las encuestas lo daban como el segundo favorito para el balotaje, Bloomberg no conseguía que ninguno de los referentes del sistema financiero brasileño diera su opinión sobre el candidato, con apenas un "off the record" hablando de su condición de impredecible y que era una causa de preocupación.

A principios de junio, una nueva encuesta de XP Investimentos encontraba que el 48% de los inversores institucionales veían a Jair Bolsonaro como próximo presidente, los que esperaban un derrumbe bursátil caían al 31% y los que hablaban de la depreciación del real al 45%.

Este cambio, que era por entonces sólo un murmullo, recibió un espaldarazo cuando a fin de mes Robson Andrade, jefe de la Confederación Nacional de Industriales, fue el primer referente económico en mostrase pro Bolsonaro harto por el paro de once días de los camioneros.

Si bien el "establishment" financiero internacional le sigue siendo hostil (hasta mediados de septiembre, el Financial Times vinculaba su avance en las encuestas con las caídas del Bovespa y el real y The Economist lo puso en tapa rezando "Bolsonaro Presidente", "la más reciente amenaza latinoamericana"), el brasileño ha redoblado últimamente su retórica pro mercado con frases como: el rol del Gobierno es "preservar la vida, la propiedad y luchar contra el crimen" o "mercados libres y menos impuestos, esa es mi consigna en economía", lo que viene granjeándole cada vez más apoyos de distintos actores del sistema.

Cambio

Más allá de anécdotas, operaciones y dichos, la voz del mercado es una sola y se refleja en los precios de los activos financieros. ¿Qué nos dicen éstos sobre el apoyo o no apoyo al exmilitar? Desde fin de junio las mejoras en las encuestas -promedio diario- de Bolsonaro frente a Haddad tendieron a ser acompañadas por una caída del precio del real frente al dólar (correl. -18%), una caída de las acciones (índice MSCI, correl. -19%) y una suba de la tasa de riesgo-país (correl. 22%). Para suavizar cualquier distorsión aleatoria y dado que se trata de un ejercicio sin validez estadística, tomamos el promedio de encuestas de cinco fechas previas, encontrando que el sentido de la relación es el mismo (correl. -28%, -27% y 8%).

Lo que vemos por ahora es un político que se viró hacia "donde viene el viento" y luego -a medida que crecían sus chances electorales- un establishment local que dio un giro de 180 grados, un establishment internacional que se muestra básicamente opositor pero con actores que están comenzando a posicionarse para capturar negocios y por encima de todo, un mercado que actúa como si tal vez preferiría que el ganador fuera cualquier otro. Después de todo, y a pesar de la rampante corrupción, en el sistema financiero pocos olvidan que con Lula presidente, el mercado accionario ganó 857% en dólares, el real se afirmó 53% frente al billete y el riesgo-país retrocedió de 1711 a 178 puntos. Es cierto que los tiempos cambian, pero para los cobardes siempre es mejor que "ese alguien en el Gobierno", sea alguien con el que se pueda "arreglar".

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