Berlinale: un mercado donde el streaming impone su ritmo

Espectáculos

La rivalidad entre las plataformas y las salas de cine se ha suavizado a punto tal que una misma distribuidora compra los derechos para el abono a plataforma y los de salas de cine a la vez.

Berlín - La Berlinale no es sólo el primero de los grandes festivales internacionales del año sino también la sede de un mercado importante, el European Film Market. Compite con perfil propio con el de Cannes y el American Film Market, en noviembre. El EFM resulta una plataforma excelente para observar el efecto de la revolución digital en la producción, distribución y exhibición de cine, un negocio que desde hace unos años incluye miniseries y “limited series”, programas entre cuatro y diez capítulos, y cuyo éxito puede generar temporadas subsiguientes. Un ejemplo es Babylon Berlin, un policial ambientada en los años veinte (desafortunadamente no distribuida en la Argentina), que rinde homenaje al cine de la República de Weimar, ahora en su tercera temporada.

De un año a otro se producen cambios no sólo en el funcionamiento de las plataformas digitales sino también en los hábitos y tendencias de los consumidores. Los modelos de consumo propuestos por YouTube, Vimeo, Twitch, Netflix, Hulu, Amazon Prime Video se siguen ajustando con respecto al año pasado. Una visita al EFM, que funciona en el Martin Gropius Bau, a un par de cuadras del centro del festival, reitera las ya conocidas siglas VOD (video on demand, a través de plataformas digitales); SVOD (subscription on demand, pago mensual de una servicio como Netflix, HBO, Hulu y su flamante competencia Apple TV+ y Disney+); OTT (over the top, distribución directa al público, prescindiendo de intermediarios como las salas de cine o el cable); AVOD (advertising-based video on demand, el consumidor no paga el servicio, que se costea con publicidad) y TVOD (transactional video on demand,el pago por programas individuales). El TVOD, el pago por el streaming de películas o programas específicos, sin servicio de suscripción, es una novísima modalidad, implementada entre otros por Amazon, que ofrece una suscripción (Prime) pero también la posibilidad de alquilar (stream) o comprar copias digitales (download).

El denominador común de estas plataformas es que además de proveer la tecnología ahora también producen contenido original o compran títulos en exclusividad para su catálogo -”The Wonderful Mrs. Maisel” en Amazon Prime, en el primer caso; “Roma” y “El irlandés”, en el segundo.

Este año, la rivalidad entre las plataformas y las salas de cine se ha suavizado a punto tal que -como ocurrió en los años cincuenta con la llegada de la television- una misma distribuidora, por ejemplo la británica Movi y la norteamericana Neon- compra los derechos para SVOD y los de salas de cine. Otro tema es la compra de derechos globales vs. regionales. La tendencia es que los grandes conglomerados adquieren todos los territorios, ya que están en expansión. El caso del largometraje animado “Pachamama” y la miniserie documental sobre Nismam es ilustrativo: Netflix compró los derechos globales cuando hace unos años adquiría material para territorios específicos.

Los pesos pesados del nuevo ecosistema digital siguen siendo Netflix y Amazon, que vinieron a Berlin con billeteras generosas, buscando éxitos para 2020. Los distribuidores independientes de Europa, Asia y América Latina no pueden competir con estos caballos de comisario, aunque el EFM atrae a productores independientes, con films y series ya terminados, o que buscan pre-ventas para completarlos. La gran ausente en esta edición del EFM fue China, no sólo por el problema del coronavirus sino también por los mecanismos de control económico e ideológico (ver recuadro).

En la competencia se han visto trabajos interesantes, como “Favolacce/Bad Tales” de los jóvenes hermanos Damiano y Fabio D’Innocenzo, que no salen de escuela de cine, sino de absorber cine clásico y contemporáneo, con cierto orden, según comentaron en la conferencia de prensa. Arman con gran soltura una historia de familias en crisis en un suburbio romano que refleja no sólo la crispación socioeconómica y política que vive Italia sino también la astucia narrativa con que se ensamblan la lógica y punto de vista del relato. “Bad Tales” ofrece como “Parasite” la radiografía de un entorno social, pero el drama no radica en la lucha de clases sino en masculinidades irredimiblemente tóxicas.

“Berlin Alexanderplatz”, dirigida por el realizador afgano-alemán Burhan Qurbani, reposiciona con gran imaginación dramática y moral la novela expresionista de Alfred Döblin, publicada en 1929, sobre marginales y su posibilidad/imposibilidad de redención en este barrio de Berlin. Con una duración de tres horas, es un fresco absorbente de un Berlín multicultural y de bajos fondos, anclado en las poderosas interpretaciones de Welket Bungué, un africano sin papeles detrás del sueño alemán, y Albrecht Schuch y Jella Haase, como mitades irreconciliables de su personalidad.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario