Cal y arena para "Akelarre", del argentino Pablo Agüero

Espectáculos

Opuestas reacciones ha despertado en San Sebastián la coproducción vasco-franco-argentina “Akelarre”, del mendocino Pablo Agüero, fantasía feminista inspirada en una auténtica caza de brujas que ocurrió en 1609 en el País Vasco francés. La obra inauguró el sábado la Competencia Oficial con la presencia del autor, que vive en Europa, y parte del elenco, encabezado por Alex Brandemühl y Amaia Aberastegui. Los medios coincidieron en elogiar ampliamente a los protagonistas y la fotografía del maestro Javier Aguirre, a quienes ya pusieron en la lista de posibles ganadores. “Mención especial en el reparto para el veterano actor argentino Daniel Fanego, que interpreta de manera majestuosa al consejero particular del juez Rostegui”, dice Miguel Pina, de “Cinemagavia”. También observan cierta demora en el comienzo del drama. Pero casi todos elogian la segunda parte, muy intensa. “La película va de un menos a más formidable, con una primera mitad redundante y machacona, hasta que coge las riendas de la historia un humor malicioso”, escribió Oti Rodríguez Mercante, crítico de “ABC”. Y Dani Jiménez, de Historia del cine, “Te conquista principalmente por su gran ambientación y por su capacidad de envolverte a través de su inquietante historia”. También, por tratarse de “la lucha de un grupo de mujeres fuertes y valientes contra la ignorancia del hombre”.

En la valoración influye no solo el género sino el estómago: “Tuve que mirar al suelo durante casi toda la escena de la tortura”, reconoció una cronista en una rueda de prensa poco concurrida. “Los interrogatorios se digieren de forma pausada y sin sobresaltos”, replica Polo Altziber en “El palomitón”, que, como otros, pide mayor contextualización y lamenta “unos segundos finales que rozan lo anticlimático”. Con un elogio a medias, Luis Martínez, de “El Mundo”, sintetizó: “Sorprende la tensión preciosista de cada encuadre, entusiasma el tenebrismo grave y profundo, y desalienta el ritual pedestre de un verismo interpretativo tan pomposo y afectado”. Curiosamente, los demás comentaristas no hablan de verismo sino de un juego de caricaturas, donde la joven acusada intenta seducir al juez obcecado. Y aunque reconoce que “al principio siento escaso interés´por estas jóvenes tan vitalistas y cantarinas y sus torvos cazadores”, es el veterano Carlos Boyero, de “El País”, quien mejor lleva la reflexión hasta el presente: “Qué grima me da esa profesión tan infame de los cazadores de brujas y las cazadoras de brujos. Ahora está desterrado lo de quemar en la pira. Existen formas más refinadas para destruir la existencia de los pecadores” (alusión al perseguido Woody Allen, que el día anterior inauguró el Festival vía online con una comedia filmada precisamente en San Sebastián).

Renglón aparte, el bonachón resumen que otro veterano, el crítico bilbaíno Félix Linares transmitió por la cadena Eitb.eus, que abarca el País Vasco, La Rioja y Navarra: “A partir de cierto momento la acción se traslada al lugar de las torturas y ya la cosa empieza a resultar un poco más chirriante. Y después, cuando una de las chicas decide autoinculparse de todo, pues, la cosa empieza a tomar tintes que ya no controlo tanto, porque primero ella trata de convencer al inquisidor, después trata de seducirle, el inquisidor se vuelve loco y todos empiezan cantando como si fuese un musical o incluso diríamos un videoclip. Esa última parte me ha desconcertado bastante”.

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